«Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros» (Col 3:5)

Tras casi un año sin publicar nada, ofrecemos a nuestros lectores un pequeño fragmento de una obra de John Owen, sobre la mortificación del pecado. Esperamos que les sea de edificación.

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¿Mortificas? ¿Haces de ello tu tarea diaria? No dejes pasar ni un día sin hacer esta tarea; está siempre matando el pecado, o este te estará matando a ti. Debemos golpearlo como a un enemigo, hasta que deje de vivir. El pecado se esfuerza por engendrar las obras de la carne. Cuando el pecado nos deje en paz a nosotros, podremos nosotros dejarle en paz a él. El pecado es activo cuando parece estar más tranquilo, y sus aguas a menudo son profundas cuando están calmadas. El pecado siempre está actuando, concibiendo, seduciendo y tentando. No hay un solo día en que el pecado no venza o sea vencido. No hay seguridad excepto en una constante guerra contra la desconcertante rebelión del pecado. El pecado no solo trabajará, actuará, se rebelará, turbará e intranquilizará si no es continuamente mortificado; también engendrará pecados grandes, malditos, escandalosos y destruidores del alma (cf. Gá. 5:19-20). Cuando el pecado aparece para tentar, siempre procura expresarse en extremo. Cada pensamiento inmundo sería adulterio si pudiera; cada deseo codicioso sería opresión; y cada pensamiento de incredulidad sería ateísmo. Es como el sepulcro, que nunca está satisfecho. El avance del pecado ciega el alma para que no vea su alejamiento de Dios. El alma se hace indiferente al pecado mientras este sigue creciendo. El crecimiento del pecado no tiene más límites que la absoluta negación de Dios y oposición a Él. El pecado va aumentando gradualmente; endurece el corazón conforme avanza. La mortificación seca la raíz y golpea la cabeza del pecado a cada momento. Los mejores santos del mundo están en peligro de caer si son negligentes en este importante deber. La negligencia de este deber deteriora al hombre interior en lugar de renovarlo. Es nuestro deber «perfeccionar la santidad en el temor de Dios» (2 Co. 7:1), y cada día crecer en la gracia (cf. 1 P. 2:2), y procurar ser renovados en la naturaleza interior día a día (cf. 2 Co. 4:16).

John Owen

Sobre la vida cristiana (II)

Ofrecemos ahora la continuación del tema que iniciábamos la semana pasada, es decir, la vida cristiana tal y como la entendió Juan Calvino en su Institución. Simplemente, hemos tratado de sintetizar sus ideas del modo más adecuado posible, de forma que la lectura resulte más ligera. En este caso, exponemos el capítulo VIII del libro III. En la próxima ocasión, Dios mediante, publicaremos el resumen del capítulo IX, con el cual esta materia quedará concluida. Pero, de momento, esperamos que las reflexiones que aquí se proponen resulten, al menos, igual de provechosas que lo han sido para nosotros.

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Capítulo VIII

Sufrir pacientemente la cruz es una parte de la negación de nosotros mismos

Todos los creyentes hemos sido llamados a una dura vida de pruebas y sufrimientos, al igual que Cristo, nuestra Cabeza, quien, aunque era su Hijo amado, Dios lo sometió a toda suerte de dificultades, para que aprendiera obediencia y se convirtiese en nuestro dechado. Seguir leyendo Sobre la vida cristiana (II)

Sobre la vida cristiana

Una semana más, proponemos una lectura que nos parece de interés para la edificación de la común fe que Dios nos ha dado. Seguimos acercándonos, en concreto, al pensamiento de Calvino. Pero, en esta ocasión, hemos optado por ofrecer un pequeño resumen de los capítulos VI y VII del libro III de la Institución de la religión cristiana. La idea es proseguir con los capítulos siguientes, que continúan tratando este tema tan práctico y vital. Confiamos en que nuestro buen y sabio Dios usará estas reflexiones para la edificación de su Iglesia.

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Capítulo VI

Sobre la vida del cristiano. Argumentos de la Escritura que nos exhortan a ella

Dios nos ha salvado para que le sirvamos y vivamos de acuerdo a su Ley, confirmando así que realmente somos sus hijos. Pero, puesto que nuestra carne es tan débil, tenemos necesidad de muchos estímulos que nos impulsen a la obediencia; así pues, nos será muy útil considerar diversos pasajes de la Escritura que nos ayuden en este sentido. Seguir leyendo Sobre la vida cristiana

Calvino sobre la piedad (IV)

Publicamos ahora la parte final del capítulo que Beeke dedica a la piedad en Calvino. De manera muy resumida, el autor analiza diferentes aspectos de la vida cristiana como los entiende Calvino, a la luz de la enseñanza de la Escritura. Una vez más, esperamos que sea del interés y para la edificación de nuestros lectores; y siempre para la gloria de Dios.

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Dimensiones prácticas

            Aunque Calvino veía la Iglesia como el vivero de la piedad, también enfatizaba la necesidad de la piedad personal. El cristiano se esfuerza por la piedad porque ama la justicia, anhela vivir para la gloria de Dios, y se deleita en obedecer la regla de la justicia de Dios expuesta en la Escritura. Dios mismo es el centro de la vida cristiana –una vida que es, por tanto, llevada a cabo con abnegación, particularmente expresada en llevar la cruz, al igual que Cristo. Seguir leyendo Calvino sobre la piedad (IV)

Calvino sobre la piedad (III)

Continuamos con el capítulo que Joel Beeke dedica a la piedad en Calvino. En esta ocasión, el texto es más breve de lo habitual, pero creemos que puede ser de gran interés a nuestros lectores. El autor pasa ahora a tratar el canto de los Salmos en Calvino, quien les dedicó una enorme atención a lo largo de su vida, debido a la gran utilidad que en ellos percibió como medio de alabanza colectivo e instrumento para promover la piedad y la comunión con Dios.

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La piedad en el Salterio

         Calvino ve los Salmos como el manual canónico de la piedad. En el prefacio a su comentario de cinco volúmenes a los Salmos –su mayor exposición de un libro de la Biblia– escribe Calvino: «No hay otro libro en que se nos enseñe más perfectamente el modo adecuado de alabar a Dios, o en que se nos induzca más poderosamente a la realización de este ejercicio de la piedad». El interés de Calvino por el salterio estaba motivado por su creencia de que los Salmos enseñan e inspiran genuina piedad, de la siguiente manera: Seguir leyendo Calvino sobre la piedad (III)

Calvino sobre la piedad (II)

Publicamos ahora la continuación del capítulo 1 del libro de Joel Beeke  (Espiritualidad puritana reformada), que ofrecíamos la semana pasada a nuestros lectores. En esta ocasión, el autor trata la visión calviniana de otros tres aspectos de la piedad: la Iglesia, la Palabra y los sacramentos. A nuestro juicio, las reflexiones que el autor comparte sobre el pensamiento de Calvino son, una vez más, de sumo interés. Confiamos en que nuestro buen Dios las use para la edificación en la fe o conversión de nuestros lectores.

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Dimensiones eclesiológicas

La piedad a través de la Iglesia

            La piedad de Calvino no es independiente de la Escritura ni de la Iglesia. Antes bien, está arraigada en la Palabra y se nutre en la Iglesia. Si bien rompe con el clericalismo y absolutismo de Roma, Calvino tiene un alto concepto de la Iglesia. «Si no preferimos la Iglesia a cualquier otro objeto de nuestro interés, somos indignos de ser contados entre sus miembros» –escribe. Seguir leyendo Calvino sobre la piedad (II)

Calvino sobre la piedad

Una semana más, publicamos un nuevo artículo que nos parece de gran interés. En realidad, se trata de un nuevo extracto del libro de Joel Beeke Espiritualidad Reformada Puritana, concretamente la primera parte del capítulo primero, en el cual el autor trata el concepto de “piedad” como es entendido por Calvino. Puesto que, a nuestro juicio, el tema puede ser de mucha edificación a nuestros lectores, es nuestro propósito continuar publicando el resto del capítulo en sucesivas entradas.

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La Institución de Juan Calvino le ha hecho ganar el título de «sistemático principal de la Reforma protestante». Pero su reputación de intelectual a menudo se ha visto al margen del contexto espiritual y pastoral en que escribió su teología; cuando, en realidad, para Calvino, comprensión teológica y piedad práctica, verdad y utilidad, son inseparables. La teología, en primer lugar, trata del conocimiento –conocimiento de Dios y de nosotros mismos–, pero no hay verdadero conocimiento donde no hay verdadera piedad. Seguir leyendo Calvino sobre la piedad

El uso didáctico de la ley (II)

Publicamos, ahora, las conclusiones de Joel Beeke respecto al uso didáctico de la ley, sobre el que versaba la anterior publicación. En ellas, de manera bastante clara y sucinta, se exponen las razones que justifican este tercer uso de la ley de Dios, entendida como la luz que alumbra el camino que debe seguir el creyente.

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Carácter bíblico del tercer uso de la ley

            Pueden sacarse ahora varias conclusiones importantes acerca del tercer uso de la ley del cristiano. En primer lugar, el tercer uso de la ley es bíblico. Las escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento abundan en exposiciones de la ley dirigidas principalmente a creyentes para asistirlos en la permanente búsqueda de la santificación. Los Salmos afirman reiteradamente que el creyente se deleita en la ley de Dios tanto en el hombre interior como en su vida exterior. Una de las mayores preocupaciones del salmista es descubrir la voluntad buena y perfecta de Dios y, entonces, correr por el camino de sus mandamientos. El Sermón del Monte y las porciones éticas de las epístolas de Pablo son grandiosos ejemplos del Nuevo Testamento de la ley usada como regla de vida. Las direcciones contenidas en estas porciones de la Escritura están destinadas, principalmente, a aquellos ya redimidos, y su objetivo es llevarlos a reflejar una teología de la gracia mediante una ética de la gratitud. En esta ética de la gratitud, el creyente vive y sigue las pisadas de su Salvador, quien fue el Siervo del Señor y Cumplidor de la ley, obedeciendo cada día todos los mandamientos de su Padre durante su estancia en la tierra. Seguir leyendo El uso didáctico de la ley (II)

El uso didáctico de la ley

Publicamos un nuevo artículo en nuestra página web. En esta ocasión, se trata de un extracto del capítulo 5 de Espiritualidad Reformada Puritana, de Joel Beeke. En el mismo, se analiza lo que ha venido en denominarse “tercer uso de la ley”, tal y como lo entendieron algunos de los reformadores principales del siglo XVI y los puritanos británicos del siglo XVII. Esperamos que sea de interés a nuestros lectores.

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            El uso tercero o didáctico de la ley dirige la vida diaria del cristiano. En palabras del Catecismo de Heidelberg, la ley instruye al creyente sobre cómo expresar gratitud a Dios por la liberación de todo su pecado y miseria (cf. pregunta 2). El tercer uso de la ley es una cuestión que ocupa un rico capítulo de la historia de la doctrina reformada. Seguir leyendo El uso didáctico de la ley

Justitia Dei

Una semana más, ofrecemos a nuestros lectores un breve artículo, en el que se reflexiona acerca de la angustiosa experiencia que Lutero hubo de sufrir antes de descubrir la liberadora doctrina protestante de la justificación por la fe.

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             «Yo era un monje piadoso y seguía las reglas de mi orden más estrictamente de lo que las palabras puedan expresar. Si alguna vez un monje hubiese podido conseguir el cielo por sus observancias monásticas, yo habría sido ese monje. De la veracidad de lo que digo pueden testificar todos los frailes que me han conocido. Si hubiese continuado por más tiempo los ayunos, las oraciones, los estudios y las penitencias, mis mortificaciones me habrían llevado a la muerte». Así escribía Lutero al duque de Sajonia. Estas palabras del gran reformador resumen la angustia de su alma en los años de búsqueda religiosa, cuando un terrible sentimiento de la santidad de Dios hacía vibrar las cuerdas más íntimas de su espíritu y dejaba tras sí, como amargo resabio, una profunda convicción de pecado. Seguir leyendo Justitia Dei