Todas las entradas por Javier

Orígenes de la Existencia / ¿Creación o Evolución?: La Existencia de Dios

En esta serie de exposiciones del pastor dominicano Sugel Michelen se aborda el tema acerca de los orígenes de todas las cosas. La Biblia afirma claramente desde su inicio que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Muchos tienen problemas “intelectuales” para aceptar esto, sin embargo, como veremos, aparte de la fe, es racional y sensato concluir que Dios existe y que Él intervino directamente en la creación de todo cuanto hay en el universo visible e invisible. Además decidió revelarse a sí mismo por medio de Su Palabra escrita, la Biblia. Existen pruebas al alcance de todos los hombres lo suficientemente contundentes para llegar a aceptar estas verdades trascendentes como correctas.

Teorías supuestamente “científicas” como la de la evolución intentan explicar que todo, incluyendo el hombre, ha sido producto de la casualidad y ha evolucionado de la nada siguiendo un largo proceso de millones de años. Partiendo de elementos básicos, dicen los precursores de esta teoría, todo fue progresando hasta llegar a las formas más complejas y especializadas de vida que hoy podemos observar en nuestro entorno.

Frente a esta manera de explicar el universo y todas sus formas de vida, se levanta la afirmación creacionista sustentada en la Biblia que propone a Dios como su Creador y Sustentador directo y único.

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Las últimas cosas según la Biblia: resumen de la escatología reformada

He aquí una entrada que llevo algún tiempo preparando, aunque haya tocado alguna vez el tema, después de mucho estudiar y revisar cosas. Esto es la síntesis de la posición escatológica bíblica y reformada. Solo es un resumen, si alguien quiere ampliar información recomiendo los libros “La Biblia y la vida futura” y “Más que vencedores” del Dr. William Hendriksen y “La Iglesia y las últimas cosas” del Dr. Martyn Lloyd Jones.

Uno de los propósitos de la entrada es hacer ver los errores de la posición dispensacionalista y pre-milenaria. Muchos de ellos son grandes cristianos y, como es obvio, se les tiene el mismo amor que a otros hermanos. Incluso los hay muy serios en otros temas y unos grandes expositores bíblicos (el Dr. John MacArthur es un buen ejemplo). Si usted, hermano en la fe, es dispensacionalista en alguna de sus corrientes, no se sienta mal por eso, ni levante sus defensas de manera que no pueda recibir lo que aquí voy a exponer. Puede ser que usted lleve muchos años creyendo este método de interpretación y hasta enseñándolo a otros y no cree posible que ahora después de tanto tiempo, se le diga que tal interpretación es un error. Solamente esto es una invitación, sin intención de sentar cátedra, a que escudriñe y considere lo que voy a presentar y deje que sea el mismo Espíritu Santo quien le guíe a entender lo que la Palabra claramente enseña.

El dispensacionalismo prácticamente se ha convertido en la forma más popular de interpretación de la Biblia, pero es algo relativamente nuevo entre los cristianos, salvo excepciones. La creencia en que la Biblia habla de distintas fases y métodos empleados por Dios para la salvación y en una serie de acontecimientos como el Rapto de la Iglesia, dos “Segundas Venidas” de Cristo (una “por sus santos”, el rapto, y otra “con sus santos”), el establecimiento de un reino terrenal con una duración de mil años literales y gobernado desde Jerusalén, tras la restauración del culto del Antiguo Testamento por parte de los judíos en el Templo reconstruido, la división del Pueblo de Dios entre “Israel” y “la Iglesia”, así como el Juicio Final tras estos mil años de gobierno de Jesucristo sobre la tierra, es algo que viene desde aproximadamente principios del siglo XIX.

Curiosamente, el dispensacionalismo como sistema tiene su origen en el libro “La venida del Mesías en gloria y majestad” (1790) escrito por el jesuita chileno Manuel Lacunza. Es decir, lo curioso es que surgiera como idea de un teólogo católico romano pero lo popularizaran protestantes. Concretamente, en los años 1827-1832, fue formulado por el predicador irlandés John Nelson Darby y popularizado por la “Biblia Anotada de Scofield” (1909) y por numerosas conferencias Bíblicas, y es enseñado en la mayoría de los Colegios Bíblicos en los EEUU.

Sin embargo, ninguno de los grandes teólogos reformados ha sido dispensacionalista y vamos a ver enseguida cuál es la posición y doctrina sobre los últimos días y la Segunda Venida de Cristo (la “Parusia”).

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Breves consideraciones sobre el encuentro ecuménico de Lund

En esta semana está siendo noticia en diversos medios de comunicación el encuentro ecuménico del pasado día 31 de octubre, celebrado en Lund (Suecia), entre el Papa Francisco I y los líderes luteranos suecos, encuentro que ha dado para el llamativo titular “Católicos y luteranos ya caminan hacia la comunión plena”. La ciudad sueca acogió dos actos, uno con un carácter litúrgico en la Catedral Luterana de Lund, siguiendo al pie de la letra el documento de “Oración común: Del conflicto a la comunión” aprobado por católicos y luteranos; y otro acto multitudinario en el Malmo Arena, con música, testimonios y un alegre ambiente de cordialidad entre los líderes religiosos, que fueron recibidos con aplausos y admiración por parte de los asistentes.

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El encuentro ha generado no sólo controversia dentro del mundo evangélico (con un manifiesto impulsado por algunas iglesias en el que, frente a este encuentro, se reivindica la vigencia de la Reforma), sino incluso el escándalo dentro del catolicismo que podría denominarse “conservador” u “ortodoxo”, anunciando poco menos que la necesidad de declarar el sedevacantismo.

Hay que decir que esta denominación luterana sueca es de teología (por llamarla de alguna forma) totalmente “liberal” (entiéndase esto, precisamente, en ese sentido, el teológico) y en estado de descomposición total, sin apenas fieles (en Suecia poco más del 2% de los luteranos acuden al culto del domingo), y casi sin ninguna relevancia en su sociedad. Se les puede calificar de cualquier cosa menos de seguidores de la Reforma. Pero eso no es de gran relevancia para los intereses que persigue el Papa. Quienes dentro de la Iglesia Católica Romana se escandalizan o rasgan las vestiduras con la actitud y los movimientos de Francisco I con estos luteranos suecos, sencillamente, no entienden nada de lo que está ocurriendo.

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Relación de Calvino con la muerte de Servet

Por Emilio Monjo Bellido

Protestante Digital

No importa cuántas veces se reconozca que Miguel Servet no debió nunca ser juzgado y condenado a morir en la hoguera, ni cuántas, con todo dolor, afirmemos que Calvino debió actuar de otro modo. Se exige como “obligación ética”, aunque en contra de los hechos, que despreciemos a Calvino como un dictador intransigente. Pues no.

Los hechos previos muestran que Calvino no tenía dictadura alguna sobre Ginebra. Es tal su situación de debilidad ante la acción del Consejo de la ciudad [el Pequeño Consejo, responsable del juicio y condena de Servet], que incluso su amigo Farel se prestaba ya a acudir en su ayuda, y las cartas que escribe Calvino en esos momentos, reflejan su percepción de la situación como insostenible, con la consiguiente preocupación de otros reformadores.

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En esa fecha, verano de 1553, le llegan a Calvino noticias de acontecimientos que le agobian en extremo. Sus pastores enviados a Francia, están para ser quemados en Lyon. Los extravíos de algunos visionarios dentro del campo de la Reforma le producen graves quebraderos de cabeza. Se le ha informado de que, especialmente en Italia, las ideas antitrinitarias de Servet están afectando a las iglesias.

Ya hacía 7 años en que escribió con gran enfado por las injurias e insolencias vertidas por Servet contra quien más amaba, por quien estaba dispuesto a dar su vida, a quien solo quería servir y honrar (= Cristo el Redentor), que si éste venía por Ginebra, no escaparía con vida. (Como es fácil dejarlo solo en esta ocasión, yo me quedo a su lado.)
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El “mito Servet”

Recuperamos dos artículos del pastor Emilio Monjo Bellido, publicados en la web Protestante Digital, sobre este polémico tema de la relación entre Juan Calvino y la ejecución de Miguel de Servet en la hoguera, llevada a efecto en Ginebra (Suiza) el 27 de octubre de 1553, y que esperamos arrojen un poco de luz sobre el asunto. Este es el primero de ellos.

Que la muerte de Servet fue algo trágico es una consideración unánime. Todos los hombres cometemos errores y arrastramos miserias. Solo hay un ser intachable y contra el que no hay ningún argumento posible: el Salvador de los pecadores, Jesucristo. Todos los demás demuestran defectos que impiden que idolatremos a ningún hombre.

Sin embargo, cuando se enjuician actualmente los detalles del caso de Servet, siempre se eluden consideraciones como que se le celebró un juicio que duró más de dos meses y además fue sentenciado por la sesión entera del Consejo civil de la ciudad de Ginebra, y esto de acuerdo a las leyes que eran entonces reconocidas a través de la cristiandad. Lejos de instar que la sentencia fuese más severa, Calvino instó a que no se le diera muerte por fuego sino por espada, pero su petición fue denegada.

Servet fue acusado y condenado mayoritariamente por un Consejo controlado por el partido de los “libertinos”, enemigos directos de Calvino, pero, aún así, incluso aceptando que hubiera podido influir su enemistad con el reformador francés, los hechos de esa época son difícilmente juzgables estricta y únicamente por las normas del siglo XXI, y no por las del siglo XVI. Desde entonces hasta el día de hoy hemos visto grandes desarrollos en muchas áreas: más tolerancia civil y religiosa, reformas penales, la abolición no sólo de la esclavitud sino del tráfico de esclavos, del feudalismo, de la quema de brujas, etc. que son los resultados genuinos de las enseñanzas cristianas. El error de aquellos que respaldaron y practicaron lo que hoy hubiera de considerarse intolerancia fue el error general de la época, no los de un hombre en concreto. Si queremos juzgar con imparcialidad, no debemos permitir que esos errores nos den una impresión mala del carácter y de los motivos de aquellos hombres, y mucho menos que nos creen prejuicios en contra de sus doctrinas sobre otros y más importantes temas.

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Jesucristo, o es Hijo de Dios o en vano es creer en Él

Fragmento de la obra Mero Cristianismo, escrita por C.S. Lewis en 1952:

“Entonces viene lo verdaderamente asombroso. Entre estos judíos de repente se presenta un hombre que dice que es Dios, que puede perdonar los pecados. Dice que siempre ha existido. Que vendrá a juzgar al mundo al final de los tiempos. Entendamos esto con toda claridad. Entre los panteístas, al igual que entre los hindúes, cualquiera puede decir que es parte de Dios: no está diciendo nada raro. Pero este hombre, siendo como era judío, no podía referirse a esa clase de Dios. En su lenguaje, Dios quiere decir un ser aparte del mundo que El hizo, un ser infinitamente diferente de cualquiera otra cosa. Y cuando se logra captar tal cosa, se verá que lo que este hombre decía era sencillamente lo más asombroso que nunca antes hubieran pronunciado labios humanos.

Una parte de esta afirmación tiende a escaparse de nuestra atención porque la hemos oído con tanta frecuencia que ya casi no le vernos su importancia. Me refiero al perdón de los pecados; de cualesquiera pecados. A menos que quien esté hablando sea Dios, esta afirmación es absurda, tan desproporcionada que da risa. Podemos entender que un hombre perdone ofensas que se le hayan hecho. Me das un pisotón y te perdono; me robas el dinero y te perdono. ¿Pero qué diríamos de un hombre a quien nada de esto le haya pasado y que anuncia que perdona el que otro hombre haya sido pisoteado y haya sido robado? Fatuidad asnal es el término menos duro que usaríamos para describir su manera de proceder. Sin embargo esto fue lo que Jesús hizo. Les dijo a la gente que sus pecados eran perdonados, y nunca esperaba que se consultara a los que indudablemente habían sido perjudicados por tales pecados. Sin vacilar se comportaba como si El fuera la parte más afectada, la persona ofendida con todas las ofensas. Esto tiene sentido si El realmente era el Dios cuyas leyes son quebrantadas y cuyo amor es herido por cada pecado. En labios de cualquiera que no sea Dios estas palabras sólo podríamos considerarlas como una necedad y una fantasía sin paralelo en la historia de la humanidad.

Sin embargo (y esto es lo extraño y significativo) aun sus enemigos, cuando leen los Evangelios, por lo general no sacan la impresión de que Jesús fuera un necio y un fatuo. Mucho menos los lectores libres de prejuicios. Cristo dice que El es “manso y humilde” y nosotros le creemos, y no notamos que, si El fuera un simple hombre, la mansedumbre y la humildad son las características que menos atribuiríamos a algunos de sus dichos.

Estamos tratando aquí de evitar que alguien diga la mayor de las tonterías que a menudo se han dicho en cuanto a El: “Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro de moral, pero no acepto su afirmación de que era Dios”. Esto es algo que no deberíamos decir. El hombre que sin ser más que hombre haya dicho la clase de cosas que Jesús dijo, no es un gran moralista. Bien es un lunático que está al mismo nivel del que dice que es un huevo escalfado o el diablo del infierno. Puedes hacer tu elección. O bien este hombre era, y es el Hijo de Dios; o era un loco o algo peor. Escarnécele como a un insensato, escúpelo y mátalo como a un demonio; o cae a sus pies y proclámalo como Señor y Dios. Pero no asumamos la actitud condescendiente de decir que fue un gran maestro de la humanidad. El no nos proporciona campo para tal actitud. No fue eso lo que El intentó.”

“La predestinación”, de Loraine Boettner

Loraine Boettner nació en Linden, en el estado de Missouri (EE.UU.), hijo de padres creyentes. Conoció al Señor de una manera gradual, sin poder señalar el día exacto de su conversión, pero con una profunda experiencia de ella. Estudió agricultura en la Universidad de Missouri y teología en el Seminario Teológico de Princeton, donde se graduó en 1925. Allí tuvo como profesores a John Gresham Machen, Cornelius Van Til y al nieto de Charles Hodge, Caspar. W. Hodge, que fue el profesor que mayor influencia ejerció sobre él.

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Fue profesor en el Colegio Presbiteriano Pikeville de Kentucky desde 1929, hasta que, ocho años después, en 1937 se trasladó a Washington, donde trabajaría en la Biblioteca del Congreso de EE.UU., y como editor de la revista evangélica Christianity Today.

Debido a la enfermedad de su esposa, Lillian Henry, se trasladó a Los Angeles, donde vivían las hermanas de ésta, que la cuidarán hasta el día de su muerte en 1958. Los últimos treinta años de su vida los pasó en solitario en un pequeño apartamento de Rockport. Es entonces que escribió su famoso estudio sobre el catolicismo romano (1961).

En 1932 publicó su obra más conocida sobre la doctrina reformada de la predestinación, donde analiza el texto bíblico, los Cánones de Dort y otros símbolos y confesiones de fe históricos. En su obra sobre el milenio sigue la postura postmilenarista, tal como había sido creída por los puritanos, Charles Hodge, Matthew Henry, Benjamin B. Warfield o Ian H. Murray.

Aunque Boettner participó en muchas conferencias, nunca aceptó predicar desde un púlpito, ya que no se consideraba con dones para tan alto llamamiento. Mantenía una considerable correspondencia con su lectores, a la vez que enviaba gran número de sus libros cada mes a los que solían escribirle desde todas partes del mundo. Humilde en grado sumo, destacó entre sus contemporáneos por su piedad evangélica. Murió de cáncer el día 3 de enero de 1990.

En el siguiente enlace tienen la posibilidad de leer la citada obra, “La predestinación”:

“LA PREDESTINACIÓN”, Loraine Boettner (PINCHAR AQUÍ PARA LEER)