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500 años de la Reforma en España (1)

Artículo publicado en la web Protestante Digital sobre el enorme olvido y desconocimiento de la Reforma en España, ahora que, conmemorándose los 500 años de la misma, el presente año marca también los cinco siglos de su inicio en nuestro país.

500 años de la Reforma en España (1)

Manuel de León

Permitidme titular esta Conferencia: Defensa de la Reforma protestante española. Es el único tema que me resulta menos simpático o empático, pero debo hacerlo, si queremos salvar nuestra Reforma del olvido. Antes de que la distancia empañe la mirada que se vuelve hacia aquel siglo, atenuando el estruendo de las voces de los alguaciles de la Inquisición, de las armas, de los ejércitos, encubriendo la risa de los poderosos y los gritos de los condenados, dejarme vindicar la Reforma del siglo XVI.

Dialogo de doctrina christiana de Juan de Valdés, 1529 / Proel (Wikimedia – Dominio Público)

Me hubiese gustado tratar sobre “La doctrina valdesiana del Beneficio de Cristo” La Teología de Servet. La novela picaresca en los protestantes españoles. La lírica en Pedro de Orellana. Los grandes traductores protestantes españoles. La Reforma radical, en nuestros teólogos protestantes, etc, pero debemos comenzar por el principio: Vindicar la Reforma en España. Y permitid dedicarla a vosotros, jóvenes.

PARA VOSOTROS JÓVENES

En su admirable libro “El saco del ogro”, aquel genial escritor católico que fue Giovanni Papini dice: “Toda generación tiene un mensaje divino que llevar a la ciudad de los hombres, y todo joven es, en este sentido, un ángel, aunque sea rebelde o caído. Pero este mensaje se queda casi siempre en enigma y música, sin poder fecundar la costra de la tierra. Y, sin embargo, el único secreto para que el alma no se muera –y no corrompa el cuerpo con su putrefacción- consiste en permanecer fieles a la propia juventud. Esta fidelidad se llama genio. Pero pocos hombres fueron verdaderamente jóvenes, y ésos, por brevísimo tiempo. El genio consiste en salvar una lengua (chispa) de aquel fuego y hacer con ella una antorcha que nunca se apague”.

¡Vosotros jóvenes!, que no sois almas deformadas ni envilecidas por la mediocridad ciudadana, os toca coger la antorcha de la Reforma y hacer que nunca se apague. La Reforma al sacar a luz el Evangelio, encadenado y escondido del pueblo, hizo que todas las demás facetas de la vida humana floreciesen hasta ser considerado aquel siglo El siglo de Oro.

Echad tallos y ramas, sobre aquellas raíces de la Reforma, antes de que presenciemos el lento suicidio de un pueblo, al que han querido hacer desaparecer muchas veces, engañado mil veces por atractivos sofistas, mermado y desolado hasta 500 años después de aquel día de la protesta en forma de 95 tesis. Cultivad vuestro espíritu, pero no dejéis de cultivar vuestra mente; ambas facultades son las únicas que ennoblecen y redimen a las razas y a las gentes y serán las que os harán grandes en la Historia y os darán una corona incorruptible en los cielos.

Dejadme ahora, seguir explicando y defendiendo aquella Reforma española que nos pertenece y que ha sido casi borrada y olvidada por muchos.

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Vaticano y Estados Unidos

De entre diversas noticias internacionales que se vienen sucediendo en los últimos días, una significativamente llamativa ha sido el anuncio de que uno de los lugares que visitará el presidente estadounidense Donald Trump en su primera gira por otros países será el Vaticano.

A modo de introducción a este artículo del pastor Emilio Monjo, publicado hace seis años en Protestante Digital pero aún plenamente vigente, decir que esto no es especialmente novedoso desde hace tres décadas, es decir, es un paso más en la profundización de relaciones que se viene produciendo entre Washington y Roma desde los años 80 del siglo pasado, con los distintos presidentes norteamericanos, primero, Ronald Reagan, y luego continuando con George Bush padre e hijo, Bill Clinton y Barack Obama.

Lógicamente, las visitas de presidentes estadounidenses al Vaticano y las del papa a EEUU se enmarcan en el hecho de que, en el ámbito del Derecho Internacional, ambos son Estados independientes que se reconocen mutuamente como sujetos de las relaciones internacionales y que mantienen relaciones diplomáticas entre sí, pero, una vez más, se plantea el mismo problema cada vez que se trata de relaciones con el Vaticano: ¿Qué es la llamada “Santa Sede”? ¿Un Estado o simplemente el lugar donde se encuentra la dirección central de una religión? ¿Una mezcla de las dos cosas? Digamos que Roma es una organización que busca el poder de cualquier forma que le sea propicia y su infiltración en todos los ámbitos de la política y la vida pública en los países de todo el mundo (en este caso concreto, en EEUU), empleando en cada ocasión lo que más le interesa: en unos las prebendas y privilegios de ser un “Estado”, y en otros las de ser una religión.

La Iglesia de Roma, empleando la máscara de la llamada “Santa Sede”, se introdujo en la ONU con la condición no de “Estado miembro”, pero sí de “observador permanente”, lo que le permitiría votar, dar discursos y participar en todos los foros de las Naciones Unidas de una forma inaudita como no se permite hacerlo a ninguna otra religión o grupo confesional (los cuales tienen una consideración muy similar al de meras ONGs). En cambio, cuando se presenta con la otra identidad de su naturaleza híbrida, es decir, como una religión, en aras de la “libertad religiosa”, consigue el privilegio de propagar en diferentes ámbitos (fundamentalmente, los educativos) los postulados políticos e ideológicos que defiende cuando se presenta con la identidad estatal.

¿Qué define a una “entidad estatal”? La Convención de Montevideo sobre los Derechos y Deberes de los Estados establece los siguientes requisitos: “El Estado como personalidad de derecho internacional debe reunir los siguientes requisitos: (a) una población permanente, (b) un territorio definido; (c) Gobierno, y (d) una capacidad de entrar en relaciones con los demás estados”.

¿Cumple todo eso la “Santa Sede”? Es obvio que NO. No tienen población permanente, dependen en todo de Italia y no tienen un territorio definido, pues su única función es la administrativa de gobernar a la Iglesia Católica en todo el mundo. Todavía en 1985, tenía relaciones diplomáticas sólo con 53 países y los propios EEUU no entablaron las relaciones hasta el año 1984.

El reconocimiento de EEUU al Vaticano, inimaginable en sus orígenes, no fue cosa de un día para otro, fue un proceso de dos siglos que culminó en la época de Ronald Reagan, cuando la elección de un papa como Juan Pablo II, originario de un país del por aquel entonces bloque comunista como era Polonia, fue visto como una oportunidad para desestabilizar al imperio soviético en el último tramo de la Guerra Fría. Pero el cambio, evidentemente, no se ha producido en Roma: se ha producido en EEUU por el abandono de sus raíces puritanas y protestantes. Precisamente la idea de libertades que los fundadores de la nación norteamericana llevaron a esa tierra era la liberación de lo que el Vaticano, como institución política y religiosa, supone.

Vaticano y Estados Unidos

Emilio Monjo Bellido (Protestante Digital)

Se ve como un anacronismo que rompe la posición ecuménica de “valores cristianos”, quizás la más general e integrante de “valores religiosos”, que es la presentación mediática que estos días se hace en España con la visita del papa, y en la que todos estarán, por razones muy diferentes, de acuerdo. [Este proyecto de “valores religiosos”, sin definición específica, que abandona totalmente a la persona y obra de Cristo, el Mesías, se intenta inculcar en Estados Unidos para integrar también a cualquier grupo “espiritual” incluido el Islam. La confusión religiosa del futuro cada vez es más clara.]

Pensaba en esto cuando leí en este diario que una emergente posible candidata del Partido Republicano, Michele Bachmann, había tenido que dar explicaciones por esa posición doctrinal de la iglesia a la que pertenecía. Y aparecían en el horizonte algunas indicaciones para orientarse en la situación presente, para ver algo de la relación entre el Vaticano y Estados Unidos.

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“Breve Instrucción cristiana”, de Juan Calvino

Después de haberse visto obligado a permanecer en Ginebra en septiembre de 1536, Calvino creyó que la enseñanza de la fe reformada necesitaba un breve tratado accesible a todos, que sirviera de catecismo para toda la Iglesia. Durante el invierno de 1536-1537, él mismo redactó en francés, la “Breve Instrucción Cristiana” que nos honramos en reeditar hoy. Se trata de un resumen de su primera “Institución Cristiana”, publicada en el mes de marzo de 1536, y en la cual encontramos literalmente traducidos al francés muchísimos párrafos de la “Institución”. Esta “breve instrucción” fue sustituida en 1542 por un catecismo, ideado conforme a un nuevo plan y redactado en forma de preguntas y respuestas, que se convirtió en el Catecismo de las Iglesias reformadas valonas de los Países Bajos. Creemos que la fama del “Catecismo” ha dejado injustamente en la sombra a la “Breve Instrucción Cristiana”, cuyos méritos, sin embargo, son y siguen siendo extraordinarios. Su concisión, la nobleza de su estilo, la admirable profundidad de su pensamiento, la elevación de las directrices prácticas de cada párrafo, la convierten a nuestros ojos, hoy como ayer, en un opúsculo admirable para la evangelización y consolidación de la fe. De antemano damos gracias por los frutos que ciertamente producirá este librito completamente saturado de la saludable enseñanza de las Santas Escrituras.

(Prólogo de Pedro Marcel)

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Breve historia de la Reforma Protestante en Inglaterra (II)

Para reanudar y concluir con esta historia debemos irnos a principios del siglo XVII.

En la Inglaterra de aquella época nos encontramos con una situación en la que los burgueses, dedicados al comercio y a la producción de mercaderías, y la “gentry”, nobles dedicados al comercio, cada vez prosperaban más rápidamente, mientras la nobleza más tradicional veía menguar su posición frente a estos debido a que su única fuente de riqueza era la propiedad de tierras. La monarquía intentó revertir esta situación poniendo límites al desarrollo de las actividades económicas de los burgueses, creando nuevos impuestos y aumentando los ya existentes, así como participando directamente en algunas de las actividades industriales y comerciales, lo que produjo un aumento de precios, desocupación y descontento general. El Parlamento inglés estaba en contra de las medidas fiscales impuestas por el monarca, al ser imposible controlar el destino del dinero recaudado, más aún, desde que la corona comenzó a exigirlos aunque no tuvieran la aprobación del Parlamento.

A partir de 1639, los acontecimientos comenzaron a precipitarse. Los burgueses se negaron a pagar impuestos y la Cámara de los Comunes se opuso a destinar fondos a un ejército personal del rey Carlos I destinado a sofocar la rebelión independentista de los escoceses, en 1640. Gran parte de la burguesía apoyó a la Cámara y en 1642 estalló la guerra civil. Los parlamentarios, dirigidos por Oliver Cromwell, quien organizó rápidamente un ejército revolucionario, el “New Model Army”, recibieron fundamentalmente apoyo de las regiones industriales y comerciantes del sur y el este del país y de los puritanos mientras que los realistas recibieron el de las agrícolas del norte y el oeste y el de la Iglesia Anglicana.

Cromwell, conocido como el “Lord Protector”, iba a ser la figura clave en el devenir de Inglaterra en los años siguientes. “Confiad en Dios, muchachos, y mantened la pólvora seca” y “Por la libertad del Evangelio y por la ley de la tierra” son dos de sus citas más conocidas. Educado en un hogar protestante, puritano y hondamente antirromanista, durante toda su vida se enfrentó tenazmente a la Iglesia de Roma y a las reformas del rey inglés Carlos I en la Iglesia de Inglaterra, quien intentaba asimilarla en lo estructural y lo ceremonial al catolicismo romano. Seguir leyendo Breve historia de la Reforma Protestante en Inglaterra (II)

Breve historia de la Reforma Protestante en Inglaterra (I)

Para conocer el inicio de un proceso como fue el de la Reforma Protestante en Inglaterra, mucho más complejo que en la Europa continental y en Norteamérica, debemos retrotraernos hasta la primera mitad del siglo XVI, concretamente, a los tiempos del reinado de Enrique VIII.

Inglaterra había estado unida a la Iglesia de Roma durante casi mil años, antes de la ruptura en 1534, durante el reinado de Enrique VIII. La separación teológica ya venía gestándose desde bastantes años atrás por medio de movimientos como el de los Lolardos, también conocido como Wyclifismo (una suerte de cristianismo “pre-reformado”), entre finales del siglo XIV y principios del XV, pero la Reforma inglesa ganó verdadero apoyo político cuando, en 1533, Enrique VIII quiso anular su matrimonio con Catalina de Aragón, con la pretensión de casarse con Ana Bolena. Bajo presión del sobrino de Catalina, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V (y I de España), el Papa Clemente VII, inicialmente favorable a la solicitud, la rechazó, por lo que el rey Enrique, aunque teológicamente era un católico romano devoto, decidió convertirse en Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra para asegurar la anulación de su matrimonio. Esto no hay que olvidarlo, Enrique VIII había llegado a ser proclamado “Defensor fidei” por el Papa en agradecimiento por sus ataques al luteranismo, y, de hecho, persiguió ferozmente a los protestantes, ayudado con gran entusiasmo por el ferviente papista Sir Tomás Moro.

Enrique VIII
Enrique VIII

Tomás Moro, no obstante, en 1535 sería enjuiciado por orden del propio Enrique VIII, por no prestar el juramento antipapista frente al surgimiento de la Iglesia Anglicana ni aceptar el Acta de Supremacía, siendo decapitado el 6 de julio de ese mismo año. En 1935 fue canonizado por la Iglesia Católica Romana, quien lo considera un santo y mártir.

En julio de 1534, el Papa excomulgó tanto a Enrique como a Ana Bolena. Pero el monarca ya no estaba dispuesto a detenerse: mediante tres actas votadas por el Parlamento, consumó el cisma con Roma y en el verano de 1535, aparte del propio Tomás Moro, decapitó al cardenal John Fisher, el principal opositor a su segundo matrimonio y mártir también para la Iglesia Católica. Sin embargo, a Enrique VIII ni se le pasaba por la cabeza hacerse protestante. En 1536, mediante los Diez Artículos de Fe se decretaba la adhesión de la Iglesia de Inglaterra a las ceremonias católicas, el culto a las imágenes, la invocación a los santos, las oraciones por los difuntos y la doctrina de la transubstanciación. No solo eso: ordenó redactar una profesión de fe en la que se afirmaban claramente los siete sacramentos católicos. La negación de la transubstanciación se castigaba con la hoguera, el matrimonio estaba prohibido a los sacerdotes, se mantenía la confesión auricular, la Virgen María y los santos seguían siendo objeto de devoción y el libre examen de las Escrituras no estaba permitida. Mientras había una situación de tolerancia hacia los católicos ingleses, en base a la idéntica doctrina, los protestantes eran encarcelados, torturados y ejecutados, debiendo huir al continente muchos de ellos.

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¿Por qué prosperan los impíos?

“El Salmo 73 trata un problema que muy a menudo desconcierta y desanima al pueblo de Dios. Es un doble problema: ¿Por qué los píos frecuentemente tienen que sufrir, especialmente en vista del hecho que los impíos aparentan ser mucho más prósperos?

Es una clásica declaración de cómo la Biblia trata ese problema. El salmista relata su propia experiencia, expone su alma para que la miremos en forma dramática, y nos guía paso a paso de un casi desesperante fin a un seguro triunfo final. Es al mismo tiempo una gran teodicea. Por estas razones, este Salmo ha sido un tema favorito de predicadores, de líderes espirituales y de consejeros.

La preparación y la predicación de mensajes, exponiendo esta rica enseñanza, fue para mí una labor de amor verdadero gozo. El sermón titulado “Con todo” en esta serie fue usado por Dios para traer alivio inmediato y gran alegría a un hombre que sufría una profunda agonía de espíritu y estaba al borde de la desesperación. Viajó alrededor de 9.000 kilómetros y llegó a Londres sólo el día anterior al mensaje. Se convenció, y hasta el día de hoy está seguro que Dios en su infinita gracia lo trajo de tan larga distancia a escuchar ese sermón.

Que dicho capítulo y los demás prueben ser una “puerta de esperanza” para muchos otros cuyos pies “casi se deslizaron” y cuyos pasos “por poco resbalaron”. “

Martin Lloyd-Jones

LIBRO EN PDF “¿POR QUÉ PROSPERAN LOS IMPÍOS?” (DESCARGAR)