Salmo 11

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. La fe en Dios es necesaria en todas las dispensaciones y situaciones. Es imposible dar un paso en el camino recto sin ella (v. 1).
  2. El que confía en Dios siempre tiene base para la esperanza. No todo lo que se encuentra en peligro está perdido. Mientras viva y reine Dios, hay esperanza para una buena causa y para un buen hombre. Podemos desafiar con valentía a todos los que quieran hacernos desesperar (v. 1).
  3. El que se proponga cumplir con su deber, ha de aprender a no conocer a ningún hombre según la carne, y a no escuchar ningún consejo, por mucha bondad con que parezca darse, si entra en conflicto con la voluntad conocida de Dios (v. 1).
  4. ¡Cuán extrema es la necedad del pecado! Nada parece más justificable a los ojos de los hombres carnales que huir en tiempo de peligro. Sin embargo, a menudo hemos de clamar: «¿Cómo decís […]?» (v. 1).
  5. Siempre es sabio permanecer en nuestro lugar (v. 1). El puesto del deber es una torre alta. Henry: «Lo que apenaba a Dios en este asunto no era que escapar podía oler a cobardía, lo cual no es propio del soldado, sino que podía oler a incredulidad, lo cual no es propio del santo que tantas veces ha dicho: «En Jehová he confiado». Calvino: «Este versículo nos enseña que, por mucho que el mundo nos aborrezca y persiga, no obstante debiéramos permanecer firmes en nuestro puesto, para no vernos privados del derecho a reclamar las promesas de Dios o que las mismas se escapen de nosotros; y que, por más que se nos acose durante todo el tiempo que fuere, siempre debiéramos ser constantes e inalterables en la fe de haber recibido el llamamiento de Dios».
  6. Para mantener una profesión firme e inalterable, hemos de evitar escrupulosamente toda influencia de la sabiduría de la carne (v. 1). Aun siendo cristianos, los hombres pueden ser carnales hasta un punto lamentable (cf. 1 Co. 3:1). En tal caso, su consejo suele ser muy parecido al que dan los hombres impíos.
  7. Los hombres buenos no deberían sorprenderse de ninguna maldad que puedan presenciar. Los hombres malos siempre han sido muy malos (v. 2). Los malvados siempre harán maldad. Está en sus corazones. Cada generación tiene su Caín, su Ahitofel, su Sanbalat, su Judas, su Demas, sus falsos hermanos, sus perros, sus cobardes sin principios y sus atroces tiranos.
  8. Se da una curiosa correspondencia entre los procedimientos y los propósitos de los hombres malvados. Las acciones furtivas se adecuan a los planes furtivos (v. 2). A muchos pecadores que disparan en secreto, les daría demasiada vergüenza atacar abiertamente. Las obras de las tinieblas se adecuan a los hijos de las tinieblas.
  9. Es importante que, a menudo, nos preguntemos: ¿Somos rectos? (v. 1). Si lo somos, también seremos directos, francos, claros y sinceros. Los caminos retorcidos no son propios de la piedad. Cuando nos sintamos inclinados a la falsedad, podemos estar seguros de que no está todo bien.
  10. Siempre es necesario adherirse a los primeros principios (v. 3). Esto es tan importante en religión como en cualquier otra materia. Henry: «Si destruyes los fundamentos, si a las buenas personas les quitas su esperanza en Dios, si puedes persuadirles de que su religión es un engaño y una broma y puedes apartarlos de ella, los destruirás, realmente les romperás el corazón, y los convertirás en los más miserables de los hombres». Adopta los primeros principios atenta y escrupulosamente; y, cuando los hayas adoptado, retenlos.
  11. En las tentaciones que nos llevan a negar las primeras verdades de la religión, hay una ventaja, a saber: que en seguida vemos que, o nos aferramos a nuestra integridad, o habremos de renunciar a la conciencia, paz mental, principios, Dios y salvación. Es de gran ayuda cuando podemos ver la deriva de nuestros conflictos. Si fallan los fundamentos, todo está perdido (v. 3).
  12. ¡Qué bendición tan inestimable es un buen gobierno, establecido y conducido con principios verdaderos, justos y uniformes! Si a quienes se quejan de las cargas normales de un buen gobierno, se les sometiera, aun por poco tiempo, a los horrores del desgobierno o anarquía, se encontrarían en una situación que probablemente les llevaría a sentirse agradecidos de volver a cualquier forma de gobierno regular y libre (v. 3).
  13. Pero, si Dios nos ha colocado en una situación de vida social y civil totalmente inestable, recordemos que también otros, que nos han precedido, han visto todo orden subvertido y justicia negada (v. 3). Mas, por medio de Dios, han sobrevivido a tal situación y alcanzado días mejores, del mismo modo que también podemos hacerlo nosotros. El romano no desesperaba de la república; y el cristiano ha de esperar el bien en todos los asuntos, siendo gobernados por Dios. Horne: «No todo está perdido mientras quede un solo hombre que repruebe el error y dé testimonio de la verdad; y el hombre que lo hace con el espíritu adecuado, puede detener al príncipe o senado que actúa con todo su vigor y, de ese modo, arreglar las cosas […]. Ningún lugar de la tierra está libre de preocupaciones y dificultades; las tentaciones se hallan por todas partes, pero también la gracia de Dios».
  14. Vemos cuál sería el estado de las cosas si los infieles tuviesen el dominio. Toda virtud y, con ella, toda justicia y orden perecerían; todos los fundamentos serían destruidos. Morison: «Tales hombres acostumbran exaltar la libertad, pero ¡ay de los justos de la tierra cuando quedan a merced de sus delicadas misericordias! No es de suponer que quienes niegan la lealtad al todopoderoso, traten con mucha deferencia a sus humildes y leales siervos. La libertad, de la que tanto hablan los infieles, no es sino aquel egoísmo del que su sistema jamás puede apartarles, y solo hace falta que tal egoísmo dicte un renglón de persecución para que ellos lo escriban al instante. Ante la total carencia de principios, necesariamente han de ser conducidos a donde la pasión, el prejuicio o el interés les arrastre».
  15. Por mucha confusión atroz que reine a nuestro alrededor, y que los verdaderos fines del gobierno sean olvidados, sin embargo, bien pueden regocijarse los corazones de los justos en que Dios no es, ni puede ser, destronado (v. 4). Todos los demás cetros serán quebrados, y todas las demás coronas caerán a tierra, pero los píos siempre clamarán: «Aleluya, porque el Señor Dios omnipotente reina».
  16. Cuanto más se sequen las fuentes de gozo terrenal, más deberíamos acudir a los pozos de salvación, y con deleite sacar de ellos el consuelo necesario (v. 4). Calvino: «Estando destituido de ayuda humana, David se encomienda a la providencia de Dios. Es una señal notable de fe obtener luz del cielo que nos guíe a la esperanza de salvación cuando, en este mundo, nos rodean las tinieblas por todos lados. Todos los hombres reconocen que el mundo es gobernado por la providencia de Dios, pero cuando se produce alguna triste confusión de las cosas, que perturba su paz y les acarrea dificultad, hay pocos que retengan en sus mentes la firme convicción de esta verdad». Sin embargo, este es justo el momento en que la fe es más necesaria y puede ser más ilustre.
  17. ¡Cuán consoladora es al alma humilde la doctrina de la omnisciencia de Dios! (v. 4). Si se avergüenza de sus propias imperfecciones y defectos, puede apelar a Dios para que atestigüe su sinceridad. Si los hombres entienden mal y malinterpretan sus mejores acciones y propósitos, está segura de que Jehová los aprueba. Si tiene la sensación de que los consejos malvados son demasiado oscuros para poder penetrarlos, tiene a un Amigo todopoderoso que sondea todas las malvadas ardides. Henry: «Dios no solo ve a los hombres, sino que ve a través de ellos; no solo sabe todo lo que dicen y hacen, sino que sabe lo que piensan, lo que se proponen y lo que realmente sienten –no importa lo que quieran aparentar. Nosotros podemos saber lo que los hombres parecen ser, pero él sabe lo que son, como el refinador sabe cuál es el valor del oro cuando lo ha probado».
  18. Debería resultar solemne a los hombres que Dios los escudriñe y pruebe (v. 5). Muchos se dirigen a su Hacedor con palabras muy solemnes, pero en sus corazones son livianos y vanos. El que escudriña los corazones no se agrada de los necios. No juega con nadie, ni dejará que nadie juegue con él.
  19. Los hombres malvados no tienen más derecho a creer que Dios favorecerá sus acciones malvadas que a creer que cambiará, pues toda su naturaleza moral está en contra de los hacedores de iniquidad (v. 5). Calvino: «Dios aborrece a los que se dedican a causar daño y hacer mal. Habiendo ordenado la interrelación de los hombres, quiere que la mantengamos inviolable. Por tanto, para preservarla como orden sagrada y señalada, ha de mostrarse enemigo de los malvados que son injustos y perturbadores para con los demás». La sociedad es la ordenanza de Dios. Todo lo que tienda a subvertirla será castigado por Dios.
  20. Puesto que Dios es lo que es, es imposible que al justo y al malvado por siempre les vaya igual; mucho menos, que el malvado siempre tenga al justo en su poder y pueda atormentarlo (v. 5).
  21. Si Dios prueba a los justos, es por su bien; y, por tanto, hay una enorme diferencia entre los sufrimientos de los santos y los de los pecadores, no tanto en el grado como en el propósito, fin y efectos (v. 5). Morison: «Percibimos aquí la indecible diferencia entre los castigos paternales y la acción de Dios, en su desagrado, sobre sus enemigos. Los unos tienen un carácter correctivo, la otra un carácter punitivo; los unos expresan la consideración del pacto, la otra conlleva el justo desagrado y el juicio inminente; los unos son la reprensión de un padre justamente ofendido, la otra la vara alzada de un juez que, en breve, aplastará a todos sus enemigos».
  22. Las calamidades que alcanzarán a los malvados son inconcebiblemente terribles (v. 6). La Biblia excede a todos los libros en sobriedad, y aun en sus imágenes más impactantes no da una idea exagerada de la miseria futura de los hombres malvados que mueren impenitentes. ¡Cuán insoportable debe de ser la ira de Dios, cuando se expresa con palabras tan tremendas como las empleadas en este salmo y otros lugares de la Biblia! No me sorprende que los grandes y buenos hombres que han proclamado la salvación de manera enérgica y ferviente, normalmente hayan hablado de la pérdida de un alma con tono sumiso y muchas lágrimas. Pero no hay nada que excuse el silencio en un asunto tan serio (cf. Ez. 3:18; 33:7-8). La condenación es más terrible de lo que se haya expresado jamás.
  23. Henry: «Aunque la gente honesta y buena pueda ser machacada y pisoteada, Dios la reconoce y reconocerá, la favorecerá y le sonreirá, y esa es la razón por la que Dios tratará severamente a los perseguidores y opresores: porque aquellos a quienes oprimen y persiguen le son queridos. De manera que quien les toca, toda a la niña de sus ojos» (v. 7).
  24. Todo este salmo nos enseña que, si somos tentados, no hemos de ceder, sino resistir al diablo, y él huirá de nosotros.
  25. No podemos leer estos salmos sin ver que hay una diferencia entre santos y pecadores, quienes sirven a Dios y quienes no le sirven.
  26. Todos los males que, en esta vida, acontecen al impío no son sino el comienzo de sus aflicciones, pero todas las cosas malas que suceden al justo solo se dan antes de alcanzar la eternidad.
  27. Una cosa debería animar grandemente a los santos cuando se acercan a Dios, a saber: que ahora sabemos no solo que reina, sino que reina por Jesucristo. Es tan cierto que Dios está en su trono, como que está en Cristo Jesús.
  28. Morison concluye sus comentarios a este salmo así: «¡Pecador impenitente! ¡Lee este salmo y advierte tu destino inminente! Abrigar esperanza de escapatoria es en vano. Los elementos de la omnipotente ira están todos preparados, y los huracanes que te arrastrarán a la perdición pronto comenzarán a soplar. Los cielos morales ya están cubiertos de nubes amenazadoras, el destello del relámpago se ve girando en torno a tu cabeza, y el abismo inferior se está abriendo para recibirte; un estadio más en la impenitencia y serás destruido para siempre; el Juez está a la puerta, estás a punto de recibir el último llamado al arrepentimiento, pronto se oirá el doble de campanas del juicio, y a través de la lúgubre sombra de muerte pasarás a una región en que la ira de Dios será la porción eterna de tu copa. Date prisa, por tanto, oh pecador, en acudir a la cruz de Cristo. El que murió en aquella cruz te da la bienvenida; a pesar de toda tu impenitencia, te da la bienvenida. Puede ablandar y cambiar tu duro corazón de piedra. Puede perdonar y quitar tus pecados de color carmesí. Pero no olvides que el día de la visitación misericordiosa se apresura a su fin, y que la insultada compasión de un Salvador moribundo se vengará terriblemente por medio de los incesantes tormentos que producirá».

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