Salmo 10

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. No es cosa nueva que Dios parezca, por un tiempo, entregar a su pueblo al poder de sus enemigos (v. 1). Pero ello no debería abatirlos; los siervos de Dios de épocas anteriores también soportaron todo esto y, sin embargo, salieron victoriosos.
  2. No hay en toda la iglesia militante de Cristo un solo caso de injusticia sufrida o persecución soportada, que sea tan malo como para poner en duda si ha de presentarse a Dios (v. 1). «La gente buena estaría perdida si no tuviese un Dios al que acudir, un Dios en quien confiar y una dicha futura que esperar». Echad sobre él todo vuestro cuidado, pues cuida de vosotros. El oficio, obra y deleite personales de Dios es ayudar a los débiles y defender a los heridos.
  3. Por muy graves que puedan ser las pruebas de sus santos, Dios jamás los desampara definitiva ni totalmente. Es verdad que, como dice Henry, «el hecho de que Dios se retire resulta muy penoso para su pueblo en todo momento, especialmente en momentos de dificultad». Pero el momento en que Dios viene en nuestro rescate, a menudo se encuentra muy cerca cuando más lejos nos parece a nosotros. «La extrema necesidad del hombre es la oportunidad de Dios». Esta es la primera lección que Ames saca de este salmo: que «en medio de sus dificultades, los hombres piadosos se quejan, principalmente, de la ausencia de Dios; puesto que se han dado cuenta de que, en todo lo que les concierne, han de considerar, principalmente, a Dios y su providencia; puesto que la ausencia de Dios es motivo de gran consternación para todas las criaturas; y puesto que la presencia de Dios trae la apropiada consolación para todos los males».
  4. El abuso de la paciencia y misericordia de Dios por parte de las sucesivas generaciones de sus enemigos, no parece variar en la menor medida. Las excusas, burlas y artes de los malvados, cuando se atreven a emplearlas, tienen una tediosa uniformidad. El lenguaje de los malvados que encontramos en este salmo, se ha repetido en todas las épocas. Véase otros salmos, los profetas, los evangelistas, el último capítulo de 2ª Pedro y la historia de la iglesia en general.
  5. La persecución no es cosa nueva (v. 2). Cuando el pueblo de Dios tiene mucho del Espíritu de Cristo y los enemigos de Cristo tienen el poder, fluirá la sangre de los mártires. Pero, bendito sea Dios, pues que mejor es sufrir el mal que hacer el mal. El espíritu de los malvados no se preocupa de la justicia si puede salirse con la suya. Su orgullo lo llevará. Henry: «La tiranía, tanto del estado como de la iglesia, tiene su origen en el orgullo». Horne: «Resulta inconcebible el maligno furor con que el vanidoso infiel persigue al humilde creyente, aunque este no le haya ofendido más que por ser creyente». Si hubiese misericordia en los corazones de los perseguidores, el carácter inofensivo y desvalido del pueblo de Dios despertaría su compasión; pero son despiadados. Verdaderamente, es una gran misericordia cuando se nos mantiene fuera del alcance de los malvados. No es de extrañar que provoque a Dios la violencia hecha a sus santos.
  6. Tampoco es cosa nueva que los malvados se gloríen en su vergüenza (v. 3). Llevan manifestándola mucho tiempo.
  7. Pero tengan cuidado los hombres con la forma en que tratan de aprobar su maldad, alegando que Dios les da poder (v. 3; cf. Is. 10:12-15).
  8. Una de las cosas más peligrosas que puede hacer el hombre, es bendecir a los hombres malvados, poniendo lo amargo por dulce y la luz por las tinieblas (v. 3; cf. Is. 5:20). El que exalta lo vil está completamente perdido.
  9. ¿Alguna vez aprenderán los hombres el mal que hay en la codicia? Es la raíz de todos los males; es condenada es la ley moral, en los salmos, en los profetas, en los evangelios, en las epístolas, por la conciencia, por el sentido común, por la voz de la humanidad, por muchos ejemplos terribles de hombres ávidos de ganancia. El hombre codicioso abomina al Señor, y el Señor le abomina a él (v. 3). Tan imposible es que el hombre sea salvo sin aborrecer la codicia, como que sea salvo sin aborrecer la mentira o el homicidio.
  10. El orgullo es un pecado muy parecido en todos los casos (vv. 3-4). Convierte todas las bendiciones en maldiciones. Hace a los hombres desvergonzados. Todos lo denuncian; pocos renuncian a él. Uno está orgulloso de su origen humilde, otro de su noble nacimiento; uno de su ropa espléndida, otro de sus toscas vestiduras; uno de sus virtudes, otro de sus vicios. No hay diferencia constatable en la tendencia destructiva de las diferentes clases de orgullo (cf. Pr. 16:18; 29:23).
  11. Una de las lecciones que Ames saca de este salmo es que «en ninguna otra cosa la impiedad de los orgullosos rebasa más todos los límites que en estar acostumbrados a alabarse a sí mismos y a quienes se asemejan a ellos en maldad» (v. 3; cf. Dt. 29:19-21).
  12. Una causa suficiente de la irreligiosidad de todos los hombres malvados se encuentra en sus malas pasiones (vv. 3-4). ¡Cuántas multitudes de hombres, como el rey Saúl, tienen convicción de pecado y, a veces, incluso la expresan con seriedad y ternura y, sin embargo, son arrastrados al pecado por su obstinación, malicia, mundanalidad, ambición o celos!
  13. Y ¿cómo puede esperarse que los hombres vengan a un conocimiento salvífico de las cosas divinas, cuando no buscan que se les informe (v. 4)? Ningún indagador honesto de la verdad ha perecido jamás. La historia personal de todo infiel da la clave de su escepticismo. Es un hecho que la historia del mundo aún no nos ha mostrado un solo objetor de la doctrina y misericordia del evangelio que manifieste serenidad, oración e imparcialidad.
  14. Si se diese rienda suelta al pecado, destronaría y aniquilaría a Dios (v. 4). Hasta donde puede, actúa, siente y piensa como si no existiera.
  15. No deberíamos sorprendernos de la vileza del pecador (v. 5). La tranquila continuidad en el pecado es una señal infalible de impiedad, no menos que los flagrantes pecados que se cometen puntualmente. Todas las transgresiones son fruto de un corazón no regenerado. Deberíamos confundirnos si un mal árbol diese buen fruto.
  16. Tampoco deberíamos sorprendernos si los caminos de los pecadores resultan penosos aun a sí mismos (v. 5). Los malvados siempre han sido y han de ser como el mar agitado.
  17. Tampoco debería asombrarnos la prosperidad de los malvados (v. 5). No obtienen nada de valor para la eternidad; todas las cosas buenas las obtienen en esta vida.
  18. No es cosa nueva que los hombres pecadores carezcan de discernimiento espiritual (v. 5). Están tan cegados por el pecado, tan enamorados del engaño, que sin un cambio sobrenatural no pueden percibir belleza alguna ni aun en la santidad.
  19. «Si ves el maltrato de los pobres y la violenta perversión del juicio y la justicia en algún lugar, no te maravilles del asunto» (v. 5). Así fue en los días de Salomón; así ha sido siempre. Pero Dios lo pondrá todo en orden.
  20. Aunque los hombres malvados a veces alcanzan asombrosas cotas de poder, su arrogancia suele elevarse aún más (v. 5).
  21. Los incorregibles malvados no podrían continuar en la seguridad de sus pecados si no fuese por extraños engaños, el rechazo ostensible de la evidencia o la maravillosa capacidad de falso razonamiento (v. 6). Un hombre vivo puede decir con la misma sabiduría: «No moriré jamás»; que un hombre próspero: «No estaré en adversidad jamás»; o un pecador: «No perderé mi alma».
  22. Nadie se sorprenderá más que los mismos malvados de la profundidad y rapidez de su caída. Esta es inevitable, si permanecen en incredulidad. Un ángel del cielo no podría abrirles los ojos para ver su juicio venidero, si no tienen voluntad de conocer la verdad (vv. 6-7).
  23. Hay consanguinidad en todos los pecados. Compárese el versículo 6 con varios versículos anteriores y posteriores. El orgullo, la crueldad, la astucia, la jactancia, la concupiscencia, la codicia, la falsa paz, la falta de docilidad, el ateísmo práctico, la ceguera espiritual, el menosprecio, la maldición, el engaño, el fraude, las malas acciones y la vanidad forman una espantosa hermandad.
  24. El apóstol Santiago no nos dijo ninguna cosa nueva cuando retrató (Stg. 3:2-13) los terribles males de una lengua malvada (v. 7). La muerte y la vida están en su poder. No hay mayor maldad que la que prorrumpe en palabras.
  25. Es asombroso a qué miserables artimañas recurren los mejores oponentes de la verdad y del pueblo de Dios, aun gente que, normalmente, es justa en otros asuntos (vv. 7-8).
  26. El papel servil, rastrero y adulatorio que, a menudo, juegan los crueles y malvados, no puede engañar a nadie más que a los simples e inexpertos (v. 10).
  27. La declaración bíblica de la necedad del pecado se sostiene plenamente por lo que este alega en su defensa. Ningún maníaco ha razonado jamás más ilógicamente que el incrédulo (vv. 6-11).
  28. Es muy seguro para quienes tienen una buena causa, pedir al juez infalible que proceda en seguida a decidir la controversia entre ellos y sus enemigos (v. 12). Calvino: «Este versículo contiene la útil doctrina de que, cuanto más se endurezcan los impíos, mediante su perezosa ignorancia, y procuren convencerse de que Dios no se preocupa de los hombres y de sus asuntos, y que no castigará la maldad que cometen, más deberíamos nosotros procurar convencernos de lo contrario; de hecho, su impiedad habría, más bien, de inducirnos a rechazar con vigor las dudas que ellos no solo admiten, sino que suscitan con diligencia».
  29. Cuando los hombres ven lo lejos que el pecado conduce a los impíos (v. 13), ¿no es razonable suponer que todo pecador se espantaría y gritaría horrorizado si, al comienzo de cualquier camino de necedad, viera claramente su fin?
  30. La omnisciencia divina es tan consoladora a los santos como terrible a los pecadores (v. 14).
  31. La venganza divina, que parece tan lenta en hacer su obra, no se detendrá. Su llegada es más rápida de lo que piensan muchos. No se tarda; no se duerme (v. 14).
  32. Cuando consideramos el amigo que el pobre y el huérfano tienen en Dios, no es de extrañar que se levanten del muladar y se sienten entre príncipes. Sus mismas dificultades son una buena escuela para ellos. Su misma incapacidad les convierte en objetos adecuados de la compasión divina. Recuerden todos la disposición de Dios a ayudarles (v. 14). El poder divino puede aplastar a cualquier número de enemigos para salvar a sus amigos.
  33. La destrucción de los malvados será absoluta (v. 15). Dios no les dejará rama ni raíz.
  34. Si no leemos la historia como los ateos, hemos de aprender algunas tremendas y saludables lecciones (v. 16). ¿Dónde están todos los antiguos imperios y emperadores? ¿Dónde están las naciones que olvidaron a Dios? Dickson: «Los reyes terrenales no pueden seguir viviendo para ayudar a sus amigos, seguidores o aduladores, o para perseguir y molestar a la iglesia de Dios; pero Cristo es el Señor y Rey por los siglos de los siglos para defender a su pueblo y castigar a sus enemigos».
  35. Si estamos seguros de tener buenos deseos, deberíamos esperar, con ánimo, su cumplimiento (v. 17).
  36. Realmente, es tanto una misericordia como una verdad revelada el hecho de ser dependientes de Dios para todo, aun para un pensamiento o sentimiento adecuado. Si él no preparase nuestros corazones, nunca serían apropiados para ninguna parte de su servicio (v. 17).
  37. No es posible que la oración bíblica no sea oída y respondida (v. 17). Ha de ser así, pues que Dios es Dios.
  38. Es una gran misericordia que Dios juzgue en la tierra (v. 18). El Señor reina: regocíjese la tierra.
  39. En todas las épocas, la maldad es muy parecida. Los hombres más eruditos no se ponen de acuerdo si este salmo se adecua más a Saúl y sus cortesanos, Antíoco Epífanes, Belsasar, Sanbalat y sus colaboradores, o el papa y sus esbirros. El hecho es que el carácter y artes de los aborrecedores de la iglesia de Dios son tan similares en disposición que, en cuanto tienen oportunidad, actúan de manera muy parecida.
  40. Las anotaciones de la Asamblea dice: «Todo este salmo puede servir para refutar ampliamente el error de quienes hacen del éxito mundano de los grandes emprendedores un argumento de la bondad de su causa, así como para consolar y confirmar a quienes sufren, aunque sea mucho y por largo tiempo».
  41. Es incuestionablemente sabio servir a Dios. El último dictamen lo pondrá todo en orden. Aquí hay oscuridad respecto a algunas cosas. Pero santos y pecadores harán, en el último día, el mismo juicio acerca de la necedad del pecado y la sabiduría de la piedad.
  42. Cobbin: «Nuestra base para gloriarnos en Dios es que él es justo. Él prueba a los rectos como se prueba el oro en la hornaza, pero castiga a los malvados. Uno es corregido, el otro destruido. Ambos pueden sufrir, pero uno para su bien presente y eterno, y otro como preludio de la ruina eterna». «Cecil se estaba paseando por el Jardín Botánico de Oxford, cuando observó un bonito espécimen de granado casi cortado de cuajo por el tallo. Al preguntarle al jardinero la razón, obtuvo una respuesta que explicaba las heridas de su propio espíritu sangrante: “Señor, este árbol brotaba con tanta fuerza que no daba sino hojas. Por tanto, me vi obligado a cortarlo de este modo y, una vez cortado casi de cuajo, comenzó a dar abundante fruto”. Vosotros, miembros sufrientes de Cristo, sed agradecidos por cada aflicción que debilita una concupiscencia o fortalece una gracia. Aunque sea un corte hasta el corazón, sed agradecidos por cada pecado e ídolo rasurado. Sed agradecidos por todo lo que haga más tierna vuestra conciencia, más espirituales vuestros pensamientos y más consistente vuestro carácter. Sed agradecidos por ser las tijeras de podar y no el hacha de talar lo que sentisteis. Porque, si sufrís en Cristo, sufrís con él; y, si sufrís con él, también reinaréis con él».
  43. ¡Qué tremenda lección enseña este salmo a los tiranos, a los monarcas tiranos, a los jueces tiranos, a los segundos comandantes tiranos, a los propietarios tiranos, a los maridos tiranos, a los amos tiranos, a los acreedores tiranos y a los profesores tiranos! ¡Oh, cómo se levantarán aún los hollados de la tierra, y harán sonar sus cadenas, y mostrarán sus cicatrices, y harán memoria de sus ruegos de misericordia cuando todos eran en vano!
  44. Al seguidor de Cristo cansado, tentado y perseguido, ¡cuán dulce será el descanso del cielo! Scott: «Tan solo en el cielo quedará excluido todo pecado y tentación. Ningún cananeo hallará entrada en él; ninguna concupiscencia quedará entonces en el corazón de habitante alguno; no se conocerá ninguna imperfección, sino que todos estarán completos en amor, pureza y gozo».

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