Salmo 8

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. No debemos renunciar a las verdades de la religión natural (v. 1). Debemos mantenerlas e insistir en ellas. Son tan claras como necesarias. Se declaran «en toda la tierra».
  2. Los nombres y títulos de Dios han de emplearse, repetirse, celebrarse y ensalzarse con reverencia y adoración (v. 1).
  3. Ver a Dios, en nuestra relación federal con Él, como Dios nuestro, es un deber a que nos obliga el ejemplo constante de los piadosos (v. 1).
  4. Las misericordias de Dios de toda clase han de apreciarse como es debido. Moller: «De las maravillosas dádivas que Dios ha otorgado al hombre, las principales son estas dos, a saber, la creación de todos los hombres en Adán y la restauración de los elegidos en Cristo».
  5. Dickson: «Los piadosos no siempre están cargados de dificultades. A veces, tienen libertad para ir a deleitarse en contemplar la gloria de Dios y su bondad para con ellos».
  6. Morison: «¡Qué idea tan reverente nos transmite el salmo del espíritu de profecía, cuando lo consideramos superando la imperfección de una dispensación oscura, penetrando los misterios ocultos de épocas y generaciones futuras, y dando a la iglesia, como si de narrativa histórica se tratase, un anuncio de hechos que solamente podrían ser conocidos al escrutinio omnisciente de la Mente infinita».
  7. En todos nuestros planes de utilidad, demos a los niños su adecuado lugar. Nada ha despertado más el odio de los enemigos de Cristo que las alabanzas de los niños, puesto que conocían el poder de semejante ejemplo. Scott: «El niño recién nacido comporta tal manifestación del poder, destreza y bondad de Dios que, incontestablemente, refuta las objeciones del ateísmo. Aun a los niños pequeños se les ha enseñado a amarle y servirle de tal manera que sus alabanzas y confesiones han desconcertado y silenciado la ira y malicia de los perseguidores». Deberíamos trabajar, por tanto, para promover la piedad temprana. El que es lo bastante mayor para aborrecer a Dios y quebrantar sus mandamientos, es lo bastante mayor para amarle y andar en el camino de sus testimonios. Piscator: «Quienes niegan la providencia de Dios son contradichos por el sustento y preservación de los niños de pecho y de tierna edad, que normalmente se dedican a jugar. Considérense las palabras de Cristo en Mateo 18:10».
  8. Una razón por la que Dios hace tanto uso de instrumentos sencillos, humildes y débiles, es para que, así, todos los hombres vean que la excelencia del poder es de Él, y no del hombre. Él desea tener toda la gloria.
  9. La razón por la que los hombres deben nacer de nuevo es que son malvados, «enemigos» y «vengativos» (v. 2).
  10. Los malvados tienen una causa muy mala, y tan débil como malvada. A veces, claman que un zorro que corre por los muros de Sión les derribará. El pequeño David hace frente a sus mayores gigantes. Ciertamente, los bebés y los niños de pecho les han confundido a menudo (v. 2).
  11. Estudiemos, con reverencia, la palabra de Dios, pero no menospreciemos sus obras; considerémoslas (v. 3). Todo lo que Dios ha creado o hecho puede enseñarnos alguna lección. El pecado lo pervertirá todo, aun las verdades y ciencias más nobles, pero la sabiduría se hará más sabia con ellas.
  12. La estabilidad de los cuerpos celestes y del universo es muy adecuada para engendrar confianza en Dios. Aquellos estudios tienen esta gran utilidad (cf. Is. 40:26).
  13. Y, si el uso del telescopio para contemplar el brillante universo que se halla sobre nosotros, nos llevase en algún momento a dudar del cuidado que Dios tiene de nosotros, tomemos el microscopio y veamos el maravilloso cuidado que tiene de las innumerables criaturas que se hallan bajo nosotros, y ciertamente nuestra razón ha de quedar satisfecha y, con la bendición de Dios, nuestra fe fortalecida.
  14. Humíllennos todas las obras y misericordias de Dios (v. 4). Este es su efecto apropiado sobre todas las criaturas racionales. Scott: «¿Qué somos sino miserables, culpables, contaminadas, ingratas, rebeldes y apóstatas criaturas?». Nuestro lugar está en el polvo. Y no temamos adoptar un lugar bajo; nuestro origen, nuestra maldad, nuestra debilidad, todos nos colocan en él. Si alguna vez nos levantamos, ha de ser postrándonos; si alguna vez somos exaltados, ha de ser con abatimiento.
  15. ¡Cuán bendita es la verdad de que nuestro Salvador ya no puede ser humillado «a causa del padecimiento de la muerte» (vv. 5-6; cf. He. 2:6-9)! Su obra se ha hecho, su conflicto ha acabado, sus tentaciones han terminado. Así será, también, a su debido tiempo, con todos sus escogidos.
  16. El gran poder que Dios ha dado al hombre sobre la creación animal debería ejercitarse con misericordia. La crueldad para con las criaturas mudas endurece terriblemente el corazón, y provoca a Dios. «El justo cuida de la vida de su bestia;
    mas el corazón de los impíos es cruel» (Pr. 12:10; cf. Dt. 22:6).
  17. La iglesia permanecerá. Cristo la tiene por pacto antiguo (v. 6).
  18. ¡Cuán grande es nuestro Emmanuel! Es el segundo Adán, y el Señor del cielo; gobierna el universo (vv. 5-9).
  19. ¡Qué revelaciones produce la redención! La condición feliz que el hombre perdió por el pecado, la recupera y restaura por la fe en la encarnación y mediación de Jesucristo.
  20. Feliz el hilo de pensamientos que comienza y acaba en piadosa y ferviente adoración (vv. 1-8).
  21. Cada vez que contemplemos los cielos, meditemos en Dios y alabémosle por lo que Él es y hace; y, especialmente, llévenos nuestra visión del poder creativo y cuidado providencial al tema más elevado de la salvación por Cristo.
  22. Es asombroso que hombres que no tienen ninguna intención de alabar a Dios aquí, esperen ser admitidos en el cielo para alabarle allí. La muerte no hará a ningún hombre amante de la música o de las actividades celestiales.
  23. Cuando toda la obra de Cristo sea hecha, todos sus enemigos humillados y todos sus redimidos traídos a casa, entonces se confesará que el mayor movimiento jamás realizado tiene que ver con la recuperación del hombre, el mayor reino jamás implantado es el reino que no es de este mundo, y el mayor conquistador jamás conocido es el Capitán de nuestra salvación. Ahora, realmente, nada se acaba; de hecho, a menudo todo parece tohu vau bohu («sin forma y vacío»). Calvino: «Pablo razona de este modo: “Si todas las cosas han sido subyugadas a Cristo, nada debería oponerse a su pueblo”. Pero vemos que la muerte aún ejerce su tiranía contra ellos. Se sigue, por tanto, que queda la esperanza de una condición mejor que la presente». Pero, cuando se coloque la última piedra en la iglesia y su gloria sea revelada, nadie dirá que Sión no es gloriosa, ni que su Cabeza no es la principal entre diez mil.

W. S. Plumer

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Este obra est· bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.
Creado a partir de la obra en http://www.iprsevilla.com.

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