Salmo 7

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Está bien convertir todo lo que nos sucede en la vida como ocasión para la devoción. ¿Qué podía ser menos adecuado para despertar emociones piadosas que las palabras y hechos de Cush? Sin embargo, los tales llevan a David a orar y a cantar de un modo en que obtiene consuelo para sí mismo y ánimo para la iglesia de todas las épocas venideras.
  2. En la devoción, está bien usar los diversos nombres y títulos bíblicos de Dios (vv. 1, 3, 11, 17). Todos ellos son adecuados para fortalecer nuestra fe. No deberíamos, sin embargo, emplearlos como meros expletivos, ni con tanta frecuencia que muestre falta de reverencia.
  3. Moller: «Aun ante las calumnias más graves, mediante las cuales los hombres buscan destruir nuestro buen nombre y nuestra misma vida, deberíamos mantener aquella moderación y ecuanimidad escogidas, ejemplificadas por David y por otros santos».
  4. Es una gran bendición tener tanta fe que podamos decir sinceramente: «Dios mío» (v. 1). El que puede rogar así, prácticamente declara lo que dice Henry: «Tú eres mi Dios y, por tanto, mi escudo (cf. Gn. 15:1); mi Dios y, por tanto, soy uno de tus siervos, que puede esperar protección». Calvino: «Se da una genuina e indudable prueba de nuestra fe cuando, siendo visitados por la adversidad, no obstante, continuamos albergando y ejercitando nuestra esperanza en Dios […]. La puerta de la misericordia está cerrada a nuestras oraciones si la llave de la fe no nos la abre». Morison: «En épocas tenebrosas, la fe mira a Dios como refugio y defensa seguros, siempre cercano a sus siervos afligidos en la hora de su situación más extrema».
  5. La persecución no es ninguna novedad (v. 1). Comenzó con Caín. Fue retomada por hombres malignos en épocas subsiguientes, incluyendo a Clush, Pilatos y otros millares de hombres. La iglesia de Roma obliga a todos sus obispos, bajo juramento, a perseguir a cuantos puedan. La persecución durará mientras se aíren los malvados y se les permita mostrar su malicia. Todos los perseguidores se hallan tan alejados, que aborrecen la santidad en Dios y en el hombre, especialmente en el hombre, puesto que la ven.
  6. La salvación y liberación tanto de los enemigos menores como de los mayores, ha de ser buscada y esperada solo en Dios (v. 1).
  7. La oposición de los hombres carnales a la verdad y la piedad es feroz, cruel y mortal (v. 2). Despertados, son como bestias salvajes. Dickson: «Si Dios mismo no se interpone en defensa de sus siervos injustamente calumniados, nada puede esperarse de los malvados enemigos airados, excepto una crueldad bestial».
  8. Ningún poder humano podría haber salvado a la iglesia de su completa extinción, que se habría producido hace ya tiempo (vv. 1-2). Moller: «Los peligros de la iglesia son más y mayores de lo que pueda expresarse en una frase. Como Daniel, habita entre leones. Siempre y por todas partes, el león rugiente y los lobos feroces acechan a los piadosos. Pero invocar a Dios nos lleva a un refugio seguro». Morison: «Satanás es «acusador», «adversario», «mentiroso» y «padre de mentiras», la «serpiente antigua», el «príncipe de la potestad del aire», el «dios de este mundo», el «príncipe de las tinieblas», el «espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia»; y nadie puede resistirle eficazmente, excepto con la «armadura» de Dios, a diestra y a siniestra». Pero nuestro Salvador es todopoderoso, y ello deja el asunto resuelto.
  9. Es de todo punto correcto que nos sometamos al gobierno de Dios, como Juez justo de toda la tierra (vv. 3-5).
  10. La humildad no nos obliga a reconocer las falsas acusaciones vertidas contra nosotros. Lo que exige la humildad no es que nos juzguemos por debajo de la verdad, ni por encima de ella, sino conforme a la misma (vv. 3-5).
  11. Moller: «Frente a los rumores malvados, deberíamos contentarnos con contraponer el solo juicio de Dios». Algunas controversias no se resolverán hasta el día final.
  12. La inocencia consciente es un escudo maravilloso (vv. 3-5). El justo es valiente cual león. Para la justicia no hay sucedáneo. Esta es nuestra muralla de bronce, como la llama uno de los poetas. Esta es la fuente de deleite de todos los santos. «Nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia» (2 Co. 1:12). Dickson: «Aunque la inocencia no pueda librar al hombre de ser injustamente calumniado, al menos le proveerá de una buena conciencia y mucha valentía delante de Dios».
  13. La doctrina de hacer bien por mal y de amar a los enemigos, es tan antigua como la verdadera piedad. Fue practicada por David. Dickson: «Cuanto más pague el hombre bien por mal, mayor confianza tendrá cuando vaya a Dios; porque la inocencia sirvió a David para librar a Saúl, que sin causa era su enemigo» (v. 4). Horne: «Feliz el que puede reflejar que ha sido un benefactor de sus perseguidores». Calvino: «Cuando alguien no solo no responde al daño causado, sino que se esfuerza por vencer el mal con el bien, manifiesta un auténtico modelo de virtud celestial, demostrando que es un hijo de Dios, pues semejante gentiliza solamente procede del espíritu de adopción». Lutero: «Señálese también que David manifiesta aquí un grado de justicia evangélica. Porque retribuir el mal con mal, la carne y el viejo Adán piensan que es correcto y apropiado. Pero estaba prohibido aun en la ley de Moisés, ya que tan solo el magistrado podía inflingir mal; en consecuencia, no podía proceder de la malicia y autoridad de uno mismo». Que la ley del Sinaí requería de buena voluntad y de bien por mal, lo sabemos por el sermón del monte (cf. Mt. 5:43-48), y por estas frases: «El amor no hace mal al prójimo […] el cumplimiento de la ley es el amor» (Ro. 13:10). Que David practicó este principio es algo que admite el propio Saúl: «Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo» (1 S. 24:19).
  14. Los hombres buenos no se equivocan al anteponer el honor a la vida (v. 5). La muerte era un mal a juicio de David, pero pisotear el honor lo era aún mayor. Bendito sea el nombre de Dios, pues que, aunque a veces nos llama a dar la vida, jamás nos demanda que sacrifiquemos el honor. Es doctrina del engañador que la mayor calamidad sea la pérdida de la vida natural (cf. Job 2:4). Fácilmente, podemos amar la vida demasiado. No es posible preocuparse demasiado por conservar la integridad, pero sí por conservar la vida.
  15. La ira de los malvados ciertamente será detenida. Si los pensamientos de la misericordia de Dios no los paran, les sobrecogerá un sentido de su ira (v. 6). Si los malvados pueden encender fuegos terribles, Dios puede encender hogueras aún más ardientes y mayores. Si los malvados pueden enviar fuertes imprecaciones y maldiciones, Dios puede enviarlas aún más fuertes. Dickson: «Cuando nuestros enemigos son desesperadamente maliciosos y nada puede mitigar su furor, mitigue nuestra pasión la consideración de la justicia de Dios. Porque él se levantará, en su ira, contra ellos».
  16. Es una bendición cuando sabemos que nuestras oraciones coinciden con el plan divino. Esto enfervorizó a David (v. 6). Esto alentó a Daniel (cf. Dn. 9:1-27). Esto es el alma de la oración. Porque «esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye» (1 J. 5:14). Oremos principalmente por las cosas por las que Dios nos manda que pidamos. En otras cosas, siempre confesemos que no sabemos lo que es mejor, y pidamos a Dios que escoja por nosotros.
  17. Antes de que venga el juicio de Dios, puede hacerse largo, pero, cuando lo haga, tanto el santo como el pecador dirán que no tardó (v. 6).
  18. El trato que Dios da a los malvados es útil. «Jehová se ha hecho conocer en el juicio que ejecutó» (Sal. 9:16). «Luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia» (Is. 26:9). Aunque el mundo es malo, sería indeciblemente peor si no fuese porque Dios lo mantiene a raya, tratando con severidad a algunos que le sirven de ejemplo; en realidad, poniendo freno a todos.
  19. Podemos rogar a Dios por su iglesia (v. 7; cf. Is. 63:17). Esto no implica que haya mérito en ella; el mérito está solo en Cristo. Pero Dios ama a Sión y, por tanto, podemos pedirle que actúe en favor de la causa en la que ha puesto su corazón.
  20. Podemos, por tanto, rogar a Dios que no renuncie a su gobierno, ni siquiera que lo parezca (v. 8). El mundo está más en paz cuando, de manera unívoca, se ejecutan buenas leyes, humanas y divinas.
  21. Aunque en una disputa dada con el hombre podamos ser completamente inocentes, y podamos decirlo delante del cielo y de la tierra (vv. 3-5, 8), debemos cuidarnos de alegar que delante de Dios estamos sin pecado, o que no seamos abyectos pecadores.
  22. Podemos descansar seguros de que la maldad será final y absolutamente derrotada. Dios lo ha dicho; su pueblo lo desea (v. 9). Charnock: «Dios puede reconciliarse con el pecador, pero no con el pecado».
  23. La estabilidad del santo es tan grande como la inestabilidad del pecador (v. 9). Lo que contribuya a la una, contribuirá también a la otra.
  24. Meditemos a menudo en la omnisciencia divina (v. 9). Si no nos es de consuelo el hecho de que Dios pruebe el corazón y las intenciones, debe de ser porque no lo entendemos o apreciamos como debiéramos. Los vilipendiados y difamados de la tierra han podido consolarse con esta verdad. «Los nubarrones de la calumnia que se han posado sobre los piadosos, les han impulsado, con mayor frecuencia, a someter sus corazones e intenciones al examen del ojo omnisciente».
  25. Al igual que todas las gracias del cristiano están aliadas, todos los deberes de la religión son útiles los unos a los otros. La meditación ayuda a la oración (vv. 9-10).
  26. Debemos confiar principalmente en las verdades comunes de la religión, para nuestro estímulo y sustento (vv. 9-11). Lo recóndito rara vez es de gran utilidad. Los hombres no son salvos por la metafísica, ni por verdades difíciles de entender para los dóciles, sino por verdades sencillas y claras.
  27. Quienes no son rectos de corazón, sinceros en su amor y honestos con Dios y el hombre, no tienen derecho a esperar que se les oiga y salve (v. 10). Scott: «No podemos estar delante de Él (que prueba el corazón y las intenciones), ni siquiera conforme a su nuevo pacto de misericordia, “sin simplicidad y santa sinceridad”, y escrupulosa integridad en nuestra habitual conducta».
  28. No piense el malvado que la paciencia de Dios significa connivencia con el pecado (v. 11). Dios verdadera y terriblemente está airado con el malvado todo el tiempo. Henry: «Al igual que sus misericordias son nuevas cada mañana para con su pueblo, su ira es nueva cada mañana contra los malvados».
  29. La doctrina de un cambio de corazón y vida se extiende por todas las Escrituras (v. 12). Arrepentimiento o perdición, conversión o destrucción, son las alternativas presentadas en la palabra de Dios. No es de extrañar que Cristo expresara sorpresa de que Nicodemo fuese ignorante de esta doctrina; se enseña en todo el Antiguo Testamento.
  30. Cuando a Dios le plazca, puede destruir fácilmente a sus enemigos. Todas sus armas e instrumentos están preparados (vv. 12-13).
  31. La ira de Dios contra los perseguidores arde con terrible intensidad. Scott: «Los perseguidores han de esperar su más severa venganza […]. Los siervos de Dios que son perseguidos celebrarán sus alabanzas y se regocijarán en su favor, mientras que sus perseguidores serán arrojados al pozo de la destrucción y soportarán la ira de su Juez justo, y todos sus astutos planes contribuirán a que se produzca este acontecimiento final». Henry: «De todos los pecadores, los perseguidores son puestos como la señal más clara de la ira divina; contra ellos más que nadie ha ordenado Dios sus flechas. Desafían a Dios, pero no pueden colocarse fuera del alcance de sus juicios». Morison: «Es sabio y seguro dejar a todos nuestros perseguidores y calumniadores en las manos de nuestro todopoderoso Libertador. Él puede “contener su ira y hacer que la que quede lo alabe”; o puede cambiar su cruel propósito y despertar en su pecho sentimientos de gentileza y benevolencia».
  32. La misma miseria de los malvados debería convencerlos de su pecado y necedad. Se esfuerzan mucho, pero el resultado es vanidad. Planifican, y el resultado es fracaso. Nada satisface. Todo el tiempo, las piedras que los malvados lanzan al aire caen sobre sí mismos. Saúl fue muerto por los filisteos, a quienes deseaba emplear para matar a David. «Y los judíos, que indujeron a los romanos a crucificar a Cristo, fueron terriblemente destruidos por los romanos, y muchos de ellos crucificados». Henry: «El pecador hace grandes esfuerzos por destruirse, más esfuerzos por condenar su alma que, si la dirigiera bien, para salvarla». Si los malvados no estuviesen ciegos, verían todo esto. Aun aquí, sus malas pasiones, consejos y mentiras les perjudican más que otras cosas (vv. 15-16). Lutero: «Esta es la incomprensible naturaleza del juicio divino, que Dios prende a los malvados en sus planes y consejos, y los lleva a la destrucción que ellos mismos han maquinado». Si estas cosas son así en esta vida, en que nada se termina, ¿qué no podemos esperar de la futura?
  33. En las horas más oscuras, está bien alabar a Dios (v. 17). Job lo hizo; Pablo y Silas lo hicieron en la cárcel de Filipos. Si somos siervos de Dios, siempre podemos alabarle por lo que Él es, por lo que ha hecho por los demás, por lo mucho que ha hecho por nosotros, por lo que esperamos que hará por nosotros. Deberíamos dar gracias a menudo por las victorias que han de venir. Deberíamos alabarle por nuestras aflicciones más intensas. Aristóteles nos habla de un ave que canta dulcemente, a pesar de vivir siempre entre espinos.
  34. Tras ser liberados, es monstruoso no dar gracias de todo corazón. Los buenos modales requieren que alabemos a nuestro Libertador. Crisóstomo: «Alabemos al Señor perpetuamente; jamás dejemos de dar gracias en todas las cosas, con nuestras palabras y con nuestros hechos. Porque este es nuestro sacrificio, esta es nuestra oblación, esta es la mejor liturgia o servicio divino, semejante al modo de vida angelical. Si seguimos así, cantándole himnos, acabaremos esta vida sin ofensa, y disfrutaremos también de las buenas cosas que están por venir».
  35. Muchos versículos de este salmo muestran que las verdades de la religión en que, a menudo, menos se medita, son las más útiles. Las perfecciones y gobierno de Dios son un gran estudio. Acudamos a menudo a ellas y a otras verdades fundamentales.
  36. Dickson: «El fruto de la fe unido a una buena conciencia es el acceso a Dios, mediante la oración, en confianza, paz y tranquilidad de mente, mitigación de la dificultad, protección y liberación, como aquí demuestra la experiencia del profeta».
  37. El viejo, seguro y único camino al reino de los cielos es la mucha tribulación.
  38. Scott: «Miremos, en medio de todas nuestras pruebas, al Salvador. Solo Él fue perfecto en justicia; sin embargo, nadie ha sido injuriado, calumniado y aborrecido como Él. Vivió y murió haciendo bien a sus enemigos y orando por ellos». Nunca erramos al mirar a Jesús como ejemplo, precepto, fuerza, sabiduría y justicia.

W. S. Plumer

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