Salmo 4

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Las alabanzas de Dios en el santuario deberían conducirse con destreza para que sean edificantes. El tema de la música eclesiástica es digno de la atención del pueblo y ministros de Dios. El evangelio no prescribe ni prohíbe ningún modo particular de conducir esta parte de la adoración, siempre que sea decente y edificante. El que haya un «músico principal» o una banda de músicos en cada congregación, es algo que Dios no ha decidido, pero en todos los lugares deberíamos edificar a la iglesia con salmos e himnos y cánticos espirituales. El pueblo debería cantar.
  2. ¡Cuán simples son los remedios provistos para el pueblo de Dios en todas sus pruebas diversas! Dickson: «Aunque haya muchas y diferentes dificultades para los piadosos, no hay más que un Dios que dé consuelo, y una manera de obtenerlo de Dios, a saber, mediante la oración con fe: «Respóndeme cuando clamo» (v. 1).
  3. El gran fundamento de la esperanza cristiana está en la justificación por la justicia de Dios, que es la justicia de Cristo (v. 1). Esta da acceso a Dios.
  4. ¡Cuán bendita es la doctrina de la misericordia divina! Es toda nuestra esperanza (v. 1).
  5. ¡Cuánta ventaja tiene sobre el joven converso, el siervo de Dios que ha sido probado! (vv. 1, 7). No hay profesor que enseñe como la experiencia. Si no fuésemos muy incrédulos, todos los cristianos de más edad hace tiempo que tendrían una confianza ilimitada en Dios. Se ha manifestado en nuestro favor tan a menudo, que nunca deberíamos volver a desconfiar de Él. Las grandes liberaciones deberían despertar una gran gratitud e inspirar gran calma en las nuevas pruebas.
  6. No se sorprenda ningún hombre de tener amargos y habituales enemigos (v. 2). Aun los viejos amigos a menudo se vuelven contra los piadosos. Venema: «La estima y el favor de los hombres son muy engañosos y variables». No injuriemos a los que nos calumnian, sino advirtámosles y llamémosles al arrepentimiento. Calvino: «Aunque nada nos duele más que ser falsamente condenados, y soportar al mismo tiempo injusta violencia y calumnia, sin embargo, que hablen mal de nosotros por hacer el bien es una aflicción que diariamente acontece a los santos. Y les conviene tanto ejercitarse en ello como apartarse de todas las tentaciones del mundo, y depender completa y solamente de Dios». Cumplimos con nuestro deber cuando nos aseguramos de que las malas cosas que dicen de nosotros son falsas o, si son verdaderas, nos arrepentimos sinceramente de ellas.
  7. Sean un ejemplo de contentamiento, moderación y obediencia a las leyes aquellos que viven bajo buenos gobiernos, y no se unan con los pendencieros para protestar contra los gobernantes y las leyes, que les aseguran todas las bendiciones que puedan razonablemente esperar. El que resiste a un gobierno legítimo, a Dios resiste. El que protesta contra él, protesta contra el que lo estableció (v. 2).
  8. Es cosa menor ser juzgado por el juicio del hombre. Quienes aman la vanidad y las mentiras, más que condenarnos, nos alaban con sus reprobaciones (v. 2). Debemos encargarnos, viviendo en santidad, de demostrar que sus calumnias son falsas.
  9. Los malvados no saben lo que hacen cuando molestan y persiguen a los siervos de Dios (vv. 2-3). No a las viudas de Israel, sino a su pueblo por toda la tierra, venga Dios. Dickson: «La causa de que el mundo menosprecie la piedad de las personas de los hijos afligidos de Dios, es la crasa ignorancia de los preciosos privilegios de los siervos sinceros del Señor».
  10. Los malvados siempre están llamándose a engaño. Son falsos respecto a todos sus mejores intereses. Todo lo que hacen es en su propia contra. Cada error implica otros. Su gran dificultad es que son sensuales, no teniendo el Espíritu. Dickson: «Los meros hombres naturales no pueden hacerse sabios, ni por la palabra de Dios ni por la experiencia de sus propias personas u otras, para considerar que las cosas de esta tierra, como las riquezas, el honor y el placer temporales, no son más que vanidad y mentiras engañosas, que prometen algo y no pagan sino con aflicción de espíritu, a causa de la culpabilidad y miseria que conlleva su abuso».
  11. El pueblo de Dios no puede actuar más sabiamente que cuando confía y espera en Él, aun en los tiempos más oscuros (vv. 3, 5). La confianza en Dios es tan segura para nosotros como honorable para Él. Venema: «La mayor excelencia y gloria del hombre es disfrutar del favor y gracia de Dios, y tener la esperanza de ser oídos cuando clamamos a Él». «En medio de peligros y males, nada es más seguro que hacer de Dios nuestro refugio».
  12. ¡Cuán felices son todos los siervos de Dios! (v. 3). Son apartados para Dios como vasos de honra: 1. Mediante una elección libre, eterna, santa e inmutable en Cristo Jesús; 2. Mediante una regeneración poderosa, interna y espiritual; 3. Mediante una justificación perfecta e irrevocable; 4. Mediante una providencia bondadosa, sabia y veladora, que ordena todo lo que les afecta, y les distingue por esto: que todas las cosas les ayudan a bien, haciendo más bienaventuradas sus aflicciones que las alegrías de los malvados, y dándoles la victoria aun en la muerte; 5. Los tales serán abierta y gloriosamente reconocidos y apartados en el último día. Son apartados para el servicio, honor y disfrute de Dios ahora y en la vida venidera. El servicio y disfrute son imperfectos ahora; pero, en el mundo venidero, los santos amarán y se regocijarán en la perfección. Con todas sus imperfecciones, son las joyas de Dios, y al final esto se les reconocerá (cf. Mal. 3:17). El mayor disfrute de la tierra se encuentra en la comunión con Dios. Dickson: «El consuelo del Espíritu de Dios y el sentido de la reconciliación del hombre con Dios en Cristo, es mayor de lo que pueda ser ninguna alegría terrenal, y es capaz de suplir la falta de riquezas, honores y placeres mundanos, y suavizar, o incluso erradicar, el sentido de pobreza, desgracia o cualquier otro mal» (v. 7).
  13. La verdadera fe nunca se encuentra sin argumentos para fortalecerse. Razona con la justicia de Dios, con sus favores pasados, con su angustia presente, con la misericordia de Dios (v. 1), con sus propósitos, con su providencia (v. 3). De hecho, la fe siempre tiene alguna buena razón que alegar. Son los incrédulos los que no tienen nada que alegar.
  14. Aprendamos a juzgar con justo juicio. ¡Cuán a menudo los malvados juzgan por las apariencias externas! Para muchos, el éxito y la prosperidad son la prueba de una causa justa. Las calamidades externas nunca demuestran que alguien esté sin el favor de Dios, aunque muchos hombres malvados piensen lo contrario.
  15. Las ideas respecto a la ira presentadas en la exposición del versículo 4, muestran la gran importancia de no sostener ninguna regla de conducta moral que se aleje o se añada a las Escrituras. Cuando los hombres intentan ser más santos que la ley de Dios, caen en confusión.
  16. La verdadera religión está dispuesta a hacer sacrificios (v. 5). Trae sus ofrendas con una mente voluntaria y una mano abierta. A los reticentes y reacios, se les puede decir: «Nunca llegaréis al cielo a ese precio». Henry: «Servid a Dios sin desconfiar de Él ni temer sufrir pérdida por Él. Honradle confiando solo en Él, y no en vuestras propias riquezas, ni en un brazo de carne. Confiad en su providencia y no os apoyéis en vuestro propio entendimiento. Confiad en su gracia y no vayáis a establecer vuestra propia justicia o suficiencia». Nunca ofrendéis una pequeña miseria. Dadle todo lo que tenéis, sois y esperáis.
  17. Cumplir con todo nuestro deber conocido y, después, sentir que no merecemos nada bueno y que no somos más que siervos inútiles, necesitados de toda la misericordia de Dios en Cristo, es el summum de la sabiduría terrenal (v. 5).
  18. No hay piedad sin confianza en Dios (v. 5). Si no tenemos confianza en Él, ¿cómo podemos tener piedad? Las grandes liberaciones deberían inspirar fuerte confianza en Dios.
  19. La confianza es un elemento de la fe, y sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios. Los paganos se deleitaban en adorar objetos materiales, pero «nosotros debemos adorar a un Dios que no se ve, y buscar un bien que no se ve (cf. 2 Co. 4:18). Miramos con los ojos de la fe más allá de lo que podemos ver con los ojos materiales».
  20. Cuídense todos del engaño de confiar en que el futuro de este vida podrá proporcionar más disfrute que el que su experiencia del pasado les permite esperar (v. 6). Bickersteth: «Los jóvenes esperan hallarlo cuando crezcan y sean sus propios amos; los padres, cuando sus hijos se establezcan y obtengan su subsistencia; el mercader, cuando adquiera las riquezas y se asegure la independencia; el jornalero, cuando el trabajo del día o de la semana se haya acabado; el ambicioso, ganando poder y reputación; el codicioso, ganando dinero para suplir todas sus carencias; el amante del placer, en el disfrute terrenal; el enfermo, en la salud; el estudiante, ganando conocimiento; el que se justifica a sí mismo… (cf. Ro. 10:2-3)».
  21. Los grandes peligros normalmente preceden a los grandes ascensos. David lo aprendió. El camino hacia algún gran logro habitualmente es escarpado y escabroso. Esto es verdad respecto a todas las cosas, pero es especialmente verdad respecto a los logros morales. No se desalienten los hijos de Dios por la grandeza de su camino; ninguna cosa extraña les ha ocurrido.
  22. Las más dulces consolaciones son las que vencen a los dolorosos y terribles conflictos y aflicciones (vv. 6-7).
  23. En el versículo 7 hay una alusión a la vida feliz del agricultor. Fue una gran misericordia cuando, siendo el hombre sentenciado al duro trabajo por su pecado, Dios permitió que el trabajo normalmente fuese al aire libre, bajo la luz del sol y, generalmente, conforme a la libre disposición de cada cual. De todas las inocentes alegrías temporales de la tierra, pocas exceden a las del labrador. No hay vida más independiente.
  24. El pueblo de Dios no tiene dolor que escape al control y consuelo divinos (v. 7). Morison: «¡Oh, feliz religión de la cruz! ¡Puedes irradiar el escenario más oscuro con los brillantes rayos de la paz celestial! ¡Tus alegrías no son terrenales ni fugaces! Colman el alma en la que moran».
  25. Casi todo este salmo muestra el valor de una buena conciencia. ¿Cómo podría David haberse soportado a sí mismo, como lo hizo, excepto que estuviera libre de un corazón condenatorio?
  26. La condición del pueblo de Dios nunca es desesperada. Moller: «La esperanza en Dios les queda cuando son desprovistos de toda ayuda y protección humanas».
  27. El pueblo de Dios incuestionablemente posee el notabilísimo secreto de convertir el mal en bien (algo mucho más valioso que la piedra del alquimista de la fábula, que podía convertirlo todo en oro).
  28. Cuando Dios nos pone en algún lugar, no hemos de temer nada. El que nos llamó, puede sostenernos. David lo aprendió. Payson dijo que, si Dios le llamase a gobernar media docena de mundos, sería bastante seguro seguir adelante y, humildemente, hacerlo lo mejor posible; pero que no le parecería seguro intentar, sin que se le ordenara, gobernar otra tanta cantidad de ovejas.
  29. Si queremos asegurar las bendiciones de Dios, debemos alegar sus promesas. A los incrédulos, justamente se les coloca con los abominables. No deberíamos olvidar que una promesa hecha a todo el conjunto de los creyentes, es válida para asegurar los intereses de cada uno de ellos, y que una promesa hecha a cualquier creyente es, por fuerza, para el bien de todos los demás creyentes hasta los confines del mundo.
  30. Hagamos todo el esfuerzo de nuestra parte y, después, no confiemos en los medios, sino en Aquel que los ha ordenado. David huyó de sus enemigos, pero obtuvo su seguridad en Dios, no en la huida.
  31. El auto-examen es un deber de la verdadera religión bajo todas las dispensaciones. Si los hombres no fuesen muy insensibles al valor de las cosas eternas, se preocuparían más de este deber. Sin duda, algunos «tienen miedo y no quieren mirar en sus corazones, no sea que la conciencia les convenza y ponga de manifiesto su lamentable condición. El hogar les es demasiado caliente». Pero, ciertamente, el hombre sabio será honesto consigo mismo antes de que venga el día del juicio final. Todas las noches invitan especialmente a este deber. En ellas, reina el silencio; el mundo está ausente; el sueño, la misma imagen de la muerte, nos llama a pensar en las cosas eternas (v. 8). Aun algunos de los paganos hacían un repaso nocturno de su conducta moral durante el día.
  32. Al escribir sobre este salmo, el autor ha leído, con gran satisfacción, no pocas exposiciones y tratados sobre esta porción de la Escritura. Por otra parte, puede decir que nunca ha sentido más el peligro de escribir paparruchas o tomar la Escritura a la ligera, que cuando ha leído a otros autores. Cuando un predicador o escritor se propone tomar cualquier parte de la palabra de Dios a la ligera, tiene razón para temer que haya perdido su relevancia.
  33. ¡Cuán agradable es caminar con Dios y que derrame su consuelo en nuestra alma para reconfortarnos! (vv. 6-7). Bates: «La comunión con Dios es el comienzo del cielo, y difiere de la plenitud del gozo que hay en la presencia divina celestial tan solo en el grado y modo de cumplimiento; al igual que el resplandor rosáceo de la mañana tiene la misma luz que el glorioso brillo del sol a mediodía».
  34. Si el David literal estaba tan seguro y triunfó tan completamente, cuán endeble es todo el ejército que se levantó contra él (la raíz y la descendencia de David). Su descanso es ciertamente glorioso.
  35. Al igual que, o bien los partidarios de David o bien sus enemigos estaban ciertamente equivocados respecto a una gran cuestión pública, ahora, o bien los santos o bien los pecadores tristemente están haciendo el tonto. El uno o el otro ciertamente será abatido. Si los pecadores tienen razón, los santos son los más miserables de los hombres; si los santos agradan a Dios, los pecadores son lunáticos.

W. S. Plumer

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