Salmo 3

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Todo el mundo tiene sus propias dificultades. El rey está tan sujeto a las alternancias de alegría y tristeza como cualquiera de sus súbditos. Esto enseña todo el salmo. A veces, David probablemente fuera el hombre más afligido de Israel (v. 1). Quizá, además, haya una distribución de felicidad y miseria mucho más igualada de lo que, a veces, estamos dispuestos a admitir. Antes de quejarnos de nuestra situación por parecernos particularmente grave, consideremos la condición de algunos a nuestro alrededor, y comprobaremos cuánta similitud tienen con nosotros tanto los que están por encima como los que están por debajo nuestro en su posición social.
  2. Los mejores padres pueden tener los peores hijos. David tuvo a su Absalón. Esto no es común, pero es posible. Los efectos de una educación piadosa a menudo no se hacen manifiestos, hasta casi llegar a romper el corazón de los padres la maldad de sus descendientes. En algunos casos, de hecho, quienes han tenido los mejores ejemplos e instrucciones, viven y mueren en pecado. La gracia no es hereditaria. Dios es soberano.
  3. ¡Cuán necios son los que confían, para su felicidad, en el favor popular! Nada es más inestable. Puede que David anhele reinar y hacer el bien, pero cuando llega la rebelión, las masas se vuelven contra él (v. 1). Siempre ha sido así. Por un tiempo, Israel dice que no hay nadie como Moisés. Muy pronto viene la dificultad; entonces, murmuran contra él. El mismo pueblo que, en un momento, consideran a Pablo un asesino perseguido por la venganza divina, al momento siguiente, dice que es un dios. La misma multitud que clama: «Hosanna al hijo de David», a los tres días reclama su crucifixión. El aliento popular es inestable como el viento, y ligero como la vanidad. El que no se tenga, no prueba nada contra el valor de ningún hombre. El que se posea, no da derecho a ser estimado a ningún hombre.
  4. Los grandes delitos normalmente no se pueden ocultar. Parece que el plan de Dios es sacar a la luz las obras viles, aun cuando han sido cometidas por grandes y buenos hombres. Nuestro dicho es: «El asesinato se manifestará». Dios puede reunir a tantos testigos que, en cualquier momento, puede evidenciarse. El canto de un nido de pájaros llevó a alguien a confesar parricidio. La angustia de los hermanos de José les llevó a reconocer su culpa respecto a su hermano. Absalón parece haber sido el hijo favorito de David (cf. 2 S. 13:39). Sin embargo, fue el espino más agudo que se clavara en el costado de su padre. Así pues, Dios saca las malas obras de David y las castiga a plena luz del sol. Él sabe cómo hacer que el hierro penetre el alma de su pueblo errado.
  5. Si quieres conocer las cosas perfectamente, ve a la escuela a experimentar. ¡Cómo ayudan sus lecciones a sentar la cabeza, expulsar la necedad y poner ante nosotros las cosas de la salvación! En este salmo, David habla como quien sabe lo que afirma. Se le habían enseñado algunas dolorosas lecciones, pero habían sido de las más provechosas de toda su vida.
  6. Dios puede afligir en gran manera a sus escogidos aun después de haberse arrepentido verdaderamente de sus pecados (v. 2). Así fue en el caso de David. El Señor a menudo ve que es bueno para nosotros tener un triste recuerdo del pasado. Cuando nos prueba de este modo, caigamos en los brazos del que nos castiga. Henry: «Los peligros y temores deberían conducirnos a Dios, no lejos de Él». En cuanto llega la dificultad, David acude a Dios. Benditas palabras: «Siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo» (1 Co. 11:32).
  7. Cuando viene la aflicción, busquemos la causa. «¿Por qué contiendes conmigo?» (Job 10:2). No cejemos en la búsqueda hasta que hayamos hecho un trabajo exhaustivo. Y, cuando encontremos la causa de nuestros problemas, arrepintámonos profundamente delante de Dios. Nunca recibimos de Dios un golpe más de lo que merecemos y necesitamos para nuestra purificación o utilidad. Y nunca nos arrepentimos con demasiada frecuencia o humildad por nuestros pecados. Ellos son más aborrecibles de lo que jamás hayamos sentido. El verdadero arrepentimiento no es un arrebato; es un hábito.
  8. Pero cuídense los siervos de Dios de desesperar. Aférrense a Él más estrechamente cuanto más intensas sean sus aflicciones. La desesperación puede hacer una obra de valor prodigiosa, pero jamás ha realizado una gran obra de fe y paciencia. Diga a menudo a su alma todo hijo de Dios: «Espera en Dios». Nunca crean los santos al tentador cuando dice: «No hay para ellos salvación en Dios». La confianza humilde y obediente en Dios es siempre segura y sabia (vv. 2-3).
  9. Nunca actuamos más sabiamente que cuando hacemos lo correcto y confiamos en Dios para la protección de nuestras vidas y personas, y para la defensa de nuestros buenos nombres. Él es nuestro «escudo», y nos defiende. Él es nuestra «gloria», y nuestro honor está seguro en sus manos (v. 3). Dios mismo es la esperanza de Israel.
  10. ¡Cuán triste es la condición de los hombres cuando Dios ya no los ayuda! ¿En qué otra cosa podía confiar David en su aflicción, más que en Dios? Y no era su prueba mayor que aquella a que todos estamos sujetos. Podría haber sido más severa. Y si, cuando viene el día de la tristeza, Dios niega su auxilio, ¿no estamos perdidos? ¿Por qué no ven los malvados que están obrando su propia ruina, de la misma manera que Absalón avanzaba firmemente hacia su propia destrucción?
  11. Siempre es seguro seguir el trazo de la voluntad de Dios que claramente se nos muestra en su palabra o en su providencia. David sabía bien que Dios lo había llamado al trono y se lo aseguraría; y, por tanto, ve que otros están batallando contra el todopoderoso. Calvino: «Si nuestros enemigos, al perseguirnos, luchan contra Dios, y no contra nosotros, de la consideración de su actuación ha de extraerse, de inmediato, la firme convicción de seguridad bajo la protección de aquel cuya gracia, que Él nos ha prometido, ellos menosprecian y pisotean con sus pies». «Aunque todo el mundo una su voz para llevarnos a la desesperación, solo Dios ha de ser obedecido, y siempre debe albergarse esperanza en la liberación prometida de Dios» (v. 3).
  12. Tenemos predisposición a abusar de todo. Aun nuestra experiencia pasada de las misericordias de Dios pueden, por la dureza de nuestros corazones, llevarnos a no procurar más progreso en conocimiento y gracia. Por otro lado, algunos obtienen muy poco consuelo de las maravillosas liberaciones de los días pasados. En cada nueva dificultad, se comportan tan puerilmente como en pruebas anteriores. Ambos extremos son erróneos. No deberíamos pensar en el pasado diciendo que hemos sentido o aprendido suficientemente; sino que, cuando somos probados, deberíamos rogar a Dios sus anteriores bondades, y animarnos con su recuerdo (v. 4).
  13. La oración es eficaz. Los mortales nunca han blandido un arma más poderosa (v. 4). ¡Oh, si todos nosotros tuviésemos corazones para acudir a Dios con fuerte clamor, como debiéramos. Henry: «La preocupación y el dolor nos hacen bien, y ningún daño, cuando nos llevan a orar, y nos conducen no solo a hablar con Dios, sino a clamarle con fervor».
  14. El poder calmante de la piedad es maravilloso (v. 5). Clarke: «El que sabe que tiene a Dios como protector, puede acostarse tranquilo y confiado, no temiendo la violencia del fuego, el filo de la espada, los designios de los hombres perversos, ni la influencia de los espíritus malignos». Hubo un hombre que estuvo tendido al pie de un árbol en África, con un tigre cerca de él, a un lado, y un chacal, al otro. Huir de ellos era imposible. Así que los dejó que se observaran el uno al otro, se encomendó a Dios, se quedó dormido y despertó a la mañana siguiente, viendo que el sol había salido y que ambos animales de presa se habían marchado. Déjalo todo a Dios y no temas nada. Henry: «La verdadera fortaleza cristiana consiste más en una graciosa seguridad y serenidad de mente, en paciente aguante y paciente espera, que en atrevidas empresas, espada en mano».
  15. Cuando Dios sustenta nuestro «espíritu, persona y causa», ¿hay algo más razonable que tener valor? (v. 5).
  16. La guerra de los malvados con la Iglesia de Dios es completamente inútil. Las mismas oraciones de los santos de todas las épocas forman a su alrededor un baluarte de fuerza inexpugnable (vv. 4-7).
  17. Tan cierta es la victoria final, que puede celebrarse antes de obtenerse (v. 7). Morison: «Tan deleitosa es la confianza que inspira el espíritu de la oración de fe, que el salmista habla de victoria sobre sus enemigos como si, realmente, se hubiera producido».
  18. Por muy oprimidos, menospreciados, perseguidos y desamparados que estén los siervos de Dios, encomiéndense a su misericordia y confíen en su gracia (v. 8). El Señor se agrada de ello. De ningún modo podemos dar más abundante honor a Dios que engrandeciendo su gracia y confiando en su amor.
  19. ¡Con qué facilidad se desalientan fatalmente los malvados! David, en su huida, está confiado. Ahitofel, en la corte, está desesperado y se ahorca.
  20. David fue un modelo de sufrimiento. Fue también un tipo de Cristo. Pero no está del todo claro que en este salmo haya de ser considerado típico. El Dr. Gill defiende con insistencia el carácter típico de David aquí. Pero muchos no consideran sus afirmaciones concluyentes. En un sentido, todo el pueblo de Cristo sufre con Él y, en algunas cosas, como Él; pero eso no los convierte en tipos de su Redentor. Por otro lado, no se enseña ningún error aludiendo a alguna porción de la historia sagrada, obteniendo de ella luz mediante comparaciones o analogías para explicar alguna otra parte, siempre que se haga con sano juicio y buen gusto. Así, Scott, sin encontrar aquí ningún tipo, simplemente dice: «Dejaremos de maravillarnos de las dificultades del rey de Israel, y casi dejaremos de pensar en nuestras pequeñas aflicciones, si miramos a Jesús como es debido, y contrastamos su gloria y su gracia con el desprecio y crueldad con que fue tratado. Habiéndose entregado a la muerte, santificó el sepulcro y se convirtió en las primicias de la resurrección. Su cabeza fue levantada, entonces, sobre sus enemigos, y así abrió el reino de los cielos a todos los creyentes. Sus enemigos, por tanto, ciertamente serán defraudados y perecerán; pero su pueblo puede descender al sepulcro, igual que a sus lechos, con esperanza y consuelo, pues el mismo Dios vela por ellos en ambos, y finalmente despertarán a eterna felicidad». Alexander: «Las expresiones están escogidas para adecuar el salmo a su principal propósito: proveer un modelo de sentimiento piadoso a la Iglesia en general y a sus miembros individuales en sus emergencias».
  21. Las contiendas y peligros de la guerra son una impactante –aunque inadecuada– representación de las terribles pruebas y enemigos que batallan en el corazón del pueblo sufriente de Dios en todos sus goces terrenales. Cómo sus pecados y tentaciones los engañan, traicionan, enfrentan, hieren y acercan a la muerte, de manera que los mejores de ellos apenas se salvan. Lutero: «Este salmo nos es provechoso para consolar las conciencias débiles y agobiadas, si entendemos –en sentido espiritual– por enemigos y hostilidad de los impíos, las tentaciones del pecado y la conciencia de una vida malgastada. Porque en esto es realmente afligido el corazón del pecador, solo en esto está débil y desamparado; y, cuando los hombres no están acostumbrados a levantar los ojos por encima de sí mismos ante las avalanchas de pecado, y a saber hacer de Dios su refugio ante una mala conciencia, hay gran peligro. Y es de temer que los malos espíritus, que en tal caso están dispuestos a apoderarse de las pobres almas, al final se las traguen y las lleven, a través de la angustia, a la duda».
  22. ¡De que modo tan extraño vienen las bendiciones sobre el cristiano! Su fuerza sale de la debilidad, su plenitud de la vacuidad, su gozo de la aflicción y su vida de la muerte. Apolinar llama al salmo tercero «cántico de lamento», y lo así. Sin embargo, ¿dónde hallaremos una expresión de mayor confianza que en algunas porciones de esta quejumbrosa composición?
  23. Este salmo muestra que, en un acto muy breve de devoción, cuando la mente se ejercita mucho en una cosa, se puede hacer uso de una rica variedad de imágenes y temas. En la devoción, la conexión lógica es de mucho menor importancia que el fervor, la humildad, la fe y el espíritu de sumisión e importunidad.

W. S. Plumer

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Creado a partir de la obra en http://www.iprsevilla.com.

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