Salmo 27

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Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Jehová mismo es el bien infinito, la porción de sus santos, su todo y en todo, su luz y alegría, su seguridad y liberación, su fuerza y refugio (v. 1). Si nuestra fe fuese tan fuerte como debiera, nada podría llenarnos de consternación o espanto. Puesto que Dios no cambia, la condición de su pueblo nunca es desesperada.
  2. Una de las mejores maneras de despejar las dudas y temores, es buscar la ayuda de las doctrinas más fuertes y las verdades más elevadas de la religión (v. 1). Las doctrinas débiles no pueden hacer frente a las tentaciones poderosas.
  3. No hay confianza mejor que la que ponemos en Dios; no hay gozo como el que Él da; no hay liberaciones tan manifiestamente gloriosas como las que Él obra; no puede ser más dulce la vida que cuando la sentimos como el don renovado de Dios (v. 1).
  4. El valor es deber del hombre y don de Dios (v. 1). Deberíamos autocensurarnos fuertemente por nuestra timidez desalentadora. Si tememos a Dios como es debido, todo temor despavorido resulta vano. No hay motivo para el tal. No hay triunfo sin intrepidez. Debemos ser heroicos, o debemos perecer.
  5. Es un privilegio indecible estar en el pacto de Dios, de modo que podemos decir: Él es mi luz, mi salvación y la fortaleza de mi vida (v. 1). Un Dios impersonal apenas está más lleno de indefinición que un Dios con quien no mantenemos relaciones personales o federales.
  6. Había gran sabiduría en la oración de John Wesley: «Señor, si he de contender, que no sea con tu pueblo». Cuando tenemos por enemigos y adversarios a quienes aborrecen a los buenos hombres, tenemos al menos esta consolación: que Dios no está de su lado y, por tanto, este es esencialmente débil (v. 2).
  7. El odio de los malvados a los justos es mortal. Quieren comer su carne (v. 2). Fue así desde el principio. Ha sido así siempre. ¡Oh, cómo han masacrado al pueblo de Dios!
  8. La manera en que los malvados fracasan es terrible. Si tuviesen sabiduría, el diluvio, la caída de Sodoma y Gomorra, el derrocamiento de Faraón y sus ejércitos, o cualquiera de sus grandes derrotas, les habrían convencido de que su guerra con Dios, su verdad y sus santos era absurda necedad. Desde que comenzó el mundo, el final de toda batalla que han librado contra Dios y su pueblo ha sido este: «Tropezaron y cayeron» (v. 2). «El éxito temporal de los malvados es solo una introducción a una desgracia y miseria más profundas».
  9. Aunque es fácil abusar, también es posible hacer un uso adecuado de las experiencias y liberaciones pasadas. En esto, David nos da un buen ejemplo (vv. 2,9). El que ha librado puede librar. El que creó el mundo puede hacer cualquier cosa. El que ha sido nuestra ayuda, luz, seguridad y fortaleza es eterno e infalible.
  10. Dios puede derrotar a un mundo en armas contra uno de sus escogidos con la misma facilidad con que puede reducir a nada el consejo y la ira de un hombre (v. 3). Para Él, un ejército es como un hombre, y todas las naciones como saltamontes. Si queremos obtener mucho consuelo, debemos estudiar los atributos de Dios y familiarizarnos con Él. El que no espera más que lo que las apariencias le indican, será una pobre criatura; mientras que el que espera contra esperanza, será una columna.
  11. Cuando a los justos les acontece lo peor, entonces mejoran las cosas. El ejército acampa, la batalla se enfurece, la resolución llega entonces, y el resultado es que los justos están tranquilos y seguros, y de este modo resultan victoriosos (v. 3).
  12. Dickson: «Un modo de fortalecer la fe es tomar la decisión, por la gracia de Dios, de poner la fe en acción, sin importar la dificultad, y en un sentido echar mano de nosotros mismos y sostener este escudo frente a los virulentos dardos cualesquiera que sean, aunque posiblemente, cuando llegue el empuje de picas, no resultemos ser tan fuertes como audaces» (v. 3).
  13. Calvino: «Entonces, la fe da fruto a su debido tiempo, cuando permanecemos firmes y sin temor en medio de peligros» (v. 3).
  14. El que hagan guerra a un hombre no significa que esté equivocado (v. 3). Las mejores causas y los mejores hombres a menudo se encuentran con la oposición más feroz.
  15. La adoración visible de Dios siempre ha sido y siempre debe ser una fuente de continuo gozo para los rectos (v. 4). No hay evidencia de que esto deje de ser así en un mundo futuro. Sabemos que no lo será. Véase el libro de Apocalipsis. Todas las ordenanza divinas de adoración son edificantes. Ciertamente, quienes esperan pasar su eternidad en las alabanzas de Dios, deberían afinar sus harpas para su servicio antes de abandonar este mundo.
  16. Cuando tenemos un buen pensamiento o deseo, no debemos entregarlo a la tentación, sino aferrarnos a él y abrigarlo (v. 4). Cuando alguien admiró la biblioteca de Leighton, él dijo: «Un pensamiento piadoso vale más que toda ella». Tenía razón.
  17. A veces, los hombres han hablado despectivamente del amor de gratitud a Dios y, a veces, del amor de complacencia en Dios. La Biblia no hace ninguna de las dos cosas. Al igual que en otro lugar recomienda aquel (cf. Sal. 116:1), aquí recomienda este (v. 4). El gran error de los malvados respecto a Cristo es que, cuando le ven, no hay en sus ojos belleza para que lo deseen. Quien no se preocupa de contemplar la hermosura del Señor, es un pobre y ciego pecador.
  18. En el fundamento de un sólido progreso en el aprendizaje, se encuentra el sentido de la ignorancia. Solo aquellos que manifiestan un espíritu dócil están en disposición de aprender, o de inquirir en el tempo de Dios (v. 4).
  19. La seguridad del pueblo de Dios en esta vida no consiste en la exención de dificultades y peligros, sino en el cuidado y protección de aquel que los esconde en su pabellón y en su tabernáculo, y los pone sobre una roca (v. 5).
  20. Aunque la gravedad y solemnidad conforman la casa de Dios, deberíamos, aun en los momentos más difíciles, conducir nuestra adoración con alegría y regocijo (v. 6). La afectación y superstición nunca son complacientes a Dios ni a los hombres rectos. Henry: «Todo lo que sea objeto de nuestro gozo debería ser objeto de nuestra alabanza. Y, cuando acudimos a Dios en las santas ordenanzas, deberíamos estar llenos de gozo y alabanza». «A Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo» (2 Co. 2:14).
  21. Los santos no solo serán salvos; serán salvos manifiesta y abundantemente. Sus cabezas se alzarán sobre todos sus enemigos (v. 6). No será ningún secreto que el pueblo de Dios sea librado. Aun aquí, Dios a menudo los saca con brazo fuerte y mano poderosa. Y, cuando por un buen motivo los prueba durante mucho tiempo, a menudo quita de sus mentes toda duda de su perfecta victoria. Dickson: «El Señor puede dar al creyente seguridad de lo que ha de tener, y dejarle tan clara la posesión de la promesa como si la tuviese en la mano». «Felices aquellos cuya fe y esperanza son tan vigorosas como cierta la seguridad».
  22. Todas las misericordias reclaman gratitud; y algunas, aunque personales, demandan público y alegre reconocimiento, y aun exultación (v. 6)
  23. Es imposible explicar la palabra de Dios conforme a reglas sanas de interpretación, y condenar el uso de música alegre y solemne en su adoración pública (v. 6). En este punto, el Nuevo Testamento es tan claro como el Antiguo (cf. 1 Co. 14:15; Ef. 5:19; Col. 3:16; Stg. 5:13). La adoración de Dios no debería ser absolutamente silenciosa e inaudible.
  24. Tanto la oración como la alabanza son deberes. La adoración se le debe a Dios como lo que más (vv. 6-7). Si Él no merece los actos de culto más elevados, no merece nada.
  25. El que, piadosamente, busca el rostro de Dios, obedece un mandato muy apremiante y gracioso (v. 8). Puede descansar seguro de que no carecerá de misericordia, protección, instrucción, redención y salvación (vida eterna). De tan inestimable precio es el favor de Dios, que los justos alegremente renunciarían a toda bendición por amor al mismo.
  26. El desamparo divino es fatal para cualquier causa. Los justos saben esto y, por tanto, oran con mucha insistencia frente a una calamidad tan grande (v. 9). Nada peor puede pasarle a un hombre que ser dejado a su suerte. Ser completa, final y eternamente abandonado por Dios es el infierno.
  27. Uno de los mejores ejercicios de una mente piadosa es convertir las promesas en oraciones. Dios dice: «No te dejaré, ni te desampararé» (Jos. 1:5). Oremos continuamente: «No me dejes, ni me desampares». Podemos, además, descansar seguros de que todo aquello por lo que es legítimo orar, se les asegura a los creyentes en el juramento del pacto. Dios nunca incita al alma a clamar: «No me dejes, ni me desampares», sin decir: «Nunca te dejaré, ni te desampararé». Es adecuado orar por todo lo que se promete; y, ciertamente, se promete todo aquello por lo que se ora de manera adecuada (v. 9).
  28. El desamparo de los amigos, por muy queridos que sean, no debería hacernos desesperar (v. 10). Hubo un tiempo en que casi todo el mundo estaba contra David y, sin embargo, triunfó. Los diablos y los hombres malvados estaban contra Cristo; un discípulo le entregó, otro le negó, y todos le abandonaron; aun su Padre sacó en su contra la terrible espada de la inflexible justicia, y la hundió en lo más profundo de su santa alma; sin embargo, nadie triunfó jamás como Él. Desde su resurrección hasta este día, ha habido una serie ininterrumpida de victorias. Y así será hasta que haya puesto todas las cosas bajo sí. «Dios es un Amigo más seguro y mejor de lo que son o puedan ser nuestros padres terrenales».
  29. Ningún hombre puede dar demasiado valor, o buscar con demasiada diligencia, o seguir demasiado de cerca, la guía y conducción divinas (v. 11).
  30. Debemos comprobar que hacemos cosas adecuadas de manera adecuada, y que no se hable mal de nuestro bien. Dickson: «Hay peligro de desamparo, o de que Dios nos entregue a la voluntad de nuestros enemigos, si no llevamos una buena causa de manera legítima, santa y delicada» (v. 11).
  31. Si tenemos enemigos, también los tuvieron otros antes que nosotros (vv. 2,11-12). Algunos hombres parecen tener gusto por hablar mucho de sus enemigos. Esto puede surgir de la vanidad que se deleita en la notoriedad así obtenida, o del deseo de asegurarse la compasión, o de un corazón lleno de angustia al ser acosado por aborrecedores y opositores. Sin embargo, cuando nuestros enemigos son muchos, violentos y crueles, a menudo es un alivio hablar de ellos. No le es dado al hombre ser grande, útil o influyente sin despertar la malicia de los innobles. Hay un gran grupo de hombres que sospechan y, a menudo, aborrecen a todos los que los superan. ¿Cuál de los profetas o apóstoles vivió sin amargos enemigos? Cristo mismo fue aborrecido sin causa. Ningún buen hombre se sorprenda de hallar a hombres que lo aborrecen.
  32. A menudo, deberíamos reconocer con gratitud la bondad de Dios, que nos guarda del poder de los malvados (v. 12). Cuando los hombres no solo son malvados, sino que su maldad toma la forma de tiranía, entonces, estar bajo su poder hace que la existencia terrenal deje de ser deseable. La crueldad y la opresión son a veces peores que la estrangulación y la muerte.  
  33. Quienes están dispuestos a disculpar a los malvados, como si solo fueran moderadamente viles, harían bien en examinar los trazos de sus caracteres dados en la Biblia. Allí se dice que su mismo aliento es cruel y homicida (v. 12).
  34. Una esperanza viva y una fe fuerte son cosas buenas (v. 13). ¡Oh, es bueno que el hombre espere y aguarde calladamente la salvación de Dios! Morison: «¡Qué luz en las tinieblas es la confianza en el cuidado paternal de Dios!».
  35. Quienes ejercitan la gracia que tienen, tendrán más gracia (v. 14). Al que tiene le será dado. Calvino: «Puesto que David era consciente de su debilidad, y sabía que su fe era el gran medio de conservarlo seguro, a tiempo se fortalece para el futuro. Bajo la palabra «aguardar», además, tiene en mente nuevas pruebas, y pone ante sus ojos la cruz que debe llevar».
  36. Cuando tengamos oportunidad, deberíamos hablar, para el consuelo de los santos y la gloria de Dios, de nuestras maravillosas y ajustadas escapatorias (v. 13). Envalentona poderosamente a los santos oír a uno de los suyos, recién librado del horno, dar una exhortación como la del versículo 14.
  37. Dickson: «Aunque el Señor permita que la dificultad permanezca, y que aumenten las fuertes tentaciones, y crezca el dolor del corazón, sin embargo, aún debemos esperar, pues a su debido tiempo llegará la liberación» (v. 14).
  38. Esforzaos y aliéntese el corazón de todos vosotros, santos; sí, esperad a Jehová.

W. S. Plumer

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