Salmo 22

Ofrecemos a nuestros lectores un nuevo comentario, en esta ocasión al Salmo 22. Una vez más, recomendamos encarecidamente su lectura, ya que en ella se podrá hallar auténtico alimento espiritual. El comentario es considerablemente extenso, pero aun así hemos optado por publicarlo en una sola entrada. Sin duda, merece la pena, en cualquier caso, el esfuerzo de leerlo con atención.

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SALMO 22

Un grito de angustia y un canto de alabanza

Al músico principal; sobre Ajelet-sahar. Salmo de David.

22 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
    ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?

Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.

Pero tú eres santo,
Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.

En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.

Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.

Mas yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

Todos los que me ven me escarnecen;
Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:

Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.

Pero tú eres el que me sacó del vientre;
El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.

10 Sobre ti fui echado desde antes de nacer;
Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.

11 No te alejes de mí, porque la angustia está cerca;
Porque no hay quien ayude.

12 Me han rodeado muchos toros;
Fuertes toros de Basán me han cercado.

13 Abrieron sobre mí su boca
Como león rapaz y rugiente.

14 He sido derramado como aguas,
Y todos mis huesos se descoyuntaron;
Mi corazón fue como cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas.

15 Como un tiesto se secó mi vigor,
Y mi lengua se pegó a mi paladar,
Y me has puesto en el polvo de la muerte.

16 Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malignos;
Horadaron mis manos y mis pies.

17 Contar puedo todos mis huesos;
Entre tanto, ellos me miran y me observan.

18 Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.

19 Mas tú, Jehová, no te alejes;
Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.

20 Libra de la espada mi alma,
Del poder del perro mi vida.

21 Sálvame de la boca del león,
Y líbrame de los cuernos de los búfalos.

22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.

23 Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.

24 Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Sino que cuando clamó a él, le oyó.

25 De ti será mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos pagaré delante de los que le temen.

26 Comerán los humildes, y serán saciados;
Alabarán a Jehová los que le buscan;
Vivirá vuestro corazón para siempre.

27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.

28 Porque de Jehová es el reino,
Y él regirá las naciones.

29 Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.

30 La posteridad le servirá;
Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.

31 Vendrán, y anunciarán su justicia;
A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.

Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Es justo que los seguidores de un Salvador afligido conozcan la comunión de sus sufrimientos y sean conformados a su muerte. Todos ellos necesitan instrucción y disciplina, y ciertamente las obtendrán. «Dios tuvo en la tierra un Hijo sin pecado, pero nunca un hijo sin aflicción». «Todos los cristianos han sido enseñados en una escuela, todos han conocido el poder de la aflicción en alguna de sus formas». Considera Hebreos 12:3.
  2. De todas las formas de aflicción para el alma piadosa, ninguna es más terrible que cuando Dios esconde su rostro (v. 1). En el caso de Cristo, «este desamparo fue un acto judicial por parte de Dios respecto al pecado». En el caso de su pueblo, es para su purificación, o para hacer de ellos brillantes modelos de aflicción sufriente. En todos los casos, «los desamparos espirituales son las más graves aflicciones del santo». Este puede soportar cualquier cosa antes que la pérdida de la consoladora comunión con Dios. Un ministro próximo a la muerte y en tinieblas, dijo a un hermano: «¿Qué puede pensarse de alguien que, durante mucho tiempo, ha predicado a Cristo a otros, y en la muerte no tiene la consoladora presencia de Dios?». El otro contestó: «¿Qué piensas tú de las terribles tinieblas y desamparo de un Salvador moribundo?». Este comentario hizo el silencio.
  3. Una gran perturbación puede ser consistente con una piedad eminente. El alma de Cristo estuvo agitada hasta que le sobrevino la terrible angustia que su bramido indicada (v.1).
  4. Si el pecado, cuando es imputado a un sufridor voluntario e inocente, puede producir congoja sin parangón como la que se describe en este salmo, ¿cuál será la porción del hombre que muere en pecado y no tiene ni consciencia de inocencia, ni seguridad de una pronta liberación, ni la alentadora presencia de Dios para sostenerle? (cf. Lc. 23:31). «Ningún hombre conoce la abundante pecaminosidad del pecado, sino el que la aprende en la cruz de Cristo».
  5. La razón y la fe son muy distintas. La razón puede clamar: «¿Por qué me has desamparado», y la fe gritar: «Dios mío, Dios mío». Es «posible que, cuando el gran Dios lo ha desamparado, el hombre aún pueda dirigirse a Él con lenguaje de confianza».
  6. No hay sino un método de explicar satisfactoriamente las tremendas escenas de la crucifixión. Stevenson: «Aquel fue el día del juicio del Salvador del mundo. En los tribunales de los hombres, fue condenado; bajo su sentencia, fue ejecutado; y, mientras su cuerpo pendía de la cruz, bajo tortura, fue citado en espíritu al estrado de Dios, acusado de culpabilidad humana. Como si el tribunal del cielo hubiera descendido al Monte Calvario […]. Estas tremendas palabras: “Que la ley siga su curso”, son pronunciadas por el Juez eterno». Solo esta explicación es suficiente. Con sus azotes somos sanados; por su castigo tenemos paz; por su muerte vivimos. De otra manera, jamás podríamos defender el carácter de Dios respecto a la humillación de Cristo. Él nunca permitió que un santo ángel sufriera la más mínima indignidad.
  7. Cuando estamos gravemente afligidos, debemos recurrir a la ferviente oración y al fuerte clamor a Dios (v. 2). Calvino: «La verdadera regla de la oración es esta: que el que parece haber golpeado al aire, sin ningún sentido, o haber desperdiciado sus fuerzas orando mucho tiempo, no debería, por tal motivo, abandonar o desistir de este deber».
  8. Dickson: «Por muy negras que sean las tentaciones, la fe no escuchará una mala palabra contra Dios, sino que justificará a Dios siempre» (v. 3). Esto es mucho más sabio que adentrarnos en razonamientos demasiado profundos para nosotros. A menudo el silencio es eminente sabiduría. La confianza es mejor que la lógica. Jamás acusemos neciamente a Dios, como de seguro haremos si tratamos de resolver todos los misterios de la providencia.
  9. A menudo está bien considerar los días antiguos y ver las maravillas pasadas de Dios (v. 4). Esto hará que nos alentemos en el Señor nuestro Dios.
  10. Bajo el gobierno de Dios, jamás ha habido un fracaso final o absoluto de una causa justa (v. 5). Tal cosa es imposible. Toda la naturaleza, gobierno, palabra y juramento de Dios lo prohíben. Todos los que han confiado fueron librados a su debido tiempo, en el mejor tiempo.
  11. El caso de los creyentes jamás puede ser peor, a los ojos de los hombres, que el de Cristo en la cruz. Él fue considerado y tratado como «gusano, y no hombre» (v. 6). Por mucho que los creyentes se puedan hundir, su Salvador se hundió más.
  12. Si nosotros estamos sujetos a la mofa y el escarnio por causa de la justicia, lo mismo le sucedió a nuestro Salvador (v. 7). Si no nos va peor que a Él, ¿por qué habríamos de quejarnos? Morison: «¡Cuán incomprensible a los mortales fue aquella paciencia que ejercitó el Mesías encarnado para con aquellos que derramaron sobre Él toda la impotencia de la mofa de una criatura! ¡Cuán infinitamente dignos del divino Ser los resultados propuestos de una dispensación que implicaba tanta ignominia y abatimiento para el inmaculado Redentor!». La afrenta quebrantó el corazón del Salvador (cf. Sal. 69:20).
  13. Aprendamos a descansar nuestras cargas en el Señor. Él puede sostenernos (v. 8). Cuanto más pesada la carga, mayor es nuestra necesidad de la mano sustentadora de Dios. Stevenson: «Es realmente doloroso que distorsionen nuestras palabras, las conviertan en mofa, las retuerzan contra nosotros y las divulguen para nuestro descrédito. Cristo soportó esta cuádruple contradicción». Pero Dios le condujo, a través de todo esto, a la gloria inefable.
  14. Aquel que nos hizo, puede cuidar de nosotros (v. 9). Aquel que nos dio vida, puede sustentarla. «¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?» (Mt. 6:25). Todo hombre piadoso puede decir a Dios: Tú me diste mi existencia terrenal y, siempre que sea para tu gloria y mi bien, Tú la mantendrás.
  15. La piedad temprana es posible (v. 9). Si nuestros primeros padres no hubieran pecado, toda su posteridad habría amado y servido a Dios desde su existencia más temprana. No se necesita más inteligencia para amar a Dios que para aborrecerle, para agradarle que para desagradarle, para obedecerle que para desobedecerle. No es verdad que muchos parezcan agradecer a Dios que haya escondido las cosas celestiales de los niños y las haya revelado a los sabios y prudentes, en lugar de unirse al Salvador en su alegría por la verdad opuesta (cf. Lc. 10:21). Oremos a Dios, con fe, que haga que nuestros hijos esperen en Él, aun cuando son niños de pecho.
  16. En la temprana historia de todo el mundo hay mucho de interés. Alguien dijo que la biografía de cualquier hombre bien escrita, sería para él uno de los libros más interesantes. Si no fuésemos ateos prácticos, todos deberíamos adoptar el lenguaje del versículo 10. Muchos pueden darle un significado particularmente tierno a las palabras: «Sobre ti fui echado desde antes de nacer». John Brown de Haddington: «Me convertí en un pobre huérfano, y no tenía nada de lo que depender excepto la providencia de Dios. Y debo decir que el Señor ha sido el Padre del desamparado y el sostén del huérfano». Calvino: «Si no fuera porque la ingratitud ha cegado nuestros ojos, cada nacimiento nos llenaría de asombro, y cada preservación de un niño en su tierna infancia, expuesto como está –aun desde su misma llegada al mundo—a la muerte de cien maneras».
  17. Cuando Dios está con nosotros, todo está bien. Su graciosa presencia es la suma de todas las buenas cosas que necesitamos (v. 11). Clarke: «Un Dios presente es una bendición presente».
  18. Cuanta menos ayuda tengamos, y menos ayuda quepa esperar del hombre, más deberíamos esperar de Dios (v. 11).
  19. Jamás podemos tener enemigos más feroces, más crueles o más salvajes que los que tuvo nuestro bendito Señor (vv. 12-13). Stevenson: «La burla acompañó al Salvador desde el huerto del Getsemaní hasta que expiró en el Calvario. Judas dio ejemplo con su pérfido beso. Los hombres que le prendieron se burlaron de Él; los oficiales de los diferentes tribunales se burlaron de Él; los principales sacerdotes, escribas y fariseos se burlaron de Él; el sumo sacerdote, Caifás, se burló de Él; los siervos de su casa y algunos más rodearon al Salvador y se burlaron de Él. Le golpearon con sus báculos y con las palmas de las manos, le escupieron en el rostro, le arrancaron el pelo, le vendaron los ojos. Después, le dieron de puñetazos, diciendo: “Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó” (Mt. 26:68). Herodes y sus hombres de guerra se burlaron de Él y lo ningunearon: poniéndole un manto espléndido, lo enviaron de vuelta, como objeto de mofa, al lugar de donde lo trajeron. Pilato lo consideró una criatura débil e inofensiva y, preguntándole socarronamente: “¿Qué es la verdad?”, lo puso delante, diciendo: “He aquí el hombre”, y lo envió a la crucifixión con este título burlesco: “El Rey de los judíos”. Los soldados romanos se burlaron de Él con perfecta burla. Hicieron una representación: le procuraron una corona (de espinas), ropas reales (una vestidura desechada de púrpura y un manto de escarlata) y un cetro (una caña). Le rindieron homenaje como a rey (arrodillándose burlonamente, riéndose y mofándose). Le colmaron de honores. Su saludo fue una burla: “¡Salve, Rey de los judíos!”. Sus dones no fueron oro, sino golpes; ni incienso, sino esputos; ni mirra, sino mofa […]. Imagina esta terrible escena. Contempla esta variopinta multitud de ricos y pobres, de judíos y gentiles. Algunos están en grupos y miran fijamente. Algunos se recuestan cómodamente y clavan la mirada. Otros se mueven por todos lados en inquieta complacencia por el suceso. Hay una mirada de satisfacción en cada rostro. Nadie está en silencio. El sonido del habla parece retardarse. El tema es demasiado grande para que lo declare un solo miembro. Cada labio, cabeza y dedo es ahora una lengua. Los rudos soldados también están ocupados a su manera. El trabajo de sangre se ha acabado. Se ha hecho necesario un refrigerio. Se les ha suministrado su habitual bebida de vinagre y agua. Puesto que todos ellos ya están satisfechos, se acercan a la cruz, la ofrecen al Salvador y le mandan que beba para, después, retirarla». ¡Oh, hijo de Dios! ¡Tus enemigos nunca podrán ser peores que los de tu Salvador! Estate en quietud.
  20. Los sufrimientos de Cristo fueron de cuerpo y mente, y ambos terribles (v. 14). Calvino: «Siendo un hombre real, verdaderamente estuvo sujeto a las debilidades de nuestra carne, solo que sin la mancha del pecado. La pureza perfecta de su naturaleza no extinguió los afectos humanos: solo los reguló para que no se hicieran pecaminosos por exceso». Y, aunque no fue quebrado un solo hueso suyo, todos fueron descoyuntados. La teoría de la crucifixión era la muerte por agotamiento nervioso.
  21. El sufrimiento puede consumirnos y darnos muerte (v. 15). Es posible que se rompa el corazón. ¡Qué gran misericordia poder cantar!:

Miles y miles de dones preciosos

Con gratitud cotidiana utilizo;

No siendo el menor, un corazón alegre

Que, tales dones, gusta con regocijo.

Y, si se nos niega la alegría, es una gran bendición estar tranquilos y pacientes. Calvino: «En Cristo, estas dos cosas fueron maravillosamente armonizadas, a saber: el terror, procedente de un sentido de la maldición de Dios, y la paciencia, derivada de la fe, que aplacó todas sus emociones mentales, de tal manera que estas continuaron en completa y voluntaria sujeción a la autoridad de Dios».

  1. Los hombres malvados son tan bajos como los representan las Escrituras. Son perros (v. 16). Son inadecuados para la sociedad del cielo. «Los perros estarán fuera» (Ap. 22:15). No siempre tendrán el poder de ladrar y devorar a los santos.
  2. Dejados a sí mismos, los hombres malvados por nada se detendrán. Asesinaron a Jesucristo (v. 16). Si hubiese estado en la tierra atacando los pecados y vicios de los hombres como antaño, a menos que hubiera sido milagrosamente preservado, habría sido entregado a la muerte en menos de tres meses. La naturaleza humana no regenerada no mejora ni un ápice.
  3. ¿Puede alguna criatura caída ser peor que el hombre? ¿Alguna vez han perpetrado los diablos en el infierno crímenes tan horribles como los cometidos por los hombres en la tierra? (vv. 16-17). En tal caso, ¿cuáles?, ¿quiénes?, ¿cuándo?
  4. No hay, en todo el recorrido de la historia, aparte de Cristo, una persona en quien se cumpla la predicción del versículo 18. Solo esta puede establecer la interpretación del salmo y la condición mesiánica de Jesús. Los vestidos sin costura de Cristo no se los dejó a ningún amigo. Sus asesinos se apoderaron de ellos. «Quizá eran el apreciado regalo de algún discípulo piadoso. La tradición dice que eran un presente de su madre». Pero Él no los dio a nadie. Los papistas a veces han afirmado tenerlos. Esto no pueden demostrarlo. Si los tienen, no los obtuvieron de Él, sino de sus asesinos.
  5. En nuestras pruebas, la ayuda eficaz solo puede venir de Dios. Cuanto antes y más directamente vayamos a Él, más sabios seremos y más estrechamente seguiremos el ejemplo de Cristo (v. 19).
  6. La humillación de Cristo fue indecible. Fue entregado al «poder del perro» –el más bajo de todos los seres malvados– y a la espada –la espada de dos filos, flameante y reluciente, de la justicia eterna (v. 20; cf. Zac. 13:7).
  7. Esperemos el tiempo y método de ayuda divinos. Dickson: «Cristo no fue menos librado de los perros, leones, unicornios y sus enemigos perseguidores, mediante la resurrección después de su muerte, que si hubiese sido arrebatado de las manos de quienes vinieron a prenderle en el huerto. De hecho, esta liberación del sepulcro fue una liberación mucho mayor que si no le hubiesen podido dar muerte jamás, puesto que, en tal caso, solo se habría librado Él mismo, pero no nosotros».
  8. El creyente no puede estar en ninguna circunstancia demasiado oscura para la oración. Su Salvador estuvo una vez en mayor oscuridad y aflicción, y nos dio entonces ejemplo de oración, con la intención de que lo siguiéramos (vv. 19-21; cf. 1 P. 2:21). «El que no está satisfecho sin la bendición, estará satisfecho con ella. Pedid y tendréis […]. La más simple oración es un misterio sublime. La débil voz de un niño influye a Dios».
  9. El uso apropiado de las liberaciones ya recibidas es despertar gratitud por el pasado, y dar aliento para el futuro (v. 21). Cuando David salió al encuentro del gigante de Gat, trajo a la memoria su victoria sobre el león y el oso. El corazón de nuestro Salvador se alentó al recordar lo que Dios había hecho por Él tiempos pasados.
  10. Maravillosa es la condescendencia de Cristo para con su pueblo, aun con el más humilde de él. No se avergüenza de llamarlos hermanos (v. 22). A menudo son toscos, ignorantes, pobres, y toda su vida obran con prejuicios y errores, y tienen muchas faltas y defectos de carácter; pero el Salvador reconoce al más débil de ellos, aun cuando no sean reconocidos por sus hermanos censuradores. Si Cristo nos llama hermanos, es de pequeña importancia ser juzgados por el hombre.
  11. Al igual que la humillación de Cristo fue pública, también lo fue su exaltación (v. 22). Cada paso en su glorioso progreso es claramente manifiesto. Fue visto de los ángeles. El que llevó la corona de espinas es digno de estar en medio del trono de Dios. Aquel en cuya mano se puso una caña, con justicia portará el cetro del dominio universal. El que llevó el manto de escarnio es propiamente reconocido como Dios sobre todos, por siempre bendito.
  12. En sus grandes sufrimientos, la naturaleza humana de nuestro Señor fue sostenida, en primer lugar, por su naturaleza divina (de lo contrario, el golpe habría sido más de lo que hubiera podido soportar), y, en segundo lugar, por la bendita visión del éxito, «el gozo puesto delante de él» (He. 12:2), la corona que llevaría por siempre cuando, en medio de sus redimidos, celebrara sus victorias (v. 22). Morison: «Es imposible que mentes finitas comprendan la medida de bendición que sintió cuando la expiación fue hecha, cuando la justicia fue satisfecha, cuando Satanás fue derrotado, cuando se cumplió el testimonio profético respecto a su muerte y resurrección».
  13. Del gozo de Cristo por el progreso de su reino y gloria, participan todos los que temen al Señor y dan gracias (v. 23).
  14. La verdadera piedad glorifica a Dios (v. 23). Esto la distingue de todo lo que es espurio.
  15. La verdadera piedad teme a Dios (v. 23). «Temer al Señor es una lección con la que todo discípulo debe estar familiarizado; es la primera en la escuela de Cristo; todo alumno debe aprenderla; feliz el que la sabe de memoria».
  16. ¿Cuándo aprenderán los hombres el valor y eficacia de la oración? (v. 24). Jamás ha habido, en ninguna época o nación, un caso en que Dios haya despreciado o abominado la aflicción de los verdaderos creyentes, ni se haya negado a oírlos cuando clamaban.
  17. Tenemos la autoridad de Cristo a favor de la alabanza pública (v. 25). Compárese con Salmos 40:9-10. Las misericordias públicas demandan reconocimientos públicos. Cuando la adoración secreta se convierte en un obstáculo, y no una ayuda, para la devoción pública, es tristemente defectuosa en algún aspecto importante.
  18. Los votos, como actos de solemne adoración, son legítimos (v. 25). La palabra de Dios nos da muchos ejemplos, desde los días de Jacob hasta los tiempos apostólicos.
  19. Las provisiones del evangelio son amplias (v. 26). Se ajustan completamente a todas las demandas de los mansos de la tierra. A todos los demás, les son desagradables y, por tanto, las rechazan.
  20. Es indeciblemente honroso para la religión el hecho de que cualquiera que, de todo corazón, haya buscado al Señor, ha hallado abundante motivo de alegría y acción de gracias (v. 26).
  21. Las consecuencias eternas de la verdadera religión deben traerse a consideración, si queremos dilucidar bien la cuestión de lo sabio que es servir a Dios y lo necio que es una vida de pecado (v. 26).
  22. La extensión universal del evangelio se revela claramente (vv. 27-31). La cosa es cierta, pues la boca del Señor la ha hablado. Una profecía clara sobre cualquier asunto asegura que las perfecciones divinas la ejecutarán. Pero, cuando se dice mucho sobre un tema, se muestra que Dios considera la cuestión de gran importancia, y quiere asegurarnos plenamente, y a menudo recordarnos, su cumplimiento. Bendito sea Dios: el evangelio del reino será predicado en todas las naciones. Las oraciones de los santos, la intercesión de Cristo, la recompensa asegurada al Redentor, la promesa y juramento de Dios, todo esto requiere que toda la tierra se convierta a Dios.
  23. Aunque este mundo es malvado, Dios lo gobierna. Jamás ha renunciado a su autoridad sobre ningún pueblo (v. 28). Bendita verdad es esta. Él puede, en cualquier momento, manifestar su poder, justicia y gracia de tal manera que subyugue al pueblo más orgulloso, llene de espanto al más justo en su propia opinión, y haga que el más culpable espere en su misericordia. «¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión» (Ro. 3:29-30). «Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» (Ro. 10:12-13). «Su reino domina sobre todos» (Sal. 103:19). «De Jehová es la tierra y su plenitud» (Sal. 24:1).
  24. Muy gloriosa es la oferta gratuita e indiscriminada del evangelio (v. 29).

Aunque la gracia se ofrezca al príncipe,

También el pobre ha de participar;

Ningún mortal puede, en justicia, decir

Que, estando desesperado, perecerá

Dickson: «No habrá motivo para que el reino de Cristo y las naciones de su gobierno tengan celos de los reyes, gobernantes y magistrados. Porque todos aquellos que abracen a Jesucristo, no solo pueden obtener sus lugares, honores, riquezas y todos los beneficios legítimos en que parecen consistir su grosura y bienestar mundano; sino que también serán hechos partícipes de la casa del Señor, que, de tal manera satisfará sus almas, que tendrán el evangelio por su mayor alegría, y bendecirán a Dios por sus consolaciones». Ningún hombre es tan grueso que no necesite el pan del cielo; ninguno es tan pobre que no pueda ser recibido en el banquete de grosuras provisto en el evangelio.

  1. La preservación de la iglesia en todas las épocas es verdaderamente maravillosa. Cristo siempre ha tenido una simiente que le sirve (v. 30). Sus enemigos a menudo tienen cosas muy a su gusto en lo externo, pero aun entonces sus «escondidos» no son pocos. Cuando Elías pensó que era el único verdadero adorador de Dios que quedaba en todo Israel, Jehová dijo que tenía siete mil hombres que no habían doblado su rodilla delante de Baal. Calvino: «La perpetuidad de la iglesia se demuestra aquí ampliamente y de manera muy clara. No es que siempre florezca o siga el mismo curso uniforme a través de épocas sucesivas, sino que Dios, no queriendo que su nombre se extinga en el mundo, siempre levantará a algunos que, sinceramente, se entreguen a su servicio».
  2. Nada es más importante para los mejores intereses de los hombres respecto a ambos mundos, que la publicación de la justicia de Dios. El peso de este asunto aumenta continuamente conforme la tierra se llena de gente y se estimula su comercio (v. 31).
  3. Completamente vanas son todas las esperanzas de los malvados. Así lo declara ampliamente este salmo. Si alguna vez la tierra y el infierno se unieron en una conspiración oscura, astuta y maliciosa más que ninguna otra, fue cuando procuraron la muerte del Hijo del hombre. Sin embargo, de este mismo suceso se deriva el mayor bien para los hombres, la mayor recompensa para Cristo y la mayor gloria para Dios. El triunfo de los malvados es breve.
  4. Vivimos en tiempos excitantes. Aunque las noticias tristes a menudo hacen que nos retiñan los oídos, la marea de la redención sigue avanzando. El reino de Dios ciertamente se acerca. «Cada nuevo mensajero del mundo pagano, ¿no trae a nuestros oídos la noticia de alguna nueva victoria del Redentor que todo lo conquista? ¿No está, nación tras nación, empezando a sentir la avivadora influencia del evangelio de paz?». Durante la generación presente, tribus enteras han sido llevadas a abandonar los ídolos y volverse a Jehová como único Dios vivo y verdadero. Si los cambios a mejor que se han producido durante treinta años continúan y se aceleran, de manera proporcional, durante cien años más, el evangelio será muy pronto difundido universalmente.
  5. En este salmo y en otras muchas porciones de la Escritura, tenemos una «palabra profética más segura, a la que haremos bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en [nuestros] corazones» (2 P. 1:19).

W. S. Plumer

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Este obra est· bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.
Creado a partir de la obra en http://www.iprsevilla.com.

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