Salmo 21

Una semana más, tenemos el placer de ofrecer a nuestros lectores un nuevo salmo comentado por Plumer, en esta ocasión el Salmo 21. Esperamos que siga siendo de edificación para todos.

primavera-1024x768-491544

SALMO 21 

Alabanza por haber sido librado del enemigo

Al músico principal. Salmo de David.

21 El rey se alegra en tu poder, oh Jehová;
    Y en tu salvación, !!cómo se goza!

Le has concedido el deseo de su corazón,
Y no le negaste la petición de sus labios. Selah

Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien;
Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.

Vida te demandó, y se la diste;
Largura de días eternamente y para siempre.

Grande es su gloria en tu salvación;
Honra y majestad has puesto sobre él.

Porque lo has bendecido para siempre;
Lo llenaste de alegría con tu presencia.

Por cuanto el rey confía en Jehová,
Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.

Alcanzará tu mano a todos tus enemigos;
Tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.

Los pondrás como horno de fuego en el tiempo de tu ira;
Jehová los deshará en su ira,
Y fuego los consumirá.

10 Su fruto destruirás de la tierra,
Y su descendencia de entre los hijos de los hombres.

11 Porque intentaron el mal contra ti;
Fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán,

12 Pues tú los pondrás en fuga;
En tus cuerdas dispondrás saetas contra sus rostros.

13 Engrandécete, oh Jehová, en tu poder;
Cantaremos y alabaremos tu poderío.

 

Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Feliz es el pueblo cuyo magistrado principal y todos sus oficiales temen a Dios y se alegran en su fuerza y en su salvación (v. 1). Tales bendiciones son raras, pero, en una mente verdaderamente piadosa y patriótica, despiertan gran alegría.
  2. Todas las liberaciones efectivas son de Dios (v. 1). Si Él salva, bien podemos desafiar a todos los enemigos.
  3. Hay muchas razones por las que el pueblo de Dios se deleita en sus intervenciones y se regocija en su salvación (v. 1). Una es que Él rescata con gran eficacia: todos los enemigos se perciben inofensivos. Otra es que la liberación fue efectuada por medios muy inesperados. Otra es que llegó justo a tiempo: nada podía ser más oportuno. «Dios jamás se retrasa ni un momento con sus misericordias, pero a veces llega justo en el último momento».
  4. Las Escrituras no reprimen ni desalientan las más elevadas emociones religiosas. Tenemos autoridad divina para gozarnos en gran manera y estar llenos de alegría (vv. 1, 6). Podemos regocijarnos con alegría inefable y llena de gloria; como también puede aparecer un temor tan grande que la podredumbre entre en nuestros huesos, o el amor ser más fuerte que la muerte, o la fe saber que su Redentor vive. Quienes verdaderamente se han convertido, deberían tener más religión. La clase de piedad que predomina en el presente es demasiado baja.
  5. En la oración, el deseo del corazón y la petición de los labios deben concordar (v. 2). A Dios nunca se le puede complacer con un vano formalismo. Nada puede sustituir a la sinceridad. «Los millares de animales en los collados» (Sal. 50:10) son como nada sin el corazón.
  6. Cuando el corazón y los labios se unen para buscar cosas conformes a la voluntad de Dios, podemos esperar con confianza prontas respuestas y grandes misericordias (v. 2). Un amplio registro de graciosas respuestas a la oración comprende casi toda la historia de los creyentes.
  7. Si Dios es bueno con nosotros, deberíamos estar dispuestos a decirlo (v. 2). Henry: «Las graciosas respuestas de Dios a la oración requieren, de manera especial, nuestras humildes respuestas en alabanza».
  8. Una gran porción de nuestras bendiciones nos es dada antes de que pidamos o busquemos (v. 3). La existencia, la razón, el intelecto, nacer en un país cristiano, el llamamiento de nuestra nación al conocimiento de Cristo, y Cristo mismo, junto con otras muchas cosas, se conceden a los hombres sin que las busquen, como ocurrió con el derecho de David al trono. Nadie pidió jamás un Salvador hasta que Dios, motu proprio, prometió «la simiente de la mujer». Dios siempre está saliendo al encuentro de los hombres «con bendiciones de bien». Henry: «Cuando las bendiciones de Dios llegan antes y resultan más ricas de lo que imaginábamos, cuando nos son dadas antes de que orásemos por ellas, antes de que estuviésemos preparados para ellas, o aun temiendo lo contrario, entonces, verdaderamente puede decirse que nos salió al encuentro con ellas».
  9. Dios es Soberano de soberanos (v. 3). Da coronas y las quita. Es Rey de reyes. El potentado más poderoso sobre la tierra es un gusano, una vara, una espada, una maldición o una bendición en la mano de Dios cuando es enviado con misericordia o con ira.
  10. La corona y el reino de Cristo jamás le serán arrebatados (vv. 3-4). Él es el elegido de Dios para todos los fines y oficios de una gloriosa y perpetua mediación. Su naturaleza humana no aspiró a la unión con la divina, pero la naturaleza divina, en asombrosa condescendencia, buscó la unión con la humana. Cristo no es un usurpador. Él tiene derecho a todas las glorias de sus eternas e infinitas posesiones. Calvino: «La doctrina de la duración eterna del reino de Cristo se establece, por tanto, aquí, viendo que no fue puesto en el trono por los sufragios de los hombres, sino por Dios, quien desde el cielo colocó la corona real sobre su cabeza con su propia mano».
  11. Es legítimo orar por la continuidad de la vida (v. 4). David lo hizo. Ezequías lo hizo. Cristo lo hizo. Nosotros podemos orar fervientemente por esta bendición. Sin embargo, debemos orar sumisamente, siempre añadiendo, como lo hizo nuestro Señor: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mt. 22:42). La vida no es un bien absoluto. No es un bien en sí mismo, como lo son el perdón, la renovación y la gloria. Solo es un bien cuando Dios hace que lo sea. Por diversas razones y en diversas ocasiones, podemos desear enormemente la vida. Una es cuando se hacen intentos malvados por arrebatarla, como en el caso de David. Otra es cuando estamos a mitad de nuestros días, y nuestra partida del mundo frustraría algún propósito importante, como la educación de nuestros hijos, o el cumplimiento de algún proyecto para el bien público. El amor a la vida –si no es desordenado– no es antinatural, debilidad ni pecado.
  12. Dios a menudo da más de lo que pedimos (v. 4). David pidió vida, y obtuvo majestad, honor y gloria. Lo mismo se ilustra notablemente en Salomón (cf. 2 Cr. 1:10-12), y en el caso de todo hombre verdaderamente piadoso (cf. Mt. 6:33). Nevins oró durante años poder escribir un tratado. Y ¿quién puede decir el bien que ha hecho con su pluma? El cielo será más bienaventurado, la corona de justicia más brillante, el peso de gloria más grande y el descanso del cielo más dulce de lo que ningún mortal se atrevió a esperar o fue capaz de concebir jamás.
  13. ¡Llenas de Cristo están las mentes de los profetas! Fácilmente pasan de todos los demás temas a la persona y reino del Mesías, de los tipos a la realidad que estos anuncian (vv. 3-4). Ningún tema les parece tan bienvenido como el de «Aquel que ha de venir». A la verdadera piedad le es grato hallar que en todas partes se habla del Salvador. Bien comenzó Jesús, en su camino a Emaús, por Moisés y todos los profetas, y expuso a sus discípulos, en todas las Escrituras, las cosas relativas a sí mismo (cf. Lc. 24:27; Hch. 3:24). Ciertamente, el Antiguo Testamento contiene mucho más de Cristo de lo que admiten algunos. Partes de este salmo no pueden recibir sino una interpretación simple y pobre a menos que se apliquen a Cristo. Sin embargo, no es citado ni una sola vez, para ningún propósito, aunque quizá se aluda a él una o dos veces, como en Hebreos 2:9; 12:2.
  14. Cuanto más se manifiesta que nuestras liberaciones vienen de Dios, más nos podemos gloriar (v. 5). Dickson: «Nada puede hacer más gloriosos a los hombres, aun ante el mundo, que ser reconocidos por Dios ante el mundo y recibir su respeto». No será una parte pequeña de la gloria de los redimidos en el día del juicio final, la proveniente del hecho de que Dios y Cristo los tratará entonces, públicamente, como amigos.
  15. Para los creyentes es una alegría que jamás puedan estar en una condición peor que algunos que los han precedido, y que han sido rescatados, librados y glorificados (vv. 4-5). Véase a David a duras penas escapando de las garras de la muerte durante años; más aún, véase a Cristo coronado de espinas, deshonrado con toda marca de malicia e ignominia, probado, condenado, crucificado, muerto y sepultado. Sin embargo, al final Dios les salvó de todo. Creyente, jamás puedes estas más bajo que algunos buenos hombres que te han precedido, jamás puedes ser tan cargado y afligido como tu Redentor. Sin embargo, Él está vivo por los siglos de los siglos, y está a cargo de todos sus benditos para siempre.
  16. No hay grado de honor tan alto al que Dios no pueda, si así lo escoge, elevarnos (v. 5). Toma al pobre del muladar y lo coloca entre príncipes. Toma a David del redil de las ovejas y lo coloca sobre el trono más refulgente de la tierra. Jesús recibe de Dios el Padre gloria y honor, y del sepulcro de José asciende al trono del universo. Que ningún alma virtuosa y piadosa tema nada: Dios está de su lado.
  17. ¡Qué persona tan gloriosa es el Señor Jesucristo! (v. 5). Toda honra, majestad, gloria y hermosura convergen en Él. Él es EL MARAVILLOSO.
  18. Toda la historia, toda la experiencia, toda la observación se unen con todos los escritos inspirados para decir que, del mal, sale bien; de la debilidad, fuerza; de la tristeza, alegría; de la dificultad, gloria. La historia entera de David y del Mesías, expresada en este salmo, lo muestra.
  19. Cuando Dios verdaderamente comienza a bendecir, normalmente es señal de una larga serie de asombrosas misericordias (v. 6). Dickson: «Dios jamás pondrá término a la bendición de aquel a quien desea bendecir».
  20. Los hombres pueden calibrar las bendiciones de la mayoría de bendiciones que son puramente temporales, pero ¿quién puede decir el valor de ninguna misericordia que posea el atributo de la eternidad? (vv. 4, 6).
  21. Los aplausos de millones pueden, pronto, ser sucedidos por una eterna derrota; pero las providencias favorables, la comunión consoladora y las inestimables bendiciones expresadas por la presencia de Dios, se mostrarán más y más valiosas cuanto más duren, cuanto más clarificadoras sean las pruebas que se les apliquen, y más plenamente se analicen sus causas (v. 6).
  22. Jehová mismo es un bien todo-suficiente (v. 7). El que tiene a Dios como su Dios, no necesita más. Calvino: «El mundo gira como si fuera una rueda, por lo que acontece que aquellos que subieron hasta la cima, descienden a lo más bajo en un momento; pero aquí se promete que el reino de Judá y el reino de Cristo, del cual aquel es un tipo, estarán exentos de esta vicisitud. Recordemos que solo aquellos que tienen la firmeza y estabilidad aquí prometidas, que se refugian en el seno de Dios mediante una fe segura, y descansando en su misericordia, se encomiendan a su protección».
  23. Al igual que, en el plan divino, el reino de David fue entretejido con el del Mesías, también lo es la herencia de cada creyente con la de su Redentor. Dios no podría quebrantar el pacto con su pueblo sin quebrantar el pacto con su Hijo. Los santos son herederos de Dios y coherederos con Jesucristo. Son uno en Él. Porque Él vive, ellos vivirán también (v. 7). Compárese con Salmos 125:1.
  24. Los malvados de todas las épocas son semejantes. Son enemigos y aborrecedores de los buenos hombres, de Cristo y de Dios (v. 8). La sentencia: «Sus enemigos lamerán el polvo», es perfectamente justa y completamente necesaria. Jamás hubo aversión tan irracional y malvada como la que aparta a los pecadores de Dios, su Cristo, su pueblo y sus leyes (cf. Ro. 8:7). Todo este odio es «sin causa». Nada puede justificarlo.
  25. El Señor gobernará el mundo de tal manera que, final, infalible y universalmente, llevará a la detección, arresto y castigo de sus enemigos (v. 8). Aun en esta vida rara vez escapan del todo. Pero el castigo y retribución plenos y finales son reservados para otro mundo. El blasfemo manifiesto, el astuto hipócrita, el profano y el moralista incrédulo verán que hay un Dios que juzga en la tierra (cf. Mr. 4:22; Lc. 8:17). No hay peor lógica que la que, de la paciencia divina, infiere impunidad. La derrota y destrucción de los enemigos del David literal fueron meras sombras de lo que acontecerá a los aborrecedores del Mesías. Las rocas y los montes no pueden esconder de la ira del Cordero.
  26. Es justo que un tiempo de misericordia de la que se ha abusado, sea seguido por un tiempo de ira (v. 9). El día del juicio final no puede posponerse. El día está señalado. A nadie resultará más aparente que viene con tremenda rapidez e inmediatez que a quienes se burlan de las cosas sagradas.
  27. El juicio de los malvados será extremadamente terrible (v. 9). La historia de los judíos «desde el sitio y saqueo de Jerusalén hasta este día, tremendamente previene a todo el mundo de la transmisión de miseria a sus descendientes y de la destrucción de sí mismo, al oponerse al reino del Redentor o descuidar la salvación. Los descubrimientos que se harán, sin embargo, y la venganza que se ejecutará, en el día del juicio final, sobre todo enemigo de Cristo, comportarán el comentario más tremendo de este salmo».
  28. Al igual que, en un horno, toda cosa combustible ayuda a destruirlo y consumirlo todo como a sí misma, un hombre malvado ayuda a destruir a otros, aunque, como el tizón en el horno, él mismo perecerá finalmente (v. 9).
  29. ¿Por qué los malvados no creen las terribles cosas con las que aquí se les amenaza? ¿No hay un misterio inexplicable en su dormitar? Tienen claras advertencias en la Escritura (v. 9) y en muchos sucesos, y en muchos estados de sus propias mentes. Morison: «De diez mil maneras Dios puede y, de hecho, aterroriza a sus incorregibles enemigos. Arruina sus planes de ambición y orgullo; marchita las expectativas que tienen en la vida; derriba el deseo de sus ojos; seca la corriente de su consuelo; hace que su belleza se consuma como la polilla; y además envía tremendos terrores a sus conciencias, haciéndoles languidecer bajo el sentido de su ira, haciendo que sus mismos corazones en ellos ardan «como horno de fuego». Hay señales infalibles de una tormenta que se avecina. ¿Por qué los hombres no las disciernen?
  30. La destrucción que viene sobre los malvados será total. «Los deshará». «Los consumirá» (v. 9). No les dejará raíz ni rama. No les dejará paz, alegría, esperanza, consuelo, recreación, diversión, medio de escapatoria, medio de gracia, evangelio, corazón para orar, lugar para la oración, Salvador, Consolador, Dios. Aun sus almas se perderán.
  31. Debe de haber algo para los mortales inconcebiblemente terrible y maligno en la naturaleza del pecado para que sus siniestras consecuencias lleguen tan lejos, aun a todas las obras y labores del hombre; de hecho, aun a su posteridad (v. 10). Dickson: «Después de que la venganza del Señor venga sobre los enemigos del reino de Cristo, su maldición procederá a las obras de sus manos, y a todo aquello por lo que pretendieron ser felices en su vida. Y su venganza procederá a su posteridad, hasta que haya desarraigado su memoria de entre los hombres». Calvino: «Una doctrina lo bastante común en la Escritura es que Dios no solo inflige castigo a los primeros causantes de la maldad, sino que hace que aun inunde el seno de sus hijos» (cf. Is. 65:6, 7). Todos los que dejen al Señor serán avergonzados, y los que se aparten de Él «serán escritos en el polvo» (Jer. 17:13).
  32. Ningún hombre puede cumplir con su deber para con su descendencia, ni dar cuenta de sí mismo o de ella en el último día, a menos que, de corazón, sea amigo y siervo de Dios. Sin amor a Dios, ¿cómo puede educar a sus hijos en los caminos y consejos del Señor? Y, sin embargo, «hay una bendición para la instrucción religiosa de las familias, que a menudo se extiende a muchas generaciones; pero también hay una maldición, igualmente general, para la infeliz negligencia de la religión familiar. La impiedad parece ser, en muchas familias, un tipo de herencia para los desdichados descendientes».
  33. Interminables son las maquinaciones de los malvados (v. 11). La malicia, la astucia y las artimañas parecen ser el fruto necesario de la depravación. El pecado es, en su naturaleza, retorcido y engañoso. Es, esencialmente, mentira. Es asombroso que los justos escapen de las redes tendidas y de los fosos cavados para ellos. Pero los malvados no son capaces de llevar a cabo la mitad del mal que pretenden.
  34. Por muy malvadas que puedan ser las vidas de los hombres impíos, sus intenciones son peores aún (v. 11). Sus corazones son su peor parte. Esto no es todo. Cuanto peores son, mejores piensan, a menudo, que son. Aun cuando persiguen a los inocentes, lo hacen con algún falsa alegación o pretexto.
  35. Por muy osados, atrevidos e insolentes que puedan ser los malvados ahora, al final todos ellos se mostrarán cobardes y «en fuga» (v. 12).
  36. Nada es más vano que la guerra librada por los malvados. Quien intente enfrentarse a las flechas del Todopoderoso, solo aparecerá como un monumento a la necedad.
  37. La salvación de la iglesia o de cualquiera de sus miembros no es por el poder inherente de la criatura, sino solo por el poder de Jehová (v. 13).
  38. Es una señal de verdadera piedad tener y evidenciar una buena voluntad para Sión y su cabeza, desear bien para el pueblo y reino del Mesías (v. 13).
  39. Buena causa de continua alabanza y acción de gracias tiene todo el pueblo de Dios (v. 13). No hay hora, situación, condición, aflicción, tentación o dolor en que los hijos de Dios no tengan, a pesar de todo, mucha más razón para el gozo que para la tristeza. Si no pueden decir otra cosa, al menos pueden gritar y cantar: El Señor, Dios omnipotente, reina; Jesús vive; todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios.
  40. ¡Cristo es el maravilloso! En la tierra, fue un modelo de todas las virtudes, de toda bondad, de toda excelencia. En Él aún habita toda plenitud de gracia y verdad. Pero todas sus aflicciones han acabado. Él ahora, desde hace tiempo, está lleno de gozo inefable. De hecho, su gozo ha sido hecho la medida y suma de la dicha celestial. «Entra en el gozo de tu señor» (Mt. 25:21). Scott: «Si David se regocijó grandemente en el honor que le fue concedido, como rey de Israel, ¡cuál es el gozo de nuestro Redentor en su exaltación al trono mediador, y en la salvación de su pueblo! Y si Israel, por amor a David y su feliz gobierno, se regocijó y alabó a Dios por él, ¡cuán grande debería ser nuestro gozo al contemplar, por la fe, a nuestro Hermano y Amigo glorificado de esta manera, y nuestras alabanzas por todas las bendiciones que podemos esperar de Él!».

W. S. Plumer

 Licencia de Creative Commons
Este obra est· bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.
Creado a partir de la obra en http://www.iprsevilla.com.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s