Salmo 20

Una semana más, tenemos el placer de ofrecer a nuestros lectores una nueva entrega del Comentario al Libro de los Salmos, de W. S. Plumer. Esta vez, se trata de un salmo breve, con el consiguiente comentario también breve. En cualquier caso, Plumer sigue proporcionándonos mucha sana y práctica enseñanza, de gran interés para todo verdadero creyente. Esperamos, por tanto, que sea de edificación a nuestros lectores.

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SALMO 20

Oración pidiendo la victoria

Al músico principal. Salmo de David.

20 Jehová te oiga en el día de conflicto;
    El nombre del Dios de Jacob te defienda.

Te envíe ayuda desde el santuario,
Y desde Sion te sostenga.

Haga memoria de todas tus ofrendas,
Y acepte tu holocausto. Selah

Te dé conforme al deseo de tu corazón,
Y cumpla todo tu consejo.

Nosotros nos alegraremos en tu salvación,
Y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios;
Conceda Jehová todas tus peticiones.

Ahora conozco que Jehová salva a su ungido;
Lo oirá desde sus santos cielos
Con la potencia salvadora de su diestra.

Estos confían en carros, y aquéllos en caballos;
Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

Ellos flaquean y caen,
Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie.

Salva, Jehová;
Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.

Observaciones doctrinales y prácticas

  1. La palabra de Dios inviste de gran dignidad a las personas y hechos de los gobernantes legítimos, enseñando a todos, a quienes estos gobiernan, a orar por ellos (vv. 1-5). Compárese con 1 Timoteo 2:1-3. Jeremías llamó a su príncipe «el aliento de nuestras vidas, el ungido de Jehová, [bajo cuya] sombra tendremos vida entre las naciones» (Lam. 4:20). El abuso de los magistrados legítimos no es parte de la verdadera piedad.
  2. Los mayores hombres, aun los poderosos reyes, están sujetos a la aflicción, y necesitan las oraciones de los demás y la ayuda de Dios.
  3. Cuando nuestros problemas son tan grandes y pesados que nos llevan directamente a Dios, a menudo obtenemos una segura liberación, o un uso santificado, de ellos mucho antes que cuando son más ligeros o menos agudos.
  4. Nadie sino un hombre necio y malvado tendría en poco las oraciones a su favor de la gente más humilde. Henry: «Aun los grandes y buenos hombres, y aquellos que bien saben orar por sí mismos, no deben menospreciar, sino desear fervientemente las oraciones de los demás por ellos, aun de quienes son sus inferiores a todos los respectos». David compuso este salmo para que el pueblo orase por él.
  5. Cobbin: «Una nación que ora no es desestimada en el cielo. De un modo u otro, verán una respuesta a sus oraciones, y podrán regocijarse en la salvación de Dios».
  6. Para todo problema –personal, doméstico o nacional–, la oración es el mejor recurso de grandes y pequeños. En la tierra, ningún hombre está tan afligido, o desamparado, o acosado por los malvados, que Dios no pueda salvarlo, y ningún hombre es tan grande que no necesite ayuda de lo alto. Henry: «David, aunque hombre de negocio y hombre de guerra, fue constante en sus devociones. Aunque tenía profetas, sacerdotes y muchas buenas gentes entre sus súbditos que orase por él, no pensó que eso le excusara de orar por sí mismo».
  7. La iglesia tiene experiencia del poder, compasión, cuidado y fidelidad de su Dios y amigo. Él es el Dios de Jacob (v. 1). Él tratará a cada creyente tan fielmente y le defenderá tan eficazmente como lo hizo con el patriarca Jacob en su azarosa vida. Dios no quiere ni puede desamparar a su pueblo, porque es suyo, y porque sería contrario a todo el trato que les ha dado en el pasado, y una desconsideración de toda la relación que ha tenido con ellos. El nombre –las perfecciones y la providencia de Jehová—defenderá a aquellos por cuya causa Dios aboga.
  8. La relación de Dios con su pueblo es por medio de un pacto de gracia. De ese pacto, Sión, el santuario y toda la adoración aceptada en él eran signos (v. 2). La ayuda del santuario es federal.
  9. Cuando en algo obtenemos ayuda de la manera señalada por Dios, no solo es dulce en sí mismo, sino una promesa de más bendición (v. 2). La ayuda de Sión y el santuario ha sido, en todas las épocas, uniforme y de la misma excelente naturaleza.
  10. Cuán admirable es la condescendencia de Dios, dándose a conocer en Sión y en el santuario (v. 2). Si había de revelarse, ¿cómo podría hacerlo más oportuna, más graciosa, más instructivamente, o de manera más cautivadora, de lo que lo ha hecho en su ley y evangelio, su palabra y adoración?
  11. La adoración aceptada es una asombrosa misericordia. No es de extrañar que la deseen grandemente los buenos hombres (v. 3). Es una señal infalible de todas las cosas verdaderamente buenas de este mundo y del venidero.
  12. Es una bendición inestimable tener buenos gobernantes, por la concesión de cuyos deseos y cumplimiento de cuyos planes podemos orar de corazón (v. 3).
  13. La verdadera religión y la adoración aceptada siempre son substancialmente lo mismo. Lutero: «Al igual que en la nueva ley hay otras personas, otros asuntos, otros tiempos y otros lugares, también hay otros sacrificios; aunque permanecen una misma fe y un mismo espíritu; solo lo externo ha cambiado, lo interno permanece igual».
  14. Al igual que el piadoso judío tenía sus ofrendas de acción de gracias, también tenía sus sacrificios sangrientos para expiación (v. 3). De manera semejante, los pecadores, en medio de sus acciones de gracias y alabanzas, no deben olvidar que ahora, como en los días de Abel o Aarón, sin derramamiento de sangre, la sangre preciosa de Cristo, no hay remisión.
  15. Dios, cierta y gloriosamente, comulga con los buenos deseos, buenos consejos y piadosas oraciones (vv. 4-5). Toda su naturaleza y propósitos le llevan precisamente en esa dirección. Henry: «Quienes tienen como negocio glorificar a Dios, pueden esperar que Dios, de un modo u otro, les complacerá; y quienes andan en su consejo, pueden prometerse que Él cumplirá el de ellos».
  16. Cuanto más hayamos orado por una liberación, y cuanto más se manifieste ser de Dios, mayor será nuestro gozo (v. 5).
  17. Cuando alzamos nuestros estandartes, nos enzarzamos en pruebas o conflictos necesarios –personales o nacionales–, o damos expresión al gozo de la victoria, siempre debería ser «en el nombre de nuestro Dios» (v. 5). David fue contra Goliat en el nombre de Jehová de los ejércitos, y así le mató (cf. 1 S. 17:45-51). Todas las cuestiones están con Dios. No tenemos más derecho a hacer la guerra como ateos, que a vivir sin Dios en el mundo en tiempos de paz.
  18. Quienes comparten las aflicciones de la iglesia, también serán participantes de sus gloriosas victorias (vv. 1-5).
  19. Dickson: «El creyente puede estar seguro de que su petición le es concedida cuando ha orado conforme a la voluntad de Dios, en especial cuando ora por la seguridad de la iglesia y el reino de Cristo. “Conozco que Jehová salva a su ungido”» (v. 6).
  20. Al igual que el descuido de la oración hace débil a la fe, la oración viva grandemente fortalece nuestra confianza en la palabra de Dios (vv. 1-6).
  21. A menudo, en la Escritura la salvación se muestra en estrecha unión con el ungido de Jehová (v. 6). Si la liberación es temporal en el reino de David, aun así, ha de ser por medio de aquel a quien Dios ungió para ese fin. Mucho más la salvación eterna es por medio del gran Ungido, CRISTO, EL MESÍAS.
  22. En la Escritura, por todas partes, la ley tiene una sombra de las buenas cosas por venir, siendo aun el santuario un tipo del cielo mismo (vv. 2,6). Compárese con Hebreos 8-9. Calvino: «Bajo el santuario visible, que fue hecho de manos, se manifiesta la bondad paternal de Dios y su familiaridad con su pueblo, mientras que, bajo el santuario celestial, que no fue hecho de manos, se muestra su infinito poder, dominio y majestad».
  23. Vana es la confianza de toda maldad. En la guerra, se confía en los carros, caballos, navíos, números, disciplina, éxitos anteriores; pero la batalla no es de los fuertes. Que «la providencia favorece a los batallones fuertes» puede sonar bien a los oídos mundanos; pero ni la providencia ni la Biblia lo enseña. En la paz, se confía en las riquezas, los amigos, los barcos, las tierras, los bienes, aunque no pueden ayudar ni salvar. El que se gloría, gloríese en el Señor (v. 7).
  24. Muy diferentes son los efectos de la verdad religiosa en mentes diferentes (v. 7). Los siervos de Dios piensan en su nombre con deleite, pero los malvados con aversión. Los santos saben que lo peor que venga está bien, porque es enviado por Dios; pero esto no reconcilia al hombre malvado con los sucesos tristes. Los piadosos piensan en Dios en la prosperidad, pero en ese tiempo los malvados lo menosprecian. Los justos temen a Dios y se aferran a Él; los malvados le temen y se apartan de su presencia con terror. Se acuerdan de Dios y son turbados.
  25. Los justos no ponen nada con Dios para formar la base de su gozo y confianza. Él mismo es suficiente. No necesitan ayuda, ni guía, ni sabiduría, ni fuerza, ni justicia sino solo en Él (v. 7).
  26. Debido a su poder sobre la naturaleza humana, la fe de los elegidos de Dios es el principio conocido más maravilloso. Camina en tinieblas; no tiene luz y, sin embargo, confía en el Señor. Aguanta como si viera a quien es invisible. Anticipa las victorias cuando las apariencias son todas contrarias (v. 7). Dickson: «Lo que aterroriza al creyente en el primer asalto de la tentación, antes de ir a su refugio, lo desprecia el creyente cuando mira al Señor, su verdadera defensa».
  27. Esto no es ninguna maravilla, pues ha de venir un cambio en las posiciones y condiciones de los santos y las de los pecadores (vv. 7-8). La palabra de Dios lo asegura. El justo lo ve venir, el malvado no.
  28. Cada vez que el sentido de la verdadera fe se debilita o afloja, esta debe renovar –y lo hará—su sujeción al pacto y perfecciones de Dios (v. 9).
  29. El ateísmo de las naciones respecto al trato que Dios les ha dado, es comúnmente mucho más notable en su historia postrera que en su historia primera, en su plenitud y prosperidad que en su debilidad y asedios. Este salmo apenas sería aceptable para todo un pueblo al que la riqueza y la victoria hubiesen ejercido su influencia, normalmente corruptora.
  30. La orientación de todo este salmo hacia el gran UNGIDO y su reino, general y piadosamente, es admitida por los mejores comentaristas. Scott: «En respuesta a las esperanzas y oraciones de la iglesia del Antiguo Testamento, el ungido Rey del pueblo de Dios vino en el tiempo señalado. Fue oído en el día de su turbación, su sacrificio fue aceptado, sus intercesiones han prevalecido, su reino ha sido establecido, y a nosotros se nos llama a participar de sus bendiciones». Morison: «El deseo del corazón del Mesías, en la salvación de millones de pecadores que perecían, le fue concedido, y todos sus consejos, propósitos y planes han tenido éxito, y finalmente triunfarán sobre toda la oposición de la tierra y el infierno […]. Ni una petición para sí mismo o su iglesia caerá a tierra, inefectiva. Todas serán oídas, todas serán respondidas; y cada miembro de la familia redimida tomará su parte inalienable en la intercesión de su Señor». Calvino: «Puesto que Cristo nuestro Rey, siendo sacerdote eterno, jamás cesa de interceder ante Dios, todo el cuerpo de la iglesia debería unirse a Él en oración; más aún, no podemos tener esperanza de ser oídos a menos que Él vaya delante de nosotros y nos conduzca a Dios».
  31. En el gran conflicto entre Cristo y el dragón, el resultado no es dudoso. Puede parecer que se ha perdido una batalla, pero la guerra ha de acabar en el triunfo de la verdad, en el reino de la justicia, en la coronación del Mesías. Lutero: «¿Cómo no debería oír Dios cuando su reino, su interés y su honor están en peligro?».
  32. Los deseos realmente buenos son cosas buenas, y deberían expresarse con palabras y hechos. Todo el salmo así lo enseña. «La compasión cristiana es una gran rama del deber cristiano. Puede haber una gran cantidad de solícita bondad en lo que nos cuesta poco».

W. S. Plumer

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