Salmo 18 (II)

Publicamos ahora la segunda parte del comentario al Salmo 18. De este modo, continuamos, una semana más, ofreciendo a nuestros lectores esta interesantísima serie de comentarios al Libro de los Salmos, por W. S. Plumer. Esperamos que les sigan siendo de edificación.

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20 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.

21 Porque yo he guardado los caminos de Jehová,
Y no me aparté impíamente de mi Dios.

22 Pues todos sus juicios estuvieron delante de mí,
Y no me he apartado de sus estatutos.

23 Fui recto para con él, y me he guardado de mi maldad,

24 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.

25 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,
Y recto para con el hombre íntegro.

26 Limpio te mostrarás para con el limpio,
Y severo serás para con el perverso.

27 Porque tú salvarás al pueblo afligido,
Y humillarás los ojos altivos.

28 Tú encenderás mi lámpara;
Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.

29 Contigo desbarataré ejércitos,
Y con mi Dios asaltaré muros.

30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová;
Escudo es a todos los que en él esperan.

31 Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?

32 Dios es el que me ciñe de poder,
Y quien hace perfecto mi camino;

33 Quien hace mis pies como de ciervas,
Y me hace estar firme sobre mis alturas;

34 Quien adiestra mis manos para la batalla,
Para entesar con mis brazos el arco de bronce.

35 Me diste asimismo el escudo de tu salvación;
Tu diestra me sustentó,
Y tu benignidad me ha engrandecido.

36 Ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.

37 Perseguí a mis enemigos, y los alcancé,
Y no volví hasta acabarlos.

38 Los herí de modo que no se levantasen;
Cayeron debajo de mis pies.

39 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea;
Has humillado a mis enemigos debajo de mí.

40 Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Para que yo destruya a los que me aborrecen.

41 Clamaron, y no hubo quien salvase;
Aun a Jehová, pero no los oyó.

42 Y los molí como polvo delante del viento;
Los eché fuera como lodo de las calles.

43 Me has librado de las contiendas del pueblo;
Me has hecho cabeza de las naciones;
Pueblo que yo no conocía me sirvió.

44 Al oír de mí me obedecieron;
Los hijos de extraños se sometieron a mí.

45 Los extraños se debilitaron
Y salieron temblando de sus encierros.

46 Viva Jehová, y bendita sea mi roca,
Y enaltecido sea el Dios de mi salvación;

47 El Dios que venga mis agravios,
Y somete pueblos debajo de mí;

48 El que me libra de mis enemigos,
Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí;
Me libraste de varón violento.

49 Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová,
Y cantaré a tu nombre.

50 Grandes triunfos da a su rey,
Y hace misericordia a su ungido,
A David y a su descendencia, para siempre.

Observaciones doctrinales y prácticas

  1. Es una gloriosa verdad que, en todos los caminos y decisiones de Dios, por siempre reinará su infinita rectitud (v. 20). Si en nuestros conflictos con los hombres, somos justos e inocentes, todo saldrá finalmente como pudiéramos desear. Muchas veces, la difamación nos cubre de la más vil ignominia, como le ocurrió a David. Pero Dios mostró su inocencia, y abundantemente «lo puso a salvo de las acusaciones de ingratitud, rebelión y traición contra su suegro y su príncipe». Calvino: «Dios no nos fallará jamás, siempre que sigamos nuestro llamamiento, nos mantengamos dentro de los límites del mismo y no emprendamos nada sin el mandato u orden de Dios».
  2. ¿Quién puede valorar debidamente el inefable valor de una buena conciencia? (v. 21). Sin esta, David posiblemente no habría podido pasar por todas sus pruebas con serenidad y confianza. Solamente la rectitud y una pura conciencia pueden explicar la sublime escena recogida en 1 Samuel 26:21-25. Esto no fue sino una muestra de lo que ocurría a menudo. Al igual que «ningún hombre ha ofendido su conciencia sin que, antes o después, esta se haya vengado de él por ello», ningún hombre ha mantenido una buena conciencia sin que, en la hora de la prueba, le fuera de gran ayuda.
  3. La verdadera piedad rinde obediencia universal a la voluntad preceptiva de Dios (v. 22; cf. Sal. 119:6; Ro. 7:22; 1 Jn. 5:3). La obediencia de los siervos de Dios en la tierra puede ser imperfecta, pero no es hipócrita. Es defectuosa en cuanto a la ley, pero no intencionadamente. Aman la santidad.
  4. Así que la verdadera piedad soportará el escrutinio divino (v. 23). Dios a menudo juzga a su pueblo más favorablemente de lo que este se juzga a sí mismo (cf. Job 1:8; 42:6-7). La auténtica piedad implora el examen de la omnisciente pureza (cf. Sal. 139:23-24; Jn. 21:15-17). Bendito sea Dios, que conoce a los que son suyos y puede ver un grano de trigo en una fanega de cizaña.
  5. Es legítimo que los buenos hombres defiendan su buen nombre cuando es atacado con maldad (v. 24). Hacer esto con mansedumbre y firmeza no es una tarea fácil. Jamás apartemos nuestra causa de las manos de Dios. En esto David, y mucho más aquel de quien David no era sino un tipo, nos dejó un buen ejemplo (cf. 1 P. 2:23).
  6. Los grandes principios de retribución son los mismos en todas las épocas (vv. 25-26). Compárese con Levítico 26:21-24. El gobierno de Dios es tan perfecto, tan comprensivo, que es imposible que el hombre viole una de sus grandes leyes sin que, antes o después, experimente las consecuencias más dolorosas, sintiendo que sus dolores son el fruto de su propia necedad y lascivia. Cuando se dice que con el perverso Dios se mostrará perverso, se quiere decir que el resultado será como si así ocurriera. Pool: «La perversidad del hombre es moral y pecaminosa, pero la perversidad de Dios es judicial y penal».
  7. El aborrecimiento divino de la altivez es justo (v. 27). Calvino: «Cuanto más ceden los impíos a sus inclinaciones, sin ningún temor del peligro, y con cuanta mayor altivez desprecian a los pobres menesterosos que están bajo sus pies, más cerca están de la destrucción».
  8. La luz y el consuelo, manifiestamente recibidos de Dios, son grandes bendiciones (v. 28). El don tiene su valor principalmente en el dador. Calvino: «Es cierto que jamás tendremos el consuelo de ver a nuestros adversarios acabados, a menos que Dios disperse las tinieblas que nos envuelven y nos restaure la luz del gozo».
  9. Por muchas y grandes que hayan podido ser nuestras hazañas, sean todas atribuidas a Dios (vv. 29-34). De Él obtenemos toda nuestra fuerza, agilidad, valor, sabiduría, éxito. Pensar y sentir otra cosa es practicar el ateísmo. Calvino: «La fuerza y la destreza en la guerra solamente proceden de una secreta virtud comunicada por Dios». Las proezas de valor y fuerza pueden llevarse a cabo cuando Dios está junto al hombre. Horne: «Vano es todo esfuerzo, quienquiera que lo haga, contra los consejos de la omnipotencia».
  10. Nunca hay una posición tan difícil, una prueba tan severa, una noche tan oscura, un deber tan duro que impida que lo sabio, así como lo obligatorio, sea confiar en el Señor (v. 30).
  11. Tampoco deberíamos olvidar jamás que la palabra de Dios, aunque probada durante tanto tiempo y por tantos en toda circunstancia de la vida, nunca ha fallado una sola vez (v. 30). Si se pudiera encontrar siquiera un caso, se acabaría nuestro gozo. Morison: «La experiencia acumulada de toda la iglesia de Dios solo ha servido para demostrar que el oro siete veces purificado no es más genuino o sin mezcla que la palabra del Dios vivo, que ha sido la guía, el alimento espiritual y el apoyo divino de los hijos de Dios en todas las épocas».
  12. No hay ayudador o defensa como Dios, que es potencia, todopoderoso (vv. 30-31). Todas las pretensiones de divinidad hechas por algún otro son fútiles. Los dioses de los paganos son vanidad.
  13. Es fácil llevar a cabo nuestros planes y cumplir nuestros objetivos cuando Dios nos ciñe de fuerza (v. 32). Entonces, el gusano Jacob trilla las montañas y las desmenuza, y convierte los montes en tamo.
  14. Estar fuera del alcance de los enemigos es una misericordia tan grande como ser salvo en medio de adversarios (v. 33).
  15. Un buen hombre a veces puede ver claramente que sus pasos han sido ordenados por el Señor; y a menudo sostenidos por Él de la manera más singular (v. 35). En los peligros de nuestros asuntos temporales, puede que no sea nuestro deber arriesgar mucho. Pero en la causa de Dios, puede ser correcto arriesgarlo todo. Lutero: «Procede de la bondad y gracia divinas que seamos sostenidos y honrados, no de nuestra planificación y actuación, de modo que toda la gloria queda para Dios». Sus socorros son oportunos, su condescendencia infinita. «Tu benignidad me ha engrandecido».
  16. Es asombroso que los fracasos no sean más frecuentes. Cuán fácil es resbalar (v. 36). Los justos apenas se salvan.
  17. Los justos pueden esperar confiadamente una completa derrota de todos sus enemigos al fin (vv. 37-42). Calvino: «Puesto que las victorias aseguradas a David implican seguridad de victorias similares nuestras, se sigue que aquí se nos promete una defensa inexpugnable contra todos los esfuerzos de Satanás, todas las maquinaciones del pecado y todas las tentaciones de la carne».
  18. Obtenga Dios la alabanza de todas nuestras victorias (vv. 39-41,43,48). Sea Dios exaltado y el hombre abatido.
  19. Ni siquiera la oración salvará una mala causa (v. 41). ¿Podría algo, bien considerado, ser más alarmante para los pecadores?
  20. La deshonra en la que son puestos los hacedores de iniquidad en la tierra, apunta a algo muchísimo peor en el futuro (v.42). Si en un estado de imperfecta retribución vinieron males tan terribles sobre los malvados aquí, ¡cuál debe de ser la vergüenza y eterno menosprecio que caerá sobre ellos cuando la mano de Dios tome plena venganza!
  21. Muchas victorias mundanas y quizá todas las victorias espirituales vayan mucho más lejos de lo que se supone en un principio (vv. 43-44). Cuando los malvados comienzan a caer, generalmente se hunden cada vez más profundo, hasta que es completa su ruina. Mientras tanto, los justos se levantan más y más (cf. Est. 6:13).
  22. Cuando así lo desee, le será fácil a Cristo subyugar la tierra (v. 44). Las misiones ciertamente tendrá éxito. El fulgor de la aparición de Emmanuel esparcirá a todos sus enemigos. Él puede acortar la obra en justicia.
  23. La oposición siempre pierde toda fuerza cuando Dios viene a disipar las contiendas (v. 45). Cuando quiso dar completamente el reino a David, su viejo enemigo, el rey Saúl, cae sobre su propia espada y acaba sus días. Cuando quiso quebrar la cerviz de la persecución contra los judeoconversos, hace que Saulo de Tarso caiga de rodillas de momento.
  24. Admítase la existencia de Jehová y toda la demás verdad religiosa seguirá naturalmente (v. 46). Puede requerir de afirmación o aun argumentación, pero no deja de ser una deducción lógica de la primera gran verdad.
  25. No hemos de temer que, de palabra o de hecho, exaltemos a Dios demasiado. Alabémosle en todo momento (v. 46). En los días más oscuros de la Reforma, Lutero dijo: «Venid, cantemos el Salmo 46 y que hagan todo el daño de que sean capaces».
  26. Cuán dulce es la paz después de la guerra, en especial cuando es clara y manifiestamente la bendición de Dios (v. 47). Cuando Él trae paz, ¿quién causará disturbio?
  27. Aun cuando nuestras pruebas nos vengan por medio de hombres, lo mejor es dejarlo todo en las manos de Dios (v. 48). Él también puede librarnos de hombres violentos e irrazonables, y solo Él puede socorrer con eficacia.
  28. Aun los beneficios personales a menudo demandan alabanzas de Dios públicas (v. 49). Esto ocurre con muchos dones inferiores tanto como con la salvación.
  29. Morison: «Podemos aprender de este salmo que los mejores hombres, aun los que son conformes al corazón de Dios, pueden sentirse grandemente agobiados con las congojas, aflicciones y persecuciones de la vida. Esta era la situación de David, pero buscó y halló socorro en el trono de la gracia, como también lo hallará todo aquel que honre a Dios de esa manera».
  30. ¡Mucho del Antiguo Testamento apunta a Cristo! Muchos pasajes de los profetas no pueden tener una completa interpretación a menos que se apliquen a nuestro Salvador. Esto ocurre con porciones de este salmo. El último versículo ilustra sorprendentemente tal afirmación. Véase Hechos 3:18,24; Romanos 15:9; Hebreos 2:13. Clarke dice que esta última palabra de este salmo «muestra que se alude a otro David, con otro tipo de posteridad y otra clase de reino. De la familia de David vino el hombre Cristo Jesús. Su posteridad son los genuinos cristianos; su reino, en el que son súbditos, es espiritual. Este gobierno durará por todos los tiempos y se extenderá por la eternidad; pues este es el reino de gloria en el que Jesucristo reina sobre el trono de su Padre, y en el que sus seguidores reinarán con Él por los siglos de los siglos».

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