Salmo 18 (I)

Una semana más, ofrecemos un nuevo comentario del teólogo estadounidense W. S. Plumer, en esta ocasión a la primera parte del Salmo 18. Ofreceremos la segunda, Dios mediante, la próxima semana. Hemos optado por dividir el salmo en dos secciones debido a su considerable extensión. Esperamos, una vez más, que nuestros lectores reciban esta nueva entrada con expectación y sean edificados con sus enseñanzas.

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SALMO 18

1 Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.

Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.

Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mis enemigos.

Me rodearon ligaduras de muerte,
Y torrentes de perversidad me atemorizaron.

Ligaduras del Seol me rodearon,
Me tendieron lazos de muerte.

En mi angustia invoqué a Jehová,
Y clamé a mi Dios.
El oyó mi voz desde su templo,
Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.

La tierra fue conmovida y tembló;
Se conmovieron los cimientos de los montes,
Y se estremecieron, porque se indignó él.

Humo subió de su nariz,
Y de su boca fuego consumidor;
Carbones fueron por él encendidos.

Inclinó los cielos, y descendió;
Y había densas tinieblas debajo de sus pies.

10 Cabalgó sobre un querubín, y voló;
Voló sobre las alas del viento.

11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí;
Oscuridad de aguas, nubes de los cielos.

12 Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron;
Granizo y carbones ardientes.

13 Tronó en los cielos Jehová,
Y el Altísimo dio su voz;
Granizo y carbones de fuego.

14 Envió sus saetas, y los dispersó;
Lanzó relámpagos, y los destruyó.

15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas,
Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo,
A tu reprensión, oh Jehová,
Por el soplo del aliento de tu nariz.

16 Envió desde lo alto; me tomó,
Me sacó de las muchas aguas.

17 Me libró de mi poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.

18 Me asaltaron en el día de mi quebranto,
Mas Jehová fue mi apoyo.

19 Me sacó a lugar espacioso;
Me libró, porque se agradó de mí.

Observaciones doctrinales y prácticas

1. Tanto el título como el contenido de este salmo sugieren que una ocupación muy apropiada de la antigüedad era contar las misericordias de Dios recibidas por la fe. Deberíamos regresar muy atrás en el tiempo. Cuando se escribió este cántico, Saúl llevaba mucho tiempo muerto, quizá treinta años. Sin embargo, David habla como si su muerte fuese reciente. Ni nuestros pecados ni las misericordias de Dios deberían prescribir jamás.

2. Por mucho que pueda durar la contienda del pueblo de Dios, llegará a su término. Al final, Dios librará de todos los enemigos.

3. Todas las Escrituras nos convocan a amar ardientemente a Dios. No podemos deleitarnos demasiado en Él (v. 1; cf. Dt. 6:5; 10:12; 11:1; 13:22; 19:9; 30:6; Mr. 12:30,33; Lc. 10:27). El amor al hombre a menudo es desordenado; el amor a Dios, jamás. Lutero: «Nuestro dulce y alegre afecto debería impulsarnos con gran fuerza hacia quienes se lo debemos, cuando hemos sido librados de enorme mal y desgracia».

4. ¡Cuán débiles somos! Como ocurre con los conejos, nuestra fuerza está en la roca. No podemos hacer nada por nosotros mismos. Sin embargo, Dios es protección, sostén y libertador suficiente (v. 2). Morison: «¡Cuán dulce es nuestra creencia en el divino gobierno moral del mundo, cuando somos capacitados para ver que algunas de sus acciones más notables se llevaron a cabo por causa de nuestra situación particular». Calvino: «Aquellos a quienes Dios se propone socorrer y defender, no solo están seguros contra un tipo de peligros, sino que –por así decirlo—se encuentran rodeados de murallas inexpugnables por todos lados, de modo que, aun presentándose delante de ellos un millar de muertes, no deberían temer ni ante semejante exhibición» (cf. Jn. 19:11).

5. Es necesario creer en la estabilidad e inmutabilidad de la naturaleza y consejos divinos (v. 2). Ningún nombre o título de Dios adecuadamente interpretados denotan lo contrario. Casi todos ellos claramente lo afirman. Él es nuestra roca, fortaleza, Dios, etc.

6. ¡Cuán condescendiente es Dios al presentarse ante nosotros como en este salmo, particularmente en el versículo 2. Calvino: «Aprendamos a aplicar para nuestro propio provecho los títulos que aquí se atribuyen a Dios, y a aplicarlos como un antídoto contra todas las confusiones y aflicciones que puedan asaltarnos». Cobbin: «Una visión de la grandeza y poder de Dios hará que nos regocijemos en Él. Toda construcción fuerte puede usarse como emblema del Dios del creyente, que es su roca, fortaleza, escudo, torre elevada; todo lo grandioso en la naturaleza refleja su grandeza y majestad».

7. En la Escritura apenas hay límites para la recomendación de la oración (v. 3). Aquí tenemos un ejemplo para nuestro ánimo. Aquí, como en cualquier otro lugar, la oración y la alabanza también están unidas (cf. Fil. 4:6; Col. 4:2; 1 T. 2:1). Muchas oraciones son estorbadas porque, aunque suplica bendiciones, no adora a Dios por lo que es, ni le agradece lo que ya ha hecho. Morison: «¡Cuánta honra se ha dado a la oración y a la alabanza en todas las épocas! Han sido como una escalera mística entre el cielo y la tierra, por la cual han ascendido y descendido los ángeles de misericordia». Lutero: «No podemos creer cuán poderosa es la ayuda que obtenemos cuando alabamos a Dios en medio del peligro apremiante. Porque, en el momento en que empiezas a alabar a Dios, el mal también empieza a remitir, el corazón obtiene consuelo y, entonces, invocarás a Dios con confianza».

8. En qué estrechez son puestos a menudo aun los buenos hombres (vv. 4-5). Los dolores de la muerte y del infierno, los aluviones de hombres impíos y los lazos de la muerte los rodean y asedian. De este modo son disciplinados y se hacen valientes. Los buenos soldados no se hacen en los salones. La terrible contienda del campo de batalla es necesaria para mostrar quién es sosegado y valeroso. No es pequeña misericordia el que Dios nos permita triunfar en muchos conflictos antes de que libremos la última gran batalla.

9. Hordas de hijos de Belial no son ninguna novedad (v. 4). Aunque finalmente son abatidos, durante mucho tiempo han atemorizado a los buenos hombres. No sin causa la gente juiciosa tiene un temor especial del sufrimiento infligido por mano de los malvados (cf. 2 S. 24:14). El cruel escarnio y horrorosa brutalidad de los malvados dan un terror a la miseria temporal que, de otro modo, jamás podría adquirir.

10. Por muy terribles que sean nuestros conflictos, es bueno revisarlos cuando ya han pasado (vv. 4-5). Cuanto mayor sea nuestra comprensión del peligro, cuando lo experimentamos, mayor será nuestro aprecio de la sabiduría, poder y misericordia divinos en nuestro rescate. Bunyan jamás olvidó la prisión de Bedford. Le encantaba pensar en las misericordias que allí había recibido, y en la liberación de sus barrotes y lobreguez que Dios le había concedido.

11. Muchas porciones de la Escritura coinciden en el fervor de la oración (v. 6). Invocar al Señor puede ser propio de cualquier servicio religioso que se ofrece a Jehová, aunque sin excluir la oración. Pero clamar a Él denota ferviente súplica. Ofrecer nuestras peticiones de un modo inerte es como no orar en absoluto. Calvino: «Ninguna calamidad –no importa cuán grande u opresiva sea– puede impedir que oremos o crear aversión hacia la oración».

12. Esta oración es maravillosamente eficaz (v. 6). Nada lo es más. Dickson: «No hay estrechez de la que Dios no nos pueda librar, ni caso tan desesperado que haga innecesaria o inútil la oración». Morison: «Toda la naturaleza rinde homenaje al espíritu de la oración, convirtiéndose en el libertador voluntario y activo de quien expone su queja ante el gracioso Ser que es el Soberano de la naturaleza, y que puede convocar a todos sus actores más misteriosos para la defensa de su pueblo escogido». Jonás: «Desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste» (Jon. 2:2).

13. Al igual que es una mala señal, tras ser liberado, procurar restarle valor, es una buena señal procurar engrandecer cada merced que se nos ha concedido (vv. 7-15).

14. No puede haber necedad mayor que la de pelear contra Dios (v. 7). Cuando Él está airado, toda la naturaleza se espanta. Las sólidas montañas y la tierra misma tiemblan como una hoja.

15. Cuando Dios escoge, sus juicios son tan terribles como siempre se representan (v. 8).

16. Todo intento de comprender a Dios siempre ha de resultar infructuoso. Las mismas tinieblas con las que se rodea no son sino un emblema de la impenetrable oscuridad en la que habita por siempre (vv. 9,11). Owen: «Dios tiene fines de asombro, endurecimiento y destrucción para con algunos –por los cuales los abandona a sí mismos y los conduce a muchos lazos y extravíos, para probarlos a ellos y ejercitar a otros– que no se podrían llevar a cabo si no estuviera entre las nubes y las tinieblas fuesen su cobertizo y su lugar secreto; de ahí el clamor de los hombres de espíritus profanos y endurecidos (cf. Is. 5:19)».

17. Cuando Dios viene para castigar a sus enemigos y rescatar a su pueblo, nada ha sorprendido más a sus amigos o a sus enemigos que la admirable rapidez con la que se mueve y actúa (v. 10). Vuela sobre las alas del viento.

18. Dios no se encuentra desprovisto de actores que cumplan sus propósitos. Cuando quiere, da órdenes a los querubines (v. 10). El universo no es un absoluto desierto. Está bien poblado de criaturas vivientes.

19. Tampoco carece Jehová de medios para ejecutar su ira o manifestar su poder liberador (vv. 12-15). Las densas nubes, los granizos, las bolas de fuego, los rayos, el viento huracanado, todas las cosas de la naturaleza sirven a los propósitos de Dios, y en un momento ejecutarán su voluntad.

20. Ha de ser totalmente imposible que los hombres lleguen a la conclusión definitiva de que no hay Dios. Los mismos fenómenos de la naturaleza, a menudo tan grandiosos y terribles, han de llenar de incertidumbre una proposición tan monstruosa, si no de otra forma, al menos de esta: suscitando la duda de si la causa que produce efectos tan enormes no podría hacer cosas que convencieran a los más incrédulos de que hay una Primera Causa, un Ser cuya existencia no tiene causa. El que puede hacer lo que se dice en los versículos 12-15 que se ha hecho, podría hacer cualquier cosa, podría demostrar su existencia a los más escépticos.

21. ¡Cuán maravillosas son las manifestaciones del poder de Dios al producir de la misma nube los rayos más refulgentes y una lluvia de bolas de nieve (v. 12). Ciertamente, si cosas tan contrarias pueden surgir de una nube borrascosa, no deberíamos sorprendernos de los resultados tan variados del gobierno moral de Dios.

22. Reconocer a Dios en la naturaleza es un claro deber de la piedad (vv. 13-14). Truena. Su voz estremece el cielo y la tierra. Aprendamos a leer su voluntad así en sus obras como en sus palabras. Calvino: «El significado de las palabras es: Quien no reconozca que he sido preservado por la mano de Dios, puede también negar que es Dios quien truena desde el cielo, y desechar su poder que se manifiesta en todo el orden de la naturaleza, y especialmente en los maravillosos cambios que vemos que tienen lugar en la atmósfera».

23. Dios trabaja sin esfuerzo (vv. 14-15). Su palabra obtiene los más asombrosos resultados. Su voluntad es la ley de la naturaleza universal. Para Él nada es difícil, nada es complicado, nada es imposible, nada es pesado.

24. Es una verdad gloriosa que Dios, si fuera necesario, cambiaría todo el curso de la naturaleza para salvar a uno de sus hijos (vv. 15-16). Conmoverá los pilares del cielo y hará que la tierra dé vueltas como un ebrio para librar a un pobre hombre de sus enemigos.

25. Rara vez los problemas vienen solos, y también rara vez Dios libra de un solo problema (v. 16). A menudo Dios saca a sus amados de muchas aguas. Le es tan fácil salvar de un mundo de problemas como de uno solo. Y nuestra incapacidad para ayudarnos a nosotros mismos no hace las manifestaciones del poder de Dios menos, sino más ilustre. Ya salve con medios, sin medios o contra los medios, sigue siendo nuestro libertador.

26. Una experiencia de apuros personales suscita un inmenso interés en cada porción de la Escritura, especialmente la que recoge las pruebas y liberaciones de eminentes siervos de Dios (v. 17). Cualquier amigo de Dios que se encuentre afligido y perseguido, al entender el plano de este salmo, ha de recibir gran aliento de sus enseñanzas.

27. Las escapatorias, por parte del pueblo de Dios, de la muerte corporal, de la destrucción mundana y de la derrota espiritual, todas son dignas de profunda reflexión y celebración religiosa (v. 17).

28. Cuán ocupados están nuestros enemigos (v. 18). Nunca descansan. Siempre se oponen a nosotros. Es de maravillar que no logren a veces la destrucción de un buen hombre. Pero jamás lo hacen, pues:

29. Dios está a su lado. «Jehová fue mi apoyo» (v. 18). Si Dios pone bajo nosotros sus brazos eternos, ciertamente seremos sostenidos.

30. Cuando Dios toma nuestra causa, libra como Dios. No lleva a cabo un rescate parcial (v. 19). Saca a sus escogidos «a lugar espacioso». Cuando restaura la paz y el gozo a la familia de Jacob, la reconciliación entre los miembros hostiles es perfecta. Cuando sana al cojo, este camina y salta y alaba a Dios. Cuando decide poner a David en el trono, todo el reino de Israel puede oponerse, pero no frustrar el plan.

31. Si Dios es querido a su pueblo (v. 1), también lo es su pueblo a Él (v. 19). Se agrada de ellos. Son como la niña de sus ojos. Ante todos los mundos, el eterno Hijo de Dios pensó con agrado en las almas que había de redimir (cf. Pr. 8:31).

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