SALMO 13

La semana pasada iniciábamos una nueva serie de publicaciones, sobre el Libro de los Salmos, a partir de un excelente comentario de W. S. Plumer, publicado por la editorial escocesa Estandarte de la Verdad en su Generva Series of Commentaries. En esta ocasión, procedemos a publicar el comentario al Salmo 13 (en realidad, solo la parte doctrinal y práctica, la cual nos parece de especial provecho espiritual). De nuevo, nos encontramos ante una serie de lecciones prácticas, expuestas de manera concisa y esquemática, que merecen ser leídas con atención para extraer, así, de ellas toda la riqueza espiritual que esconden.

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Salmo 13

Plegaria pidiendo ayuda en la aflicción

Al músico principal. Salmo de David.

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?

¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma,
Con tristezas en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío;
Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte;

Para que no diga mi enemigo: Lo vencí.
Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara.

Mas yo en tu misericordia he confiado;
Mi corazón se alegrará en tu salvación.

Cantaré a Jehová,
Porque me ha hecho bien.

Anotaciones doctrinales y prácticas

  1. Los días tenebrosos no son cosa nueva para el pueblo de Dios (vv. 1-2). David vio tales tiempos. Todos los santos los han visto. Dickson: «Turbaciones externas e internas, del cuerpo y el espíritu, luchas de fuera y espanto de dentro, aflicciones del cielo y de la tierra, de un Dios que abandona y de hombres que persiguen, pueden acontecer a un hijo de Dios». Ninguna tentación sucede ahora a los buenos hombres que no haya sido común a los santos siempre.
  2. Ningunas tinieblas son tan terribles como las tinieblas espirituales (v. 1). La miseria de Job tocó fondo cuando dijo: «¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! […] He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré;si muestra su poder al norte, yo no lo veré; al sur se esconderá, y no lo veré» (Job 23:3, 8-9). Lutero dice que aquí David «pinta este punzante y amargo dolor de la mente con las palabras más gráficas, como alguien que piensa que tiene que tratar con un Dios alienado de él, hostil, desapacible, inexorable y por siempre airado. Porque aquí la misma esperanza desespera, y la desesperación espera, a pesar de todo; y solo queda el gemido indecible con que el Espíritu Santo intercede en nosotros (cf. Ro. 8:26), quien se movía sobre las tinieblas que cubrían las aguas, como se dice al comienzo de Génesis. Esto no lo entiende nadie que no lo haya gustado».
  3. Cuando Dios retrasa sus visitas de auxilio, tiene sabias razones para semejante conducta. El tiempo de liberación que Dios establece normalmente se halla más distante de lo que la ignorancia del hombre considera mejor (vv. 1-2). Sin embargo, a menudo se encuentra más cercano de lo que la incredulidad del hombre le permite esperar. La razón es que Dios es más sabio y grande que el hombre.
  4. Clamar cuando Dios oculta su rostro no es pecaminoso. Aun el hombre sin pecado exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt. 27:46). Imitemos su humildad y su fe. Debemos guardar nuestras almas del gran error de inferir que nos rechaza porque posponga su liberación. Debemos dar su tiempo a Dios.
  5. Puesto que el pueblo de Dios le ama por encima de todo lo demás, el pensamiento de un rechazo final y total es intolerable (v. 1). Pueden soportar cualquier cosa menos esto. Morirán si no contemplan su rostro en paz y en justicia.
  6. No toda repetición se prohíbe en la oración, sino solo la vana repetición (vv. 1-2). Cuatro veces clama David: ¿Hasta cuándo?
  7. Está bien que a menudo nos preguntemos, en medio de pruebas: ¿Esta cosa me afectará un mes, o un año, desde ahora? ¿Qué pensaré sobre ello en la hora de la muerte? En la eternidad, ¿lo consideraré de alguna importancia? Calvino dice que, al clamar: ¿Hasta cuándo? ¿Por siempre?, David «nos enseña a extender nuestra mirada lo más lejos posible hacia el futuro, para que nuestro presente dolor no nos prive enteramente de esperanza».
  8. Sin embargo, ¡cuán pobres criaturas son los más grandes y mejores hombres cuando Dios los abandona! (vv. 1-2). ¡Cuán amargo es el clamor del alma que no sostiene Dios! Henry: «Nada es más mortal al alma que la falta del favor de Dios, nada más vivificante que el regreso del mismo […]. Las largas aflicciones prueban nuestra paciencia y, a menudo, la cansan. Es una tentación común, cuando la turbación dura mucho, pensar que durará siempre. El desaliento, entonces, se convierte en desesperación, y quienes han estado mucho tiempo sin gozo, comienzan al final a estar sin esperanza».
  9. Calvino: «El oficio característico de Dios es reprimir la audacia e insolencia de los malvados siempre que se glorían en su maldad». Por tanto, llevémosle nuestra causa en todo tiempo, como hizo David (vv. 1-3). El carácter de Dios prohíbe que abandone a los justos al poder y burla de los enemigos de Él y de ellos. Lejos de ti tal cosa, oh Señor.
  10. Debe de haber una gran cantidad de escoria aun en los buenos hombres, para que un dolor diario y continuado les sea necesario para su santificación (vv. 1-2).
  11. Nadie se sorprenda de que los hombres malvados y altivos a menudo tengan un éxito considerable durante algún tiempo, y se conduzcan con el brazo en alto. Esto ha sido así desde hace tiempo (v. 2). Pero su hora de derrota y desastre se acerca.
  12. ¡Cuán maravilloso es que Dios a menudo permita que su pueblo se encuentre durante algún tiempo bajo el poder de maridos, padres, señores y gobernantes crueles y tiránicos! (v. 2). Daniel y sus piadosos contemporáneos han de vivir bajo aquellos caprichosos monarcas caldeos. Abigail vive con un marido que es tal hijo de Belial, que no se le puede hablar palabra. Esta es la escuela en que los santos son a menudo disciplinados para utilidad y aun para gloria. La dificultad intolerable conduce a la dicha y a la victoria.
  13. Si la fe no tuviese victorias y consuelos, desalentaría bastante (v. 3). Bendito sea el nombre de Dios, que jamás se deja sin testimonio ni permite que su pueblo sea tentado más de lo que pueda soportar.
  14. Nos es bueno lo que nos lleva a orar (v. 3). Es mejor estar orando en el vientre de la ballena que dormido en el barco. ¡Cómo ayuda aquí la oración a David! «La misericordia de Dios sostuvo su fe; su fe en la misericordia de Dios llenó su corazón de gozo en su salvación; su gozo en la salvación de Dios había de llenar su corazón de cánticos de alabanza». Henry: «Hay algún alivio en el espíritu turbado cuando da rienda suelta a su dolor, especialmente cuando lo hace ante el trono de la gracia, donde estamos seguros de hallar a uno que se aflige en las aflicciones de su pueblo, y se turba en la percepción de sus males».
  15. No podemos alegar con demasiada frecuencia nuestra relación federal con Dios (v. 3). ¡Cuán uniformemente claman los santos: ¡Oh, Señor, mi Dios! Jamás dejen de llevar a cabo una práctica tan excelente. Es un gran nutriente del alma. Si los hombres no han de considerar nuestra causa, Dios sí.
  16. Nada anima el corazón e ilumina los ojos como la graciosa presencia de Dios (v. 3). Es la vida del alma.
  17. ¡Cuán terrible es la malicia de los malvados! A menudo se regocijan cuando el pueblo de Dios sufre en carácter, persona o planes (v. 4). El odio, que se regocija en las calamidades del bien, ciertamente será retribuido (cf. Pr. 17:5). ¡Cuánto se parece la maldad sobre la tierra a la del mundo de la desgracia! ¡Cuán justa e inevitablemente el infierno sigue al pecado sin perdón y sin arrepentimiento!
  18. Cuán esencial es la fe a cada paso de la vida cristiana (v. 5). Calvino: «No es de manera humana o por sentimientos naturales como reconocemos, en nuestra miseria, que Dios se preocupa de nosotros, sino que por la fe percibimos su providencia invisible. Así a David, en lo que podía deducir del estado real de las cosas, le parecía ser abandonado por Dios. Pero, a pesar de todo, habiendo disfrutado previamente de la luz de la fe, penetró con el ojo de su mente en la gracia oculta de Dios. De lo contrario, ¿cómo habría dirigido sus gemidos y deseos a Él?».
  19. Cuán dulce es la misericordia al pecador o sufridor creyente (v. 5). Vive por ella. Espera en ella. La prefiere antes que todas las demás fuentes de gozo. Nunca es más bienaventurado que cuando no piensa en ningún otro recurso.
  20. Por muy largo que sea el tiempo de sufrimiento para los justos, no durará siempre, sino que pronto lo seguirá un tiempo de gozo (v. 5). Tholuck: «Un gran número de nuestros himnos [alemanes] fueron compuestos en los días lúgubres de la Guerra de los 30 Años». Todo el pueblo de Dios debería comenzar aquí la obra de alabanza y, así, afinar sus almas para los cánticos inmortales.
  21. Ningún cambio es tan grande ni tan repentino que Dios no lo pueda efectuar para su pueblo, si es para su bien. David comienza su cántico con tristeza, pero lo acaba con alegría.
  22. La salvación que sucede a la guerra, la tentación y la aflicción, será maravillosa (v. 5). El reposo de Canaán fue un deleitoso sucesor del pesado viaje del desierto.
  23. Las pruebas y victorias de los santos de todas las épocas son tan uniformes que las mismas quejas y cánticos sirven para las sucesivas generaciones del pueblo de Dios. Este salmo es tan aplicable a los creyentes de esta época como a los de cualquier otra anterior.

W. S. Plumer

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Creado a partir de la obra en http://www.iprsevilla.com.

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