Los Testigos de Jehová: un análisis bíblico (II)

Continuando con lo que veíamos en la entrega anterior, supongamos que el Testigo de Jehová ya termina de hablar y que nosotros no le habremos dado información alguna de nosotros, lo que habremos hecho es invitarle a que nos suelte la información que tenga que darnos. Ahí es posible que nos quedemos como lívidos después de escuchar todo lo que ha llegado a nuestros oídos y de escuchar herejía tras herejía. Lívidos tanto exterior como interiormente, pues lo que acabamos de escuchar es toda una difamación a Dios.

Pero, sin embargo, debemos mantener la calma. Lo fundamental es que el Testigo vea lo que es tener un Señor y Salvador del cual él carece. Quizás no es fácil, pero hay que hacer ver a este Testigo, que tan bien se sabe ciertos versículos de la Escritura, que en su boca no son más que letra muerta, pues la fe no es simplemente conocimiento intelectual: el mensaje que Dios tiene para nosotros en la Biblia habla directamente al corazón. La fe no es meramente “esto es A, en consecuencia luego es B y, como consecuencia de ambos, resulta en C”. Por supuesto que hay una parte de teología sistemática, pero la fe no se queda en una fe para la mente, sino para toda la vida, para cada cosa. Es importante que vea el gozo que tenemos en el Señor, de forma que él se replantee si tiene lo mismo o con lo que vive es con una pesada carga sobre los hombros de buscar la salvación mediante un camino de obras. Hay que sacarlo del camino de la argumentación racional y llevarlo al de la experiencia de lo que es vivir cada día con Cristo: ¿Podrá contraargumentarle algo el Testigo con su listita de versículos si usted le habla de la felicidad de ser cristiano cada día? ¿O si le dice que Jesucristo satisface todas las necesidades de su vida? Contra una fe que llega al corazón poco le puede argumentar con su metodología racionalista y parlanchina.

Por ejemplo, seguramente ellos en una de sus reuniones en los “salones del Reino” o en sus macroconvenciones anuales jamás han sentido el actuar del Espíritu Santo (para empezar, ellos lo desprecian) al estar adorando a Dios o en oración en comunión con otros creyentes, de forma que uno sienta que está casi a punto de aplastarle. Seguro que no. Es una de las experiencias por las cuales puede ser interesante preguntar al Testigo de Jehová, si la ha tenido alguna vez o no en alguna de sus reuniones.

Como hemos visto en el documental, ellos viven una vida frenética y desesperada de ir puerta a puerta buscando nuevos reclutas para su secta con el fin de intentar salvarse, pero, a pesar de todo… ¡NO SABEN SI SE SALVARÁN O NO! Normal, su “Dios” no es más que un juez lejano, distante, sin una relación personal con ellos y sin ningún amor, solo está esperando que le traigan una lista de “méritos” obtenidos en vida para calificar y decidir si les da el “premio gordo” (vivir en el nuevo paraíso terrenal) o los aniquila, con lo que todo se habrá terminado. Si tocasen muchas puertas de hogares de cristianos que les testificasen algo tan simple como su gozo en el Señor y en Su salvación y de que Él tiene todo lo que necesitan, terminarían viéndose impotentes. Eso es lo único que puede impresionarles, un testimonio simple, que está al alcance tanto de los cristianos más sencillos como de los más eruditos, puesto que enredarse en un debate “escolástico” con ellos es inútil. Los Testigos de Jehová son como aquellos que se autocomplacen en tener una teología muy ortodoxa pero no pasan del mero conocimiento intelectual, con la única diferencia de que éstos, al menos, no se dedican a propagar doctrina falsa. Con una serie de testimonios sencillos que escuche, es probable que se pregunte qué es lo que tienen los cristianos y él no, y si él, con todo lo duramente que trabaja, tiene alguna paz en su vida. Según algunos ex–Testigos de Jehová, los testimonios más simples y personales de fe en Jesucristo fueron los que más les impactaron.

Pero supongamos que el Testigo es pesado o peleón. Una de las cosas que les caracterizan es tratar de volver constantemente a lo suyo, a un punto doctrinal que dicen ellos que está apoyado en la Biblia. Cuidado, pues son muy hábiles en sacar nuevos temas con los que enredar cuando se ven atrapados y sin salida. Sus palabras suelen salir de su boca como un torrente, citando un texto tras otro: así es como funciona el “software” que tienen instalado mentalmente. Ahí sí, no le dejes continuar, páralo en cuanto te cite el primer texto. Coge tu Biblia y enséñale el texto en su contexto y cómo él se ha limitado a memorizarse el versículo aislado. Aunque ellos digan (y, lo que es peor, crean) que conocen muy bien la Biblia esto no es cierto. Conocen bien ciertos versículos, unos pocos, pero aparte, lo que conocen bien es LA INFORMACIÓN DE SUS LÍDERES SUPUESTAMENTE BASADA EN LA BIBLIA, NO LA BIBLIA. No son más que maquinitas parlantes que lo que hacen es repetir lo que sus líderes les han enseñado y repetido una y otra vez. Ver a alguien que no solo es un repetidor de versículos y de lo que haya escuchado en su iglesia, sino que es cuidadoso y reverente en su estudio de la Biblia y del contexto en que se dice cada cosa en cada pasaje, de forma que la Biblia es un libro de aplicación a cada parcela de la vida, puede ser muy desconcertante para ellos.

Es verdad que he dicho antes que lo mejor es no entrar en discusiones doctrinales con ellos, pero a lo que me refiero aquí es a pararles inmediatamente los pies si, tras la exposición inicial que hayan hecho de su doctrina herética, siguen insistiendo en volver a lo mismo o en sacar alguna otra discusión.

Por ejemplo, como dije en la primera parte, igual que otras doctrinas falsas, uno de sus ataques fundamentales es intentar confundir sobre quién es Cristo y cuál es Su obra, acorralándote con textos que hablen de la vida humana de Jesús en la tierra. CALMA. Uno que les encanta es Juan 14:28, donde Jesús dice: “el Padre es mayor que yo”. Un Testigo de Jehová de manual añadirá: “¿Ve? Jesús mismo declara ser inferior al Padre, por tanto, no puede ser Dios” (siempre dicen eso). También suelen manipular Juan 20:28, el pasaje en el que Tomás se dirige a Cristo resucitado diciéndole: “¡Mi Señor y mi Dios!”, confesando Su divinidad. Ellos dicen que “mi Dios” se refiere a Dios en el cielo. Hay que ser retorcido para destrozar así una frase y sacar tan violentamente de contexto las Escrituras. Además, Jesús en ningún momento censuró la confesión de Tomás ni rechazó su adoración, es más, bendijo a quienes sin verle confesaran lo mismo que su discípulo y le adorasen: “Porque me has visto Tomás, creíste, bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

Un trucaje de la Biblia bastante descarado que hacen es con Hechos 7:59, cuando Esteban es apedreado. El versículo dice que Esteban decía: “Señor Jesús, recibe mi Espíritu” y esto, por cierto, lo dice ¡su propia Traducción del Nuevo Mundo! Eso sí, añaden una nota el pie que dice que “se podría traducir” como que Esteban “hacía una oración”. Hay que decir que no es cierto que la Biblia sea la principal autoridad para ellos, puesto que, cuando hay dificultades con algún pasaje, tienen instrucciones de irse a la literatura de su organización para ver el sentido “correcto”. Aquí Esteban invoca a Jesús, lo cual no tendría sentido si Jesús no fuera Dios. Según la propia traducción de los Testigos, si Jesús no era Dios, entonces Esteban hubiera sido un idólatra al invocar a quien no es Dios.

En Juan 10:30, Jesús dice: “Yo y el Padre somos uno”. Ellos añaden una nota al pie en su Traducción del Nuevo Mundo sugiriendo que eso quiere decir “estamos en unidad”. Pero el significado del griego no se acerca ni remotamente el sentido que los Testigos pretenden darle. Jesús se refería a que Él y el Padre eran uno en esencia. Tan bien entendieron esto los fariseos que quisieron apedrearlo por blasfemo, pues entendieron perfectamente que Jesús se hacía a sí mismo igual a Dios. Sobran más comentarios.

Y otro más que utilizan es Colosenses 1:15, cuando se afirma que Jesucristo es “el primogénito de toda creación”. Nuestro Testigo de Jehová de manual exclamaría: “¡Mire, mire! Eso confirma que es el primer ser creado por Dios”. ERROR: en la Biblia “primogénito” no significa “primer creado”, como los Testigos de Jehová afirman que significa en Colosenses. “Primogénito” puede significar el primer nacido en una familia y también puede usarse como un titulo de preeminencia dentro de la familia el cual es transferible. Esto es obvio debido a que Jesús es Dios en carne (Juan 1:1, 14) y el primer hijo nacido de la virgen María. Además, Él es el pre-eminente en todas las cosas. Por tanto, es “primogénito”. Además, como los líderes de La Atalaya no saben griego, ignoran por completo que la palabra griega para “primogénito” es “proto” con “tikto”, la que encontramos en Colosenses 1:15. La palabra griega para “primer creado” sería “proto” con “ktizo” y no se usa aquí.

La lista podría hacerse interminable pero, en resumen, lo que los Testigos de Jehová no entienden, sobre cada vez que Jesús afirma Su humanidad o que el Padre es mayor que Él, es que es tanto Dios como hombre en una persona. Como hombre, Jesús estaba bajo la ley y estaba obligado a guardar la ley (Gálatas 4:4). En su estado humilde de ser algo menor que los ángeles (Hebreos 2:9), Jesús estaba actuando con las limitaciones de ser un hombre (Filipenses 2:5-8). Por lo tanto, Él se encontraba bajo la completa sujeción del Padre para que así pudiera cumplir toda la ley y ser el sacrificio expiatorio por nuestros pecados (Hebreos 5:10). Aún más, Jesús no empezó a realizar ningún milagro sino después de Su bautismo. Sólo hasta ese momento el Espíritu Santo vino sobre Él. Por lo tanto, Jesús estaba llevando a cabo Sus milagros no por Su propio poder sino por el poder del Espíritu Santo. Esto explica porqué en Mateo 12:22-2 cuando los Fariseos le dijeron que estaba echando fuera demonios por el poder del diablo, Jesús les respondió que la blasfemia contra el Espíritu Santo no sería perdonada porque Él estaba haciendo Sus milagros por el poder del Espíritu Santo y no bajo Su propio poder divino, el que le correspondía, pero que había colocado a un lado mientras caminaba sobre esta tierra haciendo la voluntad del Padre. En Jesús, Dios baja a la tierra como hombre, conociendo sus miserias y tentaciones, pero sin pecado, con lo que puede compadecerse de nosotros, al haber sufrido como hombre las que nosotros mismos sufrimos. Como los Testigos de Jehová desconocen esto, desconocen el amor de Dios. No conciben que su “Dios” pueda hacer eso por hombres miserables y pecadores (de ahí también el concepto débil del pecado que tienen y del que he venido hablando).

Por todo esto, MUCHAS VECES ES PREFERIBLE CONOCER EL CONTEXTO DE CADA PASAJE BÍBLICO, que sabérselo de memoria palabra a palabra como los colegiales que recitaban la lista de los reyes godos hace ya varias décadas.

Por supuesto que hay un límite en lo que se debe hablar con un Testigo de Jehová. Tito 3:10 dice que hay un límite para conversar con el mismo hereje. No aceptes su literatura (intentará convencerte de ello), pues debe ver claro que la consideras falsa y herética. Si la coges, lo que haces es darle “campo”. No hay que colaborar con un Testigo de ninguna forma en la difusión de su doctrina. Este es el sentido de 2 Juan 10 y 11, pues se refiere el versículo a una época en que dar la “bienvenida” a alguien consistía en darle comida y alojamiento, lo que no se debía hacer con quien trajese un falso evangelio. Actualmente consistiría en no ayudarles de ninguna forma, ni desearles éxito siquiera, NADA, NADA y NADA que tenga que ver con ayudar a que esta doctrina falsa y diabólica se propague. Evidentemente, la libertad religiosa de los Testigos de Jehová aquí la respetamos y defenderemos, y si está en un grave apuro para su salud o vida lo socorreremos si algo podemos hacer. A lo que no daremos exclusivamente ninguna ayuda es a su “misión”, es el sentido del pasaje del apóstol Juan.

Seguramente muchísimas veces no somos conscientes de las riquezas espirituales que tenemos en nuestras manos, de la grandeza de la salvación de Jesucristo y de la gratitud que debiéramos tener por no estar engañados por doctrinas religiosas falsas o por la incredulidad del mundo. Los Testigos de Jehová no tienen casi nada que ofrecer y, en cambio, tienen un celo impresionante por lo que hacen. El problema es que lo hacen impulsados por el miedo y el lavado de cerebro que han recibido. El cristiano actúa por gratitud a Dios y pocos incentivos hay mayores que eso. No hay que cerrarse tan fácilmente a los Testigos y rechazar siempre cualquier trato con ellos. ¿Quién sabe? Puede ser una oportunidad de que alguno de esos desdichados sea arrebatado del lago de fuego al que está encaminado tras su muerte.

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